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Ahora son los venezolanos los que están varados en Necoclí

Según la Defensoría del Pueblo, en las playas de Necoclí hay cerca de 1.000 personas en situación de habitabilidad de calle. Duermen a la intemperie. FOTO AFP
MIGUEL OSORIO MONTOYA
Unas 9.000 personas se encuentran en el municipio de Urabá a la espera de salir hacia la selva del Darién.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

Archivo:ElColombiano.svg - Wikipedia, la enciclopedia libre

El camino por el Darién es el mismo y sus peligros no han cambiado. Sin embargo, quienes lo atraviesan no son los mismos.

Mientras en 2021 la mayoría de los que se aventuraban a pasarlo eran haitianos, hoy casi todos son venezolanos. El 71,4% de los que se adentran en la selva son de origen venezolano, según el Servicio Nacional de Migración de Panamá. Aunque parezca igual, y el Darién siga siendo el Darién, la crisis de este año es diferente a la de 2021.

Y es que la diferencia no radica solo en la nacionalidad de los migrantes, sino en la intensidad. Según datos de la Defensoría del Pueblo, el año pasado atravesaron el Darién 134.000 personas; en este 2022, aún faltando dos meses, 150.000 personas han pasado por la selva.

El defensor del Pueblo, Carlos Camargo, estuvo esta semana en Necoclí, el punto de partida de los migrantes. Luego de analizar la situación, dijo que tiende a empeorar. “Las condiciones de vulnerabilidad económica son evidentes, hay ciudadanos que están más expuestos a ser utilizados por los grupos armados ilegales y las organizaciones criminales”, expresó Camargo.

El Golfo de Urabá es paso obligado para los migrantes que quieren llegar a Centroamérica y luego a Estados Unidos. Llegan a Necoclí, que está en la parte norte del golfo, para tomar una lancha que los lleve hasta el otro costado, el chocoano, donde emprenden una travesía por la selva hasta Panamá. Es una ruta relativamente nueva, utilizada mayoritariamente desde hace dos décadas.

Pese a que la ruta lleva unos años, 2022 ha superado todas las cifras. Y lo más grave es que la situación ha empeorado a medida que avanza el año. Mientras en enero de 2022 cruzaron la frontera 4.415 migrantes, en agosto lo hicieron 31.055. Con ese flujo, muchos se han estancado en Necoclí. Como las lanchas que cruzan el golfo no dan abasto, muchos tienen que esperar a que haya disponibilidad.

Entonces, la gente, como el año pasado, se estancó, y esa es la gota que rebosó el vaso. Pero en eso también hay diferencias. En 2021, los migrantes haitianos venían, en su mayoría, de otros países del continente como Chile o Brasil, donde habían trabajado por años. Ahorraban lo que podían y emprendían el viaje con un puñado de dólares que podía ser corto para cubrir todas las necesidades, pero que iban gastando en el trayecto.

En Necoclí dinamizaban la economía comprando pipetas de gas, linternas, botas, impermeables, ollas. Y lo mejor para los locales: pagaban en dólares. El pueblo vivió una pequeña bonanza de cuenta de la plata de los haitianos. Este año, sin embargo, la situación es muy diferente. Los venezolanos llegan en condiciones muy precarias, apenas con lo justo.

David Jaramillo, propietario de un bar en Necoclí, comentó que las playas cercanas al muelle se han llenado de carpas en las que duermen los migrantes. “Ellos no tienen siquiera recursos para pagar una habitación en un hotel o un hospedaje, entonces duermen donde pueden, en la calle. Esta crisis es muy distinta a la anterior y eso lo nota la gente. A algunos, por ejemplo, los ve uno pidiendo plata para seguir el viaje”, relató David.

Camargo, el defensor del Pueblo, ha dicho que son 1.000 las personas que están en situación de calle en el municipio. “Entre ellos menores de edad en riesgo de vulneración de derechos a la seguridad alimentaria, salud, educación, entre otros, lo que dificulta que tengan condiciones adecuadas para su desarrollo”, agregó Camargo.

Precisamente por eso, el Icbf envió esta semana un equipo para vigilar que a los niños, niñas y adolescentes no se les vulneren sus derechos. Según la Defensoría del Pueblo, este año han pasado 21.570 menores de edad.

La Gobernación de Antioquia llegó a Necoclí el jueves pasado para instalar un Puesto de Mando Unificado. Desde allí, el gobernador Aníbal Gaviria hizo un llamado para trabajar con el gobierno de Estados Unidos, el destino final de los migrantes: “Creo que es una visita importante en el marco de la cooperación que pueda darse para la atención de esta situación de crisis que se vive en Antioquia y en Chocó, pero adicionalmente creo que la presencia del embajador podrá ser muy importante en términos de clarificación de esa información sobre los procesos migratorios en los Estados Unidos”.

¿Por qué venezolanos?

La pregunta que salta es por qué los venezolanos son la mayoría hoy en el Darién. La respuesta no es una sola, sino una acumulación de factores. Lo primero es que la migración venezolana no comenzó este año, sino que ha venido en aumento desde 2015. María Clara Robayo, internacionalista e investigadora del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, explicó que México y los países de Centroamérica comenzaron a pedir visa. Entonces, como ya no era posible llegar en avión para luego pasar la frontera, tomar la trocha del Darién se convirtió en la única opción.

Por otro lado, la pandemia tomó a muchos venezolanos en países de Suramérica y le aporreó sus finanzas. Entonces, precisó Robayo, las redes criminales de tráfico de personas, que operan en varios países de la región, afianzaron sus tentáculos para captar migrantes y envolverlos en el viaje hacia el Darién.

Ayer trascendió que algunos migrantes varados en Necoclí habrían desistido de pasar el Darién por las medidas migratorias tomadas por Estados Unidos. Ese país abrió 24.000 cupos a migrantes, pero estos deben llegar vía aérea. Quienes lleguen por tierra serán devueltos a México.

Y así, empujados por la necesidad, siguen llegando hasta Necoclí, buscando un sueño que está más allá de la selva .

CONTEXTO DE LA NOTICIA
RADIOGRAFÍA
MIGRANTES PASAN POR MEDELLÍN

Desde la Terminal del Norte salen los buses hacia Urabá. Allí, hace un año, miles de haitianos compraron su último tiquete antes de abandonar Suramérica, luego de pasar temporadas en Chile y Brasil, y de que otro puñado de sus connacionales abandonara la isla por las turbulencias que desencadenó el asesinato del expresidente Jovenel Moïse. Pero la migración es pendular, dicen los que saben, y a menos de tres meses de terminar el año hasta cambuches de espera se han levantado en Medellín. Migrantes venezolanos, que compran tiquete para ir a Necoclí, pasan varios días varados en Medellín. Es tal el flujo de estas personas que varias veces se han agotado los tiquetes que van hacia el Urabá. En la ciudad pasan los días entre angustias y precariedades.

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