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Caos y descontrol: vendedores critican logística de alumbrados

Los vendedores de los alumbrados no entienden por qué la Alcaldía permite a otros venteros que no tramitaron ningún permiso. FOTOS JAIME PÉREZ MUNÉVAR

Vendedores sin permiso, desaseo y servicios caros hacen parte de los reclamos más frecuentes.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

Archivo:ElColombiano.svg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Durante décadas ganarse un lugar para trabajar en los alumbrados del río Medellín ha sido una de las oportunidades más codiciadas para los vendedores de la ciudad. Tan solo entre el 7 y el 25 de diciembre, cerca de 4,5 millones de visitantes habían observado las luces navideñas, según las últimas cifras publicadas por la Alcaldía.

Sin embargo, para muchos de los venteros que lograron uno de los 260 codiciados cupos que entregó el gobierno local para trabajar allí, la ilusión de aprovechar esa oportunidad para ganarse unos pesos y arreglar sus cuentas terminó desmoronándose.

Desde una invasión de vendedores sin permiso que les están arrebatando los clientes, problemas en garantías tan básicas como los baños y hasta elevadas facturas en los servicios de gas y luz son algunas de las quejas más comunes

Problemas por varios frentes

Pese a que quienes obtuvieron sus permisos están repartidos por varios puntos, la mayor parte de las quejas se concentran en los toldos ubicados en el corredor del río Medellín, en el primer tramo antes de llegar a Parques del Río.

Al frente de su puesto de comida, el vendedor Deiby Muñoz asegura que es primera vez que atestigua un caos como el de esta temporada.

Sin siquiera tener que señalar, Muñoz explica que el mayor malestar de él y sus compañeros es ver la falta de controles sobre los vendedores sin permiso, que a pocos días del encendido comenzaron a instalar sus puestos sobre el tramo de la avenida Regional que se cierra para el evento.

Sin pagar servicios públicos, gestionar permisos ante la Alcaldía, ni preocuparse por los controles de salubridad por parte de las autoridades, los venteros informales tienen invadida la zona y compiten ofreciendo precios mucho más bajos, advierte.

“Este año está muy suave, primero porque no hay organización de Espacio Público. Aquí todo el mundo hace lo que quiere, están vendiendo hasta gaseosas vencidas. La gente de la carreta está vendiendo dos gaseosas a $3.000 y cerveza a $4.000, que eso ni siquiera es precio de fábrica”, sostiene.

Y no solo son las gaseosas y las cervezas. Varios de ellos que piden no ser citados explican que la oferta de los comerciantes informales no puede ser más amplia: chuzos, perros, hamburguesas, pizzas, picadas, entre muchos otros, a precios ostensiblemente menores.

“Para nosotros estar aquí tuvimos que comprar tapetes, toldos, uniformes, hacer un curso de manipulación de alimentos. Cumplimos con los requisitos completos, pero ellos no pagan nada”, reprocha Muñoz, sosteniendo que desde que comenzaron los alumbrados no ha visto ningún operativo de la Subsecretaría de Espacio Público.

Sandra Saldarriaga, que tiene un puesto de hamburguesas, perros y pizzas, cuenta que otro calvario este año han sido los baños y las estaciones de lavado que instaló la Alcaldía para el comercio.

Al menos en el tramo de la avenida Regional, señala que los baños portátiles no son suficientes para la gran cantidad de personas, tienen un valor de $2.000 y fueron ubicados a escasos metros de los puestos de comida, dejando sentir su fetidez en el mismo lugar en el que están los comensales.

Así mismo, los vendedores reclaman que, pese a estar trabajando, ni siquiera están exentos de los cobros para poder usarlos todos los días.Problemas por varios frentes

Pese a que quienes obtuvieron sus permisos están repartidos por varios puntos, la mayor parte de las quejas se concentran en los toldos ubicados en el corredor del río Medellín, en el primer tramo antes de llegar a Parques del Río.

Al frente de su puesto de comida, el vendedor Deiby Muñoz asegura que es primera vez que atestigua un caos como el de esta temporada.

Sin siquiera tener que señalar, Muñoz explica que el mayor malestar de él y sus compañeros es ver la falta de controles sobre los vendedores sin permiso, que a pocos días del encendido comenzaron a instalar sus puestos sobre el tramo de la avenida Regional que se cierra para el evento.

Sin pagar servicios públicos, gestionar permisos ante la Alcaldía, ni preocuparse por los controles de salubridad por parte de las autoridades, los venteros informales tienen invadida la zona y compiten ofreciendo precios mucho más bajos, advierte.

“Este año está muy suave, primero porque no hay organización de Espacio Público. Aquí todo el mundo hace lo que quiere, están vendiendo hasta gaseosas vencidas. La gente de la carreta está vendiendo dos gaseosas a $3.000 y cerveza a $4.000, que eso ni siquiera es precio de fábrica”, sostiene.

Y no solo son las gaseosas y las cervezas. Varios de ellos que piden no ser citados explican que la oferta de los comerciantes informales no puede ser más amplia: chuzos, perros, hamburguesas, pizzas, picadas, entre muchos otros, a precios ostensiblemente menores.

“Para nosotros estar aquí tuvimos que comprar tapetes, toldos, uniformes, hacer un curso de manipulación de alimentos. Cumplimos con los requisitos completos, pero ellos no pagan nada”, reprocha Muñoz, sosteniendo que desde que comenzaron los alumbrados no ha visto ningún operativo de la Subsecretaría de Espacio Público.

Sandra Saldarriaga, que tiene un puesto de hamburguesas, perros y pizzas, cuenta que otro calvario este año han sido los baños y las estaciones de lavado que instaló la Alcaldía para el comercio.

Al menos en el tramo de la avenida Regional, señala que los baños portátiles no son suficientes para la gran cantidad de personas, tienen un valor de $2.000 y fueron ubicados a escasos metros de los puestos de comida, dejando sentir su fetidez en el mismo lugar en el que están los comensales.

Así mismo, los vendedores reclaman que, pese a estar trabajando, ni siquiera están exentos de los cobros para poder usarlos todos los días.

En el caso de las estaciones de lavado, pese a ser cruciales para garantizar la higiene de los alimentos, Saldarriaga añade que el desagüe se tapona con frecuencia y no tiene espacio suficiente para lavar con comodidad (ver fotos).

Pese a hacerlo también pidiendo no ser citados, empleados de varias casetas de marcas coincidieron en que las condiciones de higiene no son buenas.

Durante un trabajo de campo realizado por este diario durante la noche del pasado martes 3 de enero, pudo verificarse que la carpa de la estación de lavado ni siquiera estaba armada y solo se observaba una canilla ubicada en un terreno pantanoso.

El factor del terreno, añadieron otros comerciantes, también les ha causado dolores de cabeza, ya que en el tramo de la avenida Regional la Alcaldía decidió ubicar los puestos de venta en los antejardines, cuyo suelo es polvoriento en los días secos y se vuelve un pantano en los lluviosos (leer Paréntesis).

En medio de las malas ventas, la competencia de los vendedores sin permisos y los problemas de organización, para muchos la cereza del pastel apareció cuando llegaron las facturas de servicios públicos, por valores por encima de los $400.000.

Una vendedora de lechona, que pidió que su nombre no fuera publicado, levantó por ejemplo su plancha de comida, mostrando una estufa eléctrica que ha usado desde que comenzaron los alumbrados y la factura de EPM por el servicio de gas, asegurando nunca haberlo utilizado.

Rosalba Hincapié Acevedo, otra de las comerciantes inconformes, aseguró que las ganancias se le han ido diluyendo en medio de tantos problemas.

“Todavía no lo hemos pagado porque no hemos hecho la plata”, añadió por su parte Deiby Muñoz, sosteniendo su factura.

La respuesta de la Alcaldía

Sobre el valor de los servicios públicos, EPM señaló que cada factura ha sido calculada con base en tres categorías establecidas por la Subsecretaría de Espacio Público: artesanos, comidas y casetas de marcas.

“Para este tipo de montajes, la proyección de consumos se efectúa a través de aforo. En esta ocasión se hizo por 36 días continuos de actividad comercial”, precisó la empresa en una respuesta escrita a este diario.

En el caso de la electricidad, para los artesanos el costo fue de $205.353, $410.706 para las comidas y $983.533 para las casetas de marcas.

En cuanto al gas, EPM señaló que el cobro se calcula con base en un listado entregado por la Subsecretaría de Espacio Público con los datos de cada uno de los propietarios de los puestos y el número de artefactos (con su respectiva potencia) identificados en cada caseta.

“Los costos de la infraestructura temporal (montaje, desmonte y mantenimiento) para la atención de estos eventos son asumidos por el Distrito de Medellín”, añadió EPM, defendiendo la rigurosidad en los cobros.

Ante las denuncias por la falta de controles, la Secretaría de Salud de Medellín sostuvo haber verificado al menos 180 puestos de venta y aseguró realizar vigilancia constante en la zona.

Por su parte, la Subsecretaría de Espacio Público, defendió la organización del evento y sostuvo que los vendedores que no tramitaron los permisos fueron admitidos bajo un esquema especial, del que no se precisaron mayores detalles. “Hemos dispuesto unas zonas de regulación especial para aquellos venteros informales que no lograron sorteo y que también tienen la necesidad de hacer su actividad económica”, dijo Wilson Buitrago Giraldo, subsecretario de Espacio Público, asegurando que cerca de 220 operarios hacen controles en la zona.

Pese a que este diario envió un cuestionario pidiendo respuesta sobre las quejas de salubridad, los baños, las estaciones de lavado de platos y condiciones del terreno, la Alcaldía se abstuvo de referirse a esos puntos.

4,5 millones de visitas tuvieron los alumbrados con corte a diciembre, según la Alcaldía.

CONTEXTO DE LA NOTICIA
PARÉNTESIS
EL TERRENO AGRAVA EL PROBLEMA DE HIGIENE
Aunque en ediciones anteriores los vendedores ubicados en la avenida Regional tenían sus puestos sobre el pavimento de ese eje vial, este año sus carpas fueron situadas en los antejardines. A raíz de la temporada de lluvias, el terreno se ha inundado varias veces y se llena de charcos y pantano. Para sortear el problema, varios han puesto algunas tablas de madera en el piso, que no son suficientes para mitigar la suciedad. En los días secos, el terreno se llena de polvo que ensucia el sitio de las ventas y a los mismos visitantes de los alumbrados.

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