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Vida

Siliconas mortales: la enfermedad de la que poco se habla

A la izquierda, Margarita Castillo y a la izquierda Angelly Moncayo. Ambas con explantes mamarios. Fotos: Sstock y Cortesía.

Más allá de los peligros conocidos, mujeres reportan otros síntomas y optan por retirárselas, ¿por qué?

VANESA DE LA CRUZ PAVAS |

TOMADO DE: elcolombiano.com

“Fui a Cali porque allá estaba el cirujano que más barato me cobraba; llegué casi muriéndome. Ya no me importaba nada. Dejé varias cosas listas, por si me moría. La verdad, quería morirme. Quería entrar y morirme en ese quirófano y que me ahorraran el trabajo de tener que suicidarme. De las dos formas iba a ganar: si me moría o si, al quitarme las prótesis, mejoraba mi salud. Ya era miserable vivir así”. — Margarita Castillo Velásquez

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Poco se habla de la Enfermedad de los Implantes Mamarios, una afección a la que le pusieron este nombre las mismas mujeres que la padecen, pero que científicamente se conoce como Asia—Síndrome Autoinmune/Autoinflamatorio Inducido por Adyuvantes. Quienes sufren esa suerte de fantasma, que los médicos rara vez logran detectar, dicen que sienten su cuerpo colonizado, que perciben sombras que se les nublan la visión y la mente, y que sufren de dolores que van desde las uñas de los pies hasta el cuero cabelludo, como si el cuerpo se consumiera a sí mismo, destruyéndose. Sin embargo, es un síndrome difícil de diagnosticar y por eso muchas pacientes prefieren la certeza de la muerte.

Al año, en todo el mundo, se realizan en promedio dos millones de cirugías de implantación mamaria y, en Colombia, este es el segundo procedimiento estético más realizado en 2020, después de la liposucción, con 32.724 casos. Y como no hay certezas sobre el síndrome, tampoco hay datos de su incidencia. Se sabe que a muchas de las que se quejan se les ha llamado locas, exageradas.

Sin embargo, hay por lo menos tres síndromes y enfermedades vinculadas a los implantes mamarios de los que poco se hablan y de las que apenas se está comenzando a investigar y son las mismas mujeres las que, desesperadas, han tenido que buscar información por ellas mismas y crear grupos en redes sociales para compartir datos, información y testimonios. Son miles.

En Instragram, por ejemplo, @Breast_implant_illnes (que traduce Enfermedad por Implantes Mamarios) tiene más de 84.000 seguidoras y en Facebook las diversas páginas con el mismo nombre suman más de 40.000 personas, solo con una búsqueda rápida de términos comunes. En español, el grupo @AsiaRecovery tiene más de 17.000 seguidores en Instagram. Y estos son solo ejemplos en dos idiomas para un fenómeno que está ocurriendo en todo el mundo. Además, se ha asociado también un tipo de tumor maligno, el linfoma anaplásico de células grandes, y han encontrado relación con enfermedad pulmonar inducida por implante de gel de silicona.

Dos historias

La caleña Angelly Moncayo ha tenido una vida de éxitos como actriz: ha participado en telenovelas tan conocidas como Flor salvaje, La diosa coronada, Sin senos no hay paraíso, Yo soy Betty la fea, Pandillas, guerra y paz y Corazón valiente. Sin embargo, se podría decir que su trabajo audiovisual más importante es el documental que ella misma realizó y subió a YouTube llamado Tetas grandes, donde contó en 2020 su historia con los implantes mamarios. Angelly se convirtió en una embajadora de la enfermedad de Asia, que casi la mata.

“La razón por la que decidí ponerme los implantes la recuerdo muy bien. Tenía 18 años y una madurez mental terrible y me sentía incompleta. Creía que las prótesis me iban a completar, desde niña veía la publicidad que me hacía sentir así. Qué irónico que lo que me completó en ese momento casi me quita la vida después”, dice.

 

Como muchas mujeres, Angelly llenó un vacío literalmente: implantó en sus senos dos bolsas de silicona que, además, le hacían presión al estar sobre sus órganos vitales. “Eventualmente no me dejaban espacio ni para respirar”. Se los puso cuando tenía 18 años, en 1997, y estuvo feliz, tranquila, hasta que se los tuvo que cambiar y comenzaron algunos problemas leves. Luego, con el parto de su hija —que fue físicamente demandante—, Angelly colapsó, casi muere.

Margarita Castillo Velásquez, pintora y estudiante de Derecho de Cúcuta, se puso sus implantes en 2014.Buscó al mejor cirujano para evitar inconvenientes de salud. “Lo hice porque quería llenar un vacío, creía que me hacía falta algo físico y que eso sanaría un montón de heridas que tenía desde la infancia”.

Se operó con éxito y recuerda que vivió un año feliz, tranquila, disfrutando de sus nuevas tetas que le traían felicidad, pero luego se llenó de ideas suicidas, “que son las que han hecho que lleve seis años sin salud, batallando para encontrar el alivio que tenía antes de ponerme esas bolsas de plástico”.

Tanto Angelly como Margarita, cuando comenzaron a presentar síntomas y a quejarse, fueron ignoradas por diferentes especialistas, les decían que exageraban, que inventaban, que estaban sugestionadas porque los exámenes médicos salían bien, sin anomalías. Ellas mismas llegaron a dudar de sus padecimientos, pero decidieron investigar por su cuenta. Así llegaron a la verdad: Enfermedad de las Prótesis Mamarias o Síndrome Autoinmune/Autoinflamatorio Inducido por Adyuvantes, Asia.

La primera problemática

 

Las palabras en común que llevaron a Angelly, a Margarita y a muchas otras mujeres a ponerse tetas fue ese deseo de sentirse completas, esa necesidad de llenar un vacío. La psicóloga clínica y terapeuta menstrual, Paulina Duque Aristizabal, lo explica como la búsqueda de la aceptación social, el querer ser aceptadas, encajar, ser parte de algo y, sobre todo, ser objeto de deseo.

Por eso, la primera problemática que enfrentan las mujeres alrededor de este tema es la presión social y subjetiva inicial. Como añade Duque, tienen papel varias esferas, la social y política, pero también la íntima, la subjetiva. Sí es verdad, entonces, que la sociedad ha instaurado unas demandas físicas y estéticas sobre todo ante los cuerpos de las mujeres que hacen que haya un ideal a alcanzar, pero también importa el significado individual que cada mujer da a sus senos.

El deseo es la clave: “Nos han educado sistemáticamente para ser objeto de deseo, para ser deseadas, y no para desear, y eso tiene implicaciones en la subjetividad de cada mujer. Los senos promueven el consumo y deben ser grandes, de pezón rosado y pequeño, para que sean consumidos, para que sean deseados, el objeto del deseo del otro, y eso nos aleja de nuestro propio deseo. Hace que nuestro deseo sea ser deseadas, mejor dicho”.

La enfermedad de moda

Basta una búsqueda en YouTube, en Spotify, en Facebook, Instagram, Twitter, Google… con la palabra Asia para encontrar miles de testimonios. Destacan los de personas ya reconocidas, youtubers famosas, actrices de varios países, modelos playboy, que con lágrimas en los ojos han contado cómo fueron presentando síntomas que les quitaron la calidad y la salud que tenían, sin entender qué estaba pasando.

Aunque cada caso es diferente, para muchas comenzó de forma similar: caída de cabello, debilidad, visión borrosa, ansiedad, dolor muscular y arterial. Los padecimientos se hacían cada vez más intensos y aparecían dolores de cabeza agudos, vómito constante, alergias en la piel y morados sin explicación, depresión, ideas suicidas, entre muchos otros.

Sucede que aparece un detonante que satura los sistemas inmunes. En el caso de Angelly fue el nacimiento de su hija, que requirió toda su fuera física; para Margarita fue el suicidio de su hermano.

Margarita dejó de comer y de dormir y los síntomas aumentaron al punto de que viajó a varias ciudades del país buscando con reumatólogos, endocrinólogos, traumatólogos, radiólogos, “pero nadie me decía qué tenía, mis estudios salían bien, solo me daban medicamentos, morfina en vena que todavía tengo para el dolor y los médicos, al verse frustrados, me decían que era mental o emocional”.

Margarita anotó sus síntomas. Tiene una lista de más de 40 en el que destaca la Neuralgia de Arnold, por la que aún sigue sufriendo, “que es un dolor muy fuerte por el que muchas personas se suicidan, pues no hay cura. Tengo los músculos afectados, dolor en el hombro derecho, en la mitad de la cabeza, la mitad de la cara…”.

En este camino que muchos llaman “vanidad”, culpando siempre a la mujer que decide operarse, muchas han perdido la vida de dos formas: unas, a causa de la operación o sus efectos secundarios, y otras por mano propia, suicidándose.

La cantidad de síntomas que se pueden asociar a distintas enfermedades y la fortaleza de una industria millonaria han impedido que se declare esta enfermedad. Pero existen estudios, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) publicó un artículo en la revista científica Plastic and Reconstructive Surgery en el que dictamina que desde 1960 se reportó la relación entre implantes y enfermedades sistémicas, incluidas las autoinmunes, como el linfoma anaplásico de células B grandes, o el síndrome de Asia, aunque para entonces no se llamaban así.

¿Qué es Asia?

 

Según el médico cirujano Alfredo Patrón, jefe de la Sección Cirugía Plástica del Departamento de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, explica que Asia es un síndrome que ocasionan un conjunto de manifestaciones o síntomas y que se relaciona con la inmunidad de los pacientes que se desencadena por factores “gatillo” o por individuos predispuestos. “Es decir, un factor gatillo puede desencadenar reacciones inmunológicas características de las enfermedades autoinmunes. Uno de esos factores se ha encontrado en los implantes mamarios”. Pero, como dice Moncayo, Asia tiene que ver con cualquier tipo de dispositivo o sustancia extraña que se inserta en el cuerpo, no solo las prótesis de silicona, sino también otras como vacunas, medicamentos, biopolímeros, entre otros.

Fue descrito ya desde 2011 pero el diagnóstico es muy difícil porque los síntomas son inespecíficos o no se describen en los exámenes médicos. La FDA reconoce que la enfermedad ha sido poco descrita y estudiada en la literatura médica y se acoge también el nombre de “Enfermedad del Implante Mamario”, que fue el título que las mismas mujeres le fueron dando.

La FDA añade que los síntomas más comunes reportados bajo este padecimiento son cansancio (49 %), confusión (25 %), dolor en las coyunturas (25 %), ansiedad (24 %), pérdida de cabello (21 %), depresión (19 %), sarpullido (18 %), enfermedades autoinmunes (18 %), inflamación (18%), y problemas de peso (18 %).

¿Hay cáncer asociado?

Linfoma anaplásico de células grandes es un tipo de tumor maligno que se relaciona con los implantes. Según Alfre Patrón, no es un cáncer de seno, “es un tumor maligno asociado al tejido que se forma alrededor del implante, a esa cápsula”. No solamente ocurre en la cápsula de los implantes de mamas. También se ha relacionado con la texturización del implante (o los implantes rugosos y con textura que pretendían evitar la contractura capsular o que el implante se moviera de lugar), que tiene prevalencia en los casos encontrados con respecto a las cápsulas lisas.

De hecho, desde 2019 la FDA analizó más de 700 casos relacionados de este linfoma, la mayoría asociados con los implantes texturizados del fabricante Allergan, una compañía farmacéutica de Estados Unidos, que retiró sus productos ese mismo año por disposición de la autoridad del país, la FDA, y también reforzaron las exigencias a los cirujanos, que ahora deben advertir de este hallazgo a sus pacientes incluyendo, posibilidades como muerte de tejidos, dolor crónico, incapacidad para amamantar, entre otros. Según Patrón, la incidencia de esta afección oscila entre 1 en 3.000 y 1 en 30.000 y en Colombia el único estudio realizado hasta la fecha, del doctor Carlos Andrés Ossa, determinó en 2020 que tenemos por lo menos 18 casos descritos.

Enfermedad por silicona

Un estudio publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos se constituye como la primera verificación que determina evidencia de enfermedad pulmonar inducida por el implante de gel de silicona, analizando el caso de tres mujeres. La investigación determinó que había metales en las siliconas y que su fuga se relacionaba con casos de enfermedades pulmonares intersticiales (EPI). Encontraron que las muestras biológicas analizadas contenían silicio, níquel, zinc, tungsteno, hierro, aluminio y zirconio, también presentes en el implante.

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¿Explantarse es la solución?

Como no hay nombres aprobados, no hay causas determinadas, no hay síntomas claros, no hay pruebas ni diagnósticos, tampoco hay tratamientos ni curas. Lo que algunas mujeres han encontrado que les funciona es la explantación, retirar las prótesis mamarias y la cápsula que el cuerpo creó alrededor de ellas, pero no es garantía. De hecho, añade Angelly, “hay muchas mujeres que quedan con sus sistemas inmunes tan comprometidos que sufren de enfermedades autoinmunes por el resto de sus vidas y no es chévere vivir con artritis, con lupus, con fibromialgia. No significa que porque te quites los implantes vas a mejorar”.

Para el caso de ella, sin embargo, sí mejoró: “La explantación lo era todo, fue mi liberación, la única carta para terminar mi pesadilla. Era como estar en un túnel oscuro y ver una sola luz, la más grande esperanza”. Ella le pidió al médico que le quitara esos implantes no solo de su cuerpo, sino de su mente y espíritu, porque les había asignado muchos significados, así que hizo duelo, se despidió y comenzó un proceso de sanación que sigue dos años después.

Aunque le quedó cicatriz, vio la mejoría de la mayoría de sus síntomas casi de inmediato. Fue tan extremo que, después de 10 años de sufrir de tiroides que asocia con los implantes y de estar medicada, se realizó la explantación y a los dos meses le retiraron por completo la medicación.

Como ya se ha dicho, no en todos los casos la explantación es la solución. Para Margarita retirarse los implantes también era la última esperanza. “Fui a Cali porque allá estaba el cirujano que más barato me cobraba y llegué casi muriéndome. Ya no me importaba nada. Yo dejé varias cosas listas, por si me moría, y la verdad, quería morirme. Quería entrar y morirme en ese quirófano y que me ahorraran el trabajo de tener que suicidarme. De las dos formas iba a ganar: si me moría o si, al quitarme las prótesis, mejoraba mi salud, pero ya era miserable seguir viviendo como estaba”.

Llegó a envidiar a quienes tienen cáncer, “al menos ellas sabían lo que tenían y ya estaban en tratamiento. Yo no sabía nada”. Y aunque con la explantación se fueron muchos de sus síntomas, como el vómito que tenía día y noche, esa presión en el pecho, la visión borrosa o los mareos, hay muchos que se han quitado más lentamente y otros que persisten, fuertes como antes, como esa Neuralgia de Arnold. “Sigo batallando, pero si no me los hubiera quitado, hubiera colapsado”.

La explantación, que muchas veces debe ser reconstructiva, puede costar hasta tres veces lo que valió la implantación y lleva a las mujeres, desesperadas, a optar por médicos baratos.

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Ningún médico o cirujano va a recomendar una explantación por los síntomas del síndrome de Asia, porque es un procedimiento que, estéticamente, es doloroso para las mujeres. La explantación será únicamente decisión de cada una, entendiendo que no hay garantías, que quitarse los implantes no asegura que los síntomas desaparecerán y que entre 40 % y 30 % de las mujeres que la hacen refieren que siguen igual, con los mismos padecimientos.

Además, el explante representa otra carga psicológica y emocional adicional y hay casos de mujeres que, incluso sabiendo que la prótesis se rompió o les está causando daños físicos, son incapaces de verse al espejo con senos pequeños. “Una mujer que tenga que atravesar un proceso de quitarse unas prótesis, donde se destruye o queda amorfo ese objeto de deseo, claramente podría atravesar un proceso muy doloroso de tener que hacer una aceptación y eso será doloroso”. Algunas, porque los testimonios se han contado en los grupos y en las terapias, han optado por la muerte.

No se trata de satanizar

 

Las cirugías plásticas son valiosas, han sido la solución a diferentes problemas de salud física y mental de muchas personas, independiente del género con el que se identifiquen. Mujeres que por cáncer de mama perdieron uno o ambos senos y vieron en las prótesis una forma de volverse a sentir ellas mismas, o mujeres trans que pudieron sentirse más cómodas en sus cuerpos, niños y niñas con deformidades o afecciones físicas que fueron solucionadas con cirugía o, simplemente, mujeres que tuvieron la opción de decidir y se quisieron operar.

Lo que sí es cierto es que las mujeres han sentido una presión adicional creada por un sistema social y económico patriarcal y capitalista que consume el cuerpo feminizado. Una operación no es causa de la vanidad ni de la superficialidad, sino que tiene de fondo muchas otras implicaciones que dependerán de cada caso individual y los problemas posteriores asociados con ella no son culpa de las mujeres que deciden operarse. “Uno no se opera con mala intención y lastimosamente muchas sienten culpa por haberle hecho eso a sus cuerpos. Es uno de los duelos más grandes, el saber que se afectó la salud, pero no es nuestra culpa”, dice Angelly.

Por eso, se requiere acompañamiento profesional en salud física y mental antes de tomar una decisión que pueda afectar el cuerpo (sea implantar o explantar) y no se trata de satanizar una industria ni a los profesionales médicos, sino de ahondar en la investigación y que se informe, para que cada persona tome decisiones consensuadas e informadas.

“Yo quisiera salir y gritar a los cuatro vientos que se quiten los implantes, pero cada caso particular es diferente. Hay mujeres que han perdido matrimonios por quitárselos, por ejemplo. Esta sociedad, antes de implantarnos dos bolas de silicona, nos implanta muchas creencias en nuestra cabeza, en nuestro corazón, y se han hecho ricos con nuestras inseguridades”, dice Margarita.

No se trata tampoco de criticar lo que cada mujer hace con su cuerpo, pues cada una tiene sus razones. Lo que primero hay que tener en cuenta, dice la psicoterapeuta Duque, sería redefinir lo que se entiende por autoestima: “Muchas veces creemos que es solo gustarse, pero va más allá de sentirse linda y poderosa. Se trata de entender que no siempre estás linda y que, incluso en esos momentos, debes estar ahí para ti misma, autocontenerte, tenerte compasión”.

Al final del día, será usted la que decida si implantar o no, si explantar o no, si tener las tetas grandes o chiquitas, pero procure que su decisión sea responsable, con los mejores profesionales, con acompañamiento terapéutico y entendiendo sus razones internas y subjetivas, para que no se arrepienta. Mientras tanto, el gobierno y la ciencia tienen una deuda que saldar (Ver recuadro El ideal).

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El ideal: el papel de todas las partes

Asia no es reconocida como enfermedad. El primer paso sería reconocerla pero, para eso, se requieren más estudios, más datos, “que nos usen para la investigación, que haya más estudios con estadísticas reales, pero no solo de Asia, también del linfoma asociado y de otros padecimientos”, añade Angelly. Posteriormente, si se reconociera como enfermedad, sería posible añadirlo a todos los consentimientos informados de las cirugías que requieren introducir dispositivos y sustancias dentro del organismo como posible riesgo y, además, que las complicaciones y efectos secundarios sean cubiertas por el sistema de salud, porque muchas mujeres ahorran años para implantarse, pero luego no tienen para el explante o la reconstrucción.

Esto último genera controversia, y explica el doctor Patrón, aunque hay una ley estatutaria de salud que excluye los procedimientos quirúrgicos estéticos y sus complicaciones para la prestación de los servicios cubiertos por los sistemas de salud colombianos, hay también sentencias de la Corte que ponen sobre la mesa la posibilidad de que parte de estas complicaciones derivadas de procedimientos estéticos sean cubiertos siempre y cuando se vea alterada la salud o la calidad de vida de los pacientes. Dependerá de cada caso individual.

En la academia ya se habla, pero hacen falta más estudios, más congresos, más investigaciones, “mejorar nuestros sistemas de información que no son como los de Australia o Estados Unidos, donde se tienen todos los datos de todos los dispositivos que son implantados, las marcas, para obtener análisis pormenorizado para seguimientos e investigaciones”, añade Patrón.

Finalmente, desde el apoyo psicológico y la comprensión social, explica Duque que sí se vale reconocer que estéticamente las mujeres han sido manipuladas y “eso no nos permite estar a la par de nuestro deseo”, por lo que es importante tener apoyo psicológico y emocional antes, durante y después de los implantes, si es el caso.

Los grupos, las colectivas, igual ayudan. Trabajos como el de Angelly Moncayo dan luz. Creó Asia Recovery, una plataforma en redes sociales que sirve de puente entre las mujeres afectadas y la información y los profesionales, donde además se dan asesorías personalizadas y consultorías con mujeres que están atravesando lo mismo y donde día a día se comparte información científica y testimonios.

Hay que hablar más sobre tetas.

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