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Análisis: la otra cara del auge turístico que vive Colombia

La búsqueda de servicios sexuales y el paso de migrantes irregulares no se pueden desconocer.

Apenas habían pasado las 2 de la tarde del viernes pasado cuando Jorge Zambrano abordó el vuelo que lo llevaría de Cartagena a Bogotá, en compañía de su familia.

Vestido de camiseta, pantaloneta y tenis contó que apenas iba a durar en el aeropuerto El Dorado el tiempo necesario para tomar el avión a Guayaquil y de ahí seguir por tierra a su casa ubicada en la población de Machala, en la costa pacífica ecuatoriana.

(Vea: Viaje en el tiempo: el pueblo colombiano que traslada a sus visitantes al año 1.600).

“Estuvimos muy felices”, contó este comerciante, padre de dos niñas pequeñas, quien señaló que la ciudad amurallada le había parecido más bonita de lo que le habían contado. “Con razón hay mucha gente de tantos sitios distintos”, afirmó.

Las cifras le dan la razón. De acuerdo con los registros que lleva Migración Colombia, en 2023 llegaron a ‘la heroica’ 600.000 visitantes extranjeros por vía aérea, ya fuera en una ruta directa o tras hacer conexión en otra ciudad. El número superó en 15 por ciento el del año precedente, y si se agregan los datos de los cruceros o de quienes arribaron por tierra, el total sube mucho más.

Cartagena

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Semejante comportamiento se observa en múltiples sitios del territorio nacional, donde también viene en aumento la cantidad de turistas. Las estadísticas oficiales revelan que 5,8 millones de personas no residentes ingresaron al país el año pasado, de los cuales unas dos terceras partes tenían pasaporte foráneo.

(Vea: Así es Gramado, la ciudad ‘encantada’ que se ubica al sur de Brasil).

Dicho volumen dejó recursos importantes en lo que atañe a divisas. Según el Banco de la República, se recibieron algo más de 9.000 millones de dólares, lo cual representa un incremento del 22 por ciento frente a 2022.

No es una exageración afirmar que Colombia está más conectada que nunca con el exterior. El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo sostiene que hay 28 aerolíneas que unen 11 capitales colombianas con 51 urbes de otras latitudes, ubicadas en 28 países. La entidad agrega que en 2023 se registraron más de 64.000 frecuencias con una capacidad de 11,8 millones de sillas, lo que nos ubica en el tercer lugar de América Latina, por debajo de Brasil y México. Frente a los anuncios de las últimas semanas respecto a nuevas frecuencias y destinos hacia y desde América, Europa y el Medio Oriente, no es descabellado pensar que las marcas históricas alcanzadas serán superadas en el futuro cercano. Uno de los motivos es que la oferta para los viajeros es amplia y va desde naturaleza hasta tratamientos médicos, pasando por playa, experiencias gastronómicas y celebración de congresos internacionales.

(Vea: Tras 13 años, la aerolínea brasileña GOL regresa a Colombia: las rutas que operará).

Todo lo anterior suena como algo muy positivo. Bien desarrollada, la llamada “industria sin chimeneas” provee divisas, genera empleo, impulsa el bilingüismo y estimula ramos como el transporte o la construcción.

Turismo

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Cara oculta

No obstante, también hay un lado oscuro que es obligatorio reconocer. Episodios recientes muestran que Colombia atrae visitantes indeseables, interesados en sexo y consumo de drogas. El tema no es nuevo, pero ha alcanzado proporciones inquietantes, como se desprende de casos como el del estadounidense Timothy Livingston, retenido en un hotel de El Poblado en la capital antioqueña por estar con dos niñas de 12 y 13 años.

Si bien es posible argumentar que ese tipo de turismo es apenas una fracción del total, vale la pena examinar la evidencia. Los registros oficiales muestran que el año pasado llegaron casi 3,9 millones de personas extranjeras por avión.

(Vea: Medellín sigue creciendo como destino para el turismo de salud).

De ese total, el contingente más grande provino de Estados Unidos, con 1,1 millones. En los primeros lugares de la lista, aunque a cierta distancia, también están México, Chile, España y Canadá.

Antes de que irrumpiera la pandemia, en 2019, la ciudad que más gente de otros países recibía era Bogotá, con un 48 por ciento del total; seguida por Cartagena, con 17; Medellín, con 15 y Cali, con 5 por ciento. Pero después de la reapertura la fotografía es muy diferente, pues el peso del Distrito Capital se redujo a menos de una tercera parte. La explicación es que Barranquilla, San Andrés, Cúcuta, Santa Marta o Pereira, entre otras urbes, han ganado participación.

Al mismo tiempo, el Valle de Aburrá se consolidó en el segundo lugar desde 2022. Una de las razones es el auge del trabajo remoto que llevó a miles de personas a otras latitudes. De hecho, a finales de 2021, un reporte de la plataforma Nomad List señaló a Medellín como la segunda población más atractiva para los nómadas digitales en Latinoamérica, apenas superada por Buenos Aires.

Hace 11 meses, un artículo del diario El Colombiano señaló que en la capital paisa había 7.400 extranjeros radicados, algo que influyó en los precios de la finca raíz. A lo anterior se sumó el cambio de destinación de centenares de apartamentos para ser ofrecidos en las plataformas de corto plazo como Airbnb, con lo cual una queja permanente es la dificultad de encontrar sitios vacíos en determinados barrios.

Resulta imposible hacer una caracterización sobre quién alquila esos lugares o se queda en una de las más de 32.000 habitaciones disponibles en hoteles, hostales o albergues en la ciudad. Aun así, los datos disponibles dan indicios que llaman la atención.

Por ejemplo, en números absolutos, los municipios del Valle de Aburrá son el destino principal de los ciudadanos estadounidenses que vienen a Colombia. Entre el total de extranjeros que arriban a Medellín, los oriundos del país del norte representaron el 37 por ciento en 2023, mientras que en Bogotá esa participación es del 19 por ciento.

(Vea: El sector de viajes y turismo prevé alcanzar cifras récord en 2024).

Medellín

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Una mirada distinta pero igualmente reveladora proviene del género de los visitantes. Tradicionalmente, al país han venido más hombres que mujeres (56 contra 44 por ciento en 2026), entre otras porque a pesar de los esfuerzos en pro de la equidad, los representantes del segmento masculino acaparan aún la mayoría de los cargos en el mundo de los negocios.

Sin embargo, la diferencia es mucho más notoria a veces. De vuelta a los turistas de Estados Unidos, el porcentaje de hombres de esa nación que viene al país es de 62 por ciento, seis puntos más que el promedio general. La diferencia es todavía más grande para ciertos grupos de edad: 68 por ciento en el caso de los de 40 a 49 años y 69 por ciento en el de los de 50 a 59. Por el contrario, en los menores de 29 años, el género femenino es mayoría.

Indicios como los señalados merecen una mirada más profunda que incluya un perfilamiento de los visitantes que vienen de distintas latitudes. Y si estos se mezclan con las experiencias que se ofrecen en las redes, resulta imposible desconocer que parte del auge turístico reciente está relacionado con la promoción de servicios sexuales localizados principalmente en Medellín y Cartagena.

(Vea: La estrategia de Airbnb en la lucha contra explotación sexual de menores en Medellín).

Debido a ello, los respectivos alcaldes han lanzado una ofensiva orientada al desmantelamiento de las redes de trata de blancas, con el argumento de que el comercio de cuerpos atrae a las mafias que perpetúan el círculo vicioso de la ilegalidad. Esta circunstancia aleja, además, al turismo que los conocedores consideran deseable, como los viajeros de alto poder adquisitivo, el de tipo familiar o cultural.

Turismo

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Punto de paso

Y ese no es el único desafío. Desde hace tiempo también es conocido que Colombia se ha convertido en un lugar de paso para personas de múltiples nacionalidades que tienen como objetivo ingresar por vía terrestre a Norteamérica. La prensa ha documentado lo que significa el paso por el tapón del Darién, en lo que es la etapa más dura de una larga travesía motivada por las oportunidades que hay más allá del río Grande.

Fuera de los testimonios conmovedores y las historias individuales, las estadísticas muestran el tamaño del problema. Desde hace años, Migración Colombia hace la medición de la categoría de migrantes irregulares en tránsito: personas de otros lugares que son detectadas en el territorio y manifiestan su voluntad de cruzar la frontera.

Los números sobre esta modalidad son elocuentes. Según la entidad, en 2012 se encontraron 700 personas en dicha condición. A la vuelta de cuatro años, en 2016, el pico llegó a 33.981 individuos y bajó a registros más modestos hasta la época de la pandemia.

Cuando llegó la reapertura, el flujo se disparó: de algo más de 100.000 marchantes en 2021 a 539.959 en 2023. Semejante salto apunta a ser fácilmente superado ahora, pues durante el primer bimestre de 2024 se identificaron 123.441 migrantes irregulares, 60 por ciento más que el año previo.

Contra lo que se podría llegar a pensar, no se trata solamente de latinoamericanos con el objetivo de entrar al ‘Coloso del Norte’. Es verdad que los venezolanos son, de lejos, el grupo más numeroso, seguido por los haitianos. También aparecen ecuatorianos, brasileños, peruanos y chilenos en la lista.

Quizás lo que más sorprende es la gran cantidad de asiáticos. Nacionales de China e India se encuentran en los primeros lugares de la tabla, en la que también están los originarios de Afganistán, Bangladés, Nepal y Vietnam.

África tampoco está ausente en el conteo, que se realiza en los municipios de Turbo y Necoclí, en el golfo de Urabá. Personas de Angola, Camerún, Ghana, Burkina Faso, Somalia, Togo y Nigeria son las más numerosas de ese continente, si bien la lista es mucho más extensa. En total, las autoridades colombianas han identificado individuos de 127 nacionalidades.

Parte importante de esa diáspora llega del sur, debido a que Ecuador no exigía casi ninguna visa de entrada hasta hace muy poco. Quien toma un avión en Pasto con frecuencia comenta sobre las diferentes razas y lenguas que se ven y escuchan durante el vuelo.

Unos más arriban por vía aérea desde sus sitios de origen. Por ejemplo, el año pasado entraron cerca de 20.000 chinos por los aeropuertos y más de 11.000 indios. Aunque probablemente varios vinieron de paseo y otros por compromisos laborales o profesionales, el salto frente a periodos anteriores es muy grande.

Tales datos muestran un lado menos conocido del auge observado en los visitantes internacionales a Colombia, el cual merece tenerse en el radar. Junto a la bienvenida que merecen aquellos que se ven atraídos por “el país de la belleza” hay que combatir los abusos, proteger a los migrantes y entender que todavía tenemos mucho camino por delante si queremos convertirnos en una potencia regional en la materia.

Para el profesor Jorge Restrepo, “el extraordinario aumento del turismo que hemos visto desde la terminación del conflicto con las Farc nos pilló sin estar preparados: no tenemos lo que se necesita para evitar los riesgos que la actividad trae y proteger a las personas –adolescentes, niñas y niños primero– el medioambiente o las áreas ricas en biodiversidad”.

El académico de la Universidad Javeriana agrega: “No contamos con una política adecuada de seguridad ciudadana, de migración, de lucha contra los grupos organizados y transnacionales de crimen que abusan de tantos”. Debido a ello, sostiene: “No nos debería sorprender lo que ocurre: recibimos a todo el que llega, sin tener capacidad de atender los riesgos y efectos negativos”, ante lo cual “vemos un desarrollo turístico desordenado, mal planeado y riesgoso en el que, de nuevo, ha fallado el Estado”.

Tal llamado de atención merece ser escuchado con el fin de ubicarse en la senda correcta. Solo así se podrán evitar los errores que otros cometieron y hacer bien la tarea. A fin de cuentas, es obligatorio tener presente que esto de abrir las puertas obliga, especialmente, a mantener la casa en orden.

RICARDO ÁVILA
Especial para EL TIEMPO
En X: @ravilapinto

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