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De a poquito se están robando las esculturas y el patrimonio de Medellín

Cristian Álvarez Balbín

Hurto de estos elementos patrimoniales desnuda falta de aprecio de la ciudad y sus administradores para su cuidado.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

Archivo:ElColombiano.svg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Una de las esculturas más apetecidas de los visitantes a la Plaza de Botero es la de una mujer boca abajo con sus protuberantes caderas al aire, las cuales parecen que son irresistibles a los visitantes que, en una especie de chiste infinito, posan para las foto acariciando los glúteos de la dama de bronce. Sin embargo, pocos son los que reparan en el detalle de que la obra se llama Mujer con espejo, pero este objeto es el gran ausente pues alguien casi logró romper esa parte de la escultura y por ello tuvo que ser retirada, condenando a la dama a tener un nombre sin sentido.

Pero ese no es el único caso de ausencia de piezas en las esculturas que se presenta en este turístico y patrimonial espacio de Medellín. Allí los ladrones han despojado de su bastón al Hombre Vestido, mientras que a la efigie de El Gato tocó cambiarles hace 10 años sus bigotes del metal precioso por unos de acero que más se asemejan a remaches de una humilde ferretería. Además, a la escultura del Soldado Romano se le robaron la lanza y lo dejaron empuñando un “pedacito” de bronce, por lo que ahora resulta más fiera la estampa de algunos rufianes de la zona que la del guerrero.

Una indolencia de ciudad

De acuerdo con la directora del Museo de Antioquia, María del Rosario Escobar, las esculturas –que son patrimonio de la Nación– han sido víctimas de los ladrones varias veces sobre todo desde 2020, año en que se registraron dos afectaciones; igual sucedió en 2021.

Pero si se analiza el asunto más allá de la Plaza de Botero, también se encuentran otros casos de vulneraciones y daños al patrimonio histórico de la ciudad. De hecho, el 26 de febrero de 2022 y con un CAI a muy poca distancia, se robaron la espada de bronce de la estatua ecuestre de El Libertador en pleno Parque de Bolívar y a plena luz del día.

El asunto causó indignación en su tiempo y como es habitual, las autoridades anunciaron una “exhaustiva investigación” para dar con los responsables del hurto. Sin embargo, casi un año después del robo, otra espada fue puesta sin pena ni gloria en el cinto del monumento.

Pero el Centro no es el único punto de la ciudad en el que partes de las esculturas desaparecen en medio de la indolencia, así reaparezcan después gracias a la intervención de la Policía o de los propios chatarreros a los que llegan las piezas.

Basta recordar lo que pasó con la espada con la que asesinaron a José María Córdova, en 1999; la escultura de El Arriero en la glorieta de Exposiciones; los “pelos” de El Gato en San Cristóbal, en 2012; la fuente del Parque Lleras y la estatua de Juan Valdez de Laureles, en 2014; el busto de Atanasio Girardot, en el sector Estadio, en 2017; la escultura de La Familia del edificio Mónaco, en 2018; las flores de La Familia Silletera en Santa Elena, entre 2019 y 2022; y la pérdida de la fuente del barrio La Floresta que, entre tanto cambio de contratista para la restauración de su parque, se embolató.

Y eso qué acá solo estamos hablando de los casos de hurto o pérdida que han mojado prensa, porque de seguro hay muchos más monumentos que terminaron perdidos en medio del silencio o la indiferencia de una ciudad apática a su patrimonio.

Pero, más allá de los habitantes de calle, de manifestantes o de ladrones –que por motivos como la necesidad, el afán de figurar o la drogadicción llegan a afectar esculturas– ¿por qué hay una especie de desidia compartida entre la administración y la ciudadanía ante el robo o daño de sus esculturas?

De acuerdo con Juan Gómez Franco, especialista en Patrimonio, hay una especie de desconexión de los medellinenses con la importancia del patrimonio, en el que más allá de lo social también confluyen temas como el económico.

“El patrimonio no es nostalgia, es incluso hasta una potencialidad económica. ¿La gente por qué va a Cartagena? Sabemos que no es por las playas, sino por el patrimonio tan rico que tienen allí”, añadió.

Otro asunto del que llama la atención Gómez tiene que ver con que Medellín, pese a su riqueza patrimonial, todavía no es catalogada por la ley como un centro histórico de carácter nacional; lo que ha repercutido en que desde hace más de 60 años se mire con cierto desdén lo patrimonial y más si se atraviesa a la consecución de los réditos que dejan desde un pedazo de bronce hasta la construcción de un edificio sobre un antiguo teatro.

En la misma línea opinó Alejandra Malagón, restauradora de bienes y doctoranda en Patrimonio de la Universidad de Barcelona. Indicó que aunque el Ministerio de Cultura cuenta con entes territoriales que se encargan de la protección del patrimonio a nivel local, muchos bienes no son ni declarados ni inventariados como patrimonio, lo que afecta su conservación y protección por parte del Estado.

“Hay medidas muy radicales como cerrar el espacio público que en cierta forma muestran la desesperación de las administraciones por cuidar las esculturas, teniendo en cuenta el monto que tiene su restauración. Ante un escenario en el que se han dañado tantas veces las obras –y las entidades se desgastan en su recuperación–, lo lógico es hacer actividades que involucren a la ciudadanía para que se cuiden los bienes”, apuntó.

Reparar, cuestión de años

El otro aspecto que tiene que ver con la falta de tacto con la que se toma el tema, aborda los cambios sociales en las zonas donde están las esculturas, otrora sectores residenciales y principales puntos de venta de comercio de calidad, pero que hoy son feos espacios donde hiede a excrementos y están rodeados de habitantes de calle y drogadictos.

Desde el lado de los esfuerzos institucionales, la directora Escobar señaló que el cuidado del patrimonio es uno de los rubros más costosos para las municipalidades. Esto repercute en la celeridad con la que los daños son reparados. De hecho, reparar lo que un vándalo daña en cuestión de pocos minutos puede demorar mínimo un año, pues las labores de rehabilitación de las esculturas toman tiempo.

A esto hay que sumar que muchas capitales como Medellín tienen asuntos pendientes con la creación de unas políticas culturales que realmente incluyan a todos.

“Sino hacemos el trabajo de cultura ciudadana a la par de la restauración nos quedará cojo cualquier esfuerzo que hagamos en pro del patrimonio”, apuntó.

Malagón también opinó en ese punto indicando que, si bien dejar las obras sin restaurar refleja una falta de recursos para su intervención, esta solo debe ser una medida temporal para evitar más daños, por lo que es conocido como el efecto “ventana rota”.

“Por eso se espera que a mediano plazo haya soluciones definitivas, que vayan desde algo radical como rejas, o algo más integral como el rediseño del espacio público. Pero más allá de cambios físicos, es esencial involucrar a la gente en los procesos de conservación”, dijo.

Mientras esto sucede, el sector cultural de la ciudad espera que el patrimonio cultural de la ciudad deje de ser la víctima perfecta para los desadaptados que solo ven réditos en él, pues es evidente que pedazo a pedazo se va perdiendo de a poco lo que queda del patrimonio paisa

 

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