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¿Qué hay detrás de la censura masiva a los grafitis de Medellín?

FOTO: JAIME PÉREZ
Juan Felipe Zuleta Valencia

Decenas de grafitis han sido tachados en la ciudad. No está claro quién lo hace ni que está buscando.

TOMADA DE:elcolombiano.com

Archivo:ElColombiano.svg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Es difícil para muchos advertir que en las paredes de Medellín está ocurriendo un extraño fenómeno, porque para muchos se trata solo de rayones sobre rayones. Pero sí está sucediendo.

En el último mes y medio grafitis de varias partes de la ciudad están apareciendo con unas equis enormes, blancas y púrpuras, o tachones que los cubren por completo en sectores como el corredor de la Regional e Industriales. Al principio los grafiteros no pararon bolas, muchos lo entendieron como parte del juego, porque tienen claro que la ciudad no es un museo que les pertenezca. Pero una vez empezaron a identificar patrones detrás de estas equis entendieron que se trataba de algo diferente.

Grafitis de animales deformados, figuras mitológicas y demonios se convirtieron en objetivos de esa extraña censura. En algunos casos la equis quedó acompañada de algún mensaje religioso como “Dios nos ve”, o cosas por ese estilo.

El poeta y muralista Santiago Rodas cuenta que una vez identificaron que había un patrón, empezaron a rastrear a los responsables. Y encontraron.

Desde un perfil en redes sociales, un hombre se ha atribuido parte de estas intervenciones. Desde esta cuenta que comenzó siendo pública y luego se hizo privada han surgido mensajes de invitación a los habitantes y hasta la Fuerza Pública para que se unan a su causa. Habla de “controlar plagas” de “limpieza” de “control”, habla de erradicar a los responsables de “llenar la ciudad de diablos”. Incluso habla de “energías” que se liberan tras tachar estos “diablos”. Por estas características, los grafiteros señalan que estas intervenciones podrían estar motivadas por cierto fanatismo religioso.

Santiago dice que hasta cierto punto le parece un fenómeno interesante en cuanto a que el grafiti es una expresión transgresora que pretende provocar diferentes reacciones de la gente para tener certeza de que los muros ponen a hablar a la ciudadanía. Las manifestaciones de fanatismo que rodean las intervenciones de este iconoclasta configuran un fenómeno inusual en la ciudad que merece analizarse, sostiene Rodas. No obstante, advierte que sí existen riesgos que subyacen en el mensaje de esta nueva expresión.

Justamente el pasado mes de julio se inauguró la exposición Amor por Medellín, de Santiago Rodas. Un espacio que se animó a hablar de un tema incómodo como pocos en la ciudad y reflexionar acerca de cómo fue posible que una campaña publicitaria convertida en sello identitario de Medellín y que convocó a la gente en torno una causa común de civismo y solidaridad, luego fue utilizada por un grupo de criminales que se dedicó a lo que algunos mal llaman “limpieza social” entre finales de los 80 y hasta mediados de los 90.

La exposición de Rodas, según el historiador Óscar Calvo, no buscó culpables sino tratar de entender a través de piezas gráficas, informes y evidencia de la época qué mecanismos operaron para deformar los llamados cívicos a recuperar la ciudad y convertirlos en llamados a “limpiar” todo lo diferente.

Por eso Rodas señala que son inquietantes estos llamados a “limpiar” la ciudad pues, dice, representa volver a lecturas de ciudad de los 80 en las que solo tiene derecho a la ciudad cierto arquetipo de “gente de bien”. El dilema de dejar los grafitis o dar la pelea por quitarlos es un pulso que han vivido muchas partes del mundo pero han terminado por aceptarlos.

Pero hoy el contexto es completamente diferente. La Alcaldía recordó que los grafiteros son actores no solo legítimos sino fundamentales en el modelo de ciudad actual, una ciudad que además ofrece su historia y cultura ante el mundo. Y precisó además que hace justo tres años se firmó un acuerdo municipal que reconoce su rol y expande las posibilidades del arte urbano gráfico en Medellín.

Entonces, si en verdad alguien debe inquietar, es quien decide tachar esa expresión del arte callejero, con una o muchas equis blancas. La pregunta es ¿quién se esconde detrás? ¿Una persona de extrema o un grupo o es algo diferente?

Por lo pronto, los objetivos de esas manos censoras parecen estar ampliándose. Ya no son solo figuras “demoniacas”, también están apareciendo tachados otro tipo de grafitis: homenajes a artistas, símbolos de resistencia, de lo diferente.

 

 

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