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El destino del dinero de Pablo Escobar

Victoria Eugenia Henao, esposa de Escobar, reveló que más de 40 narcotraficantes le cobraron distintos montos tras la muerte de su marido.

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Pablo Escobar acumuló una cantidad inmensa de dinero mientras vivió y lideró el cartel de Medellín. Se dice que, por ejemplo, una noche en la que su familia pasaba frío en un escondite en el que estaban no dudó en quemar dos millones de dólares para hacer una fogata y entraran en calor.

Sin embargo, según su esposa, Victoria Eugenia Henao, conocida como ‘la Tata’, luego de la muerte de su pareja, los enemigos de él la citaron para ajustar cuentas y tuvo que despojarse de varias propiedades, contando con las que estaban a nombre del narcotraficante.

Esos detalles los dio a conocer a través del libro de su autoría denominado Mi vida y mi cárcel con Pablo Escobar.

En una publicación de la revista Semana se detalla que Henao reveló que el cobro que le hicieron los aproximadamente 40 narcotraficantes ascendía a 120 millones de dólares, que entregó con el fin de que no le hicieran daño tanto a ella como a sus hijos ni a la familia de Escobar.

Aquellos narcotraficantes le solicitaron ese dinero, según ella, por los gastos en el conflicto con Escobar y por los daños y perjuicios que este les causó y que estaban relacionados con asesinatos, daños a sus propiedades, secuestros y otros hechos.

¿Quién recibió el dinero?
En su libro, ‘la Tata’ se refiere a aquellos que le pidieron el dinero y señaló que entre ellos estaban varios de los que trabajaron con su esposo como “Popeye”, “Giovanni”, “Mugre”, “Otto” y “Arete”.

Agregó que tuvo que negociar con “los principales capos del narcotráfico en Colombia”, acción que fue liderada por los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela y los jefes del cartel de Cali. Ese proceso duró al menos 8 meses, en 1994, y algunas de las entregas de los bienes de Escobar fueron realizadas a los narcotraficantes José “Chepe” Santacruz y Hélmer ‘Pacho’ Herrera, en sedes del club América de Cali.

Según la mujer, para realizar todas las transacciones necesitó dos asesores contables y siete abogados, quienes le ayudaron a organizar el listado de bienes con los que pagó las exigencias de los narcos. Finalmente, en la lista aparecieron poco más de 60 bienes.

“La reunión fue larga y tediosa porque se dedicaron a escoger uno a uno los 62 bienes incluidos en la lista que llevé. Pero a diferencia de nuestro primer encuentro, me pareció otra buena señal que aceptaran recibir el 50 % de la deuda en bienes incautados y el restante porcentaje en propiedades listas para comercializar, eso sí, libres de apremios judiciales. Eso de apropiarse de bienes ‘emproblemados’ tenía una explicación: sus conexiones en las altas esferas del Estado les ayudarían a ‘lavar’ los bienes de Pablo, dejando por fuera a sus herederos. Lo que evidentemente sucedió”, relató la viuda.

En otras secciones del libro, Henao vuelve a hacer referencia a la entrega de bienes y agrega algunos detalles, como qué terrenos tuvo que dar y a quién. “El extenso y costoso terreno estaba pegado a la mansión Montecasino, con lo cual Fidel amplió su poderío económico”. Aquí mencionó que el jefe paramilitar Carlos Castaño, por imposición de su hermano, Fidel Castaño, recibió un lote de nueve hectáreas.

También contó que los Castaño se tomaron al menos una docena de lotes en lugares céntricos de Medellín, “donde años después fueron construidos algunos lujosos hoteles y costosos centros comerciales” y se quedaron con dos pinturas que ascienden a los 3 millones de dólares.

La viuda indicó también que otros capos se repartieron “un complejo de torres de apartamentos en El Poblado, cerca de la loma del Tesoro, adquirido por Pablo en la década de los 80, más de 10 apartamentos del lugar estaban disponibles”.

Agregó que una de sus cuñadas también se quedó con una parte de la fortuna de Escobar, pues se quedó con un penthouse en El Poblado, ubicado en Medellín.

“Una finca en los Llanos Orientales (…) de cien mil hectáreas de extensión y, por supuesto, fue muy apetecida por los enemigos de mi marido, entre otras cosas porque tenía pista de aterrizaje”; sin embargo, no mencionó cuál de los narcotraficantes se quedó con ella. Además aseguró que se enteró de esta propiedad luego de la muerte del narcotraficante.

Pablo Escobar y su testamento
La revista Semana conoció uno de los primeros testamentos de Escobar, en el que especifica que la mitad de sus bienes, en caso de muerte, irían para su esposa, Victoria Eugenia Henao; a su entonces único hijo, Juan Pablo, lo que le correspondiera por ley, además de toda su colección de carros antiguos y clásicos. Sobre futuras hijas mujeres, después nacería Manuela, aclaró que de la “cuarta de mejoras que la ley otorga” recibieran bienes, muebles, enseres, porcelanas, adornos o electrodomésticos.

En cuanto a sus padres y hermanos, tendrían el 99 % de la cuarta parte de toda la fortuna y destinó el 1 % a una tía.

No obstantem Juan Pablo confesó en su libro Mi padre que hubo un conflicto con la familia Escobar Gaviria. Dice: “Estábamos dispuestos a cumplir al pie de la letra su voluntad expresada en que el 50 % le correspondía a mi madre como socia conyugal, el 37,5 era para mí y el 12,5 restante, denominado la Cuarta de Libre Disposición, para mis abuelos, Hermilda y Abel, para mis tíos paternos y una tía suya”.

En este testamento no se habla de montos de dinero y los anexos de las sucesiones son casi inconseguibles; se habla de una lista de obras de arte de alto valor, ya desmembrada y vendida en Colombia.

Tiempo después se habló de un segundo testamento, elaborado por varias razones: el nacimiento de Manuela y por la persecución desatada contra los extraditables. En este documento sacó a algunos hermanos de la repartición. En dicho testamento se habla de una fortuna de unos 120 millones de dólares, un valor muy inferior teniendo en cuenta que Forbes llegó a tasar el patrimonio de Escobar en 3.500 millones de dólares a finales de los años ochenta.

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