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PERÚ: Historias de éxito: Mujeres de Tocache y Pucallpa dejan hoja de coca por cultivo de palma

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Mariluz Córdova y Ana Villasís son dos mujeres de Tocache y Pucallpa que abandonaron cualquier relación con la hoja de coca y ahora apostaron todo para profesionalizar el cultivo de la palma aceitera.

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Mariluz Córdova y Ana Villasís son dos mujeres de Tocache y Pucallpa que abandonaron cualquier relación con la hoja de coca y ahora apostaron todo para profesionalizar el cultivo de la palma aceitera, una planta cuyo fruto se procesa para generar un aceite presente en el día a día de millones de peruanos.

Ellas, como pequeñas productoras, reconocen que “antes éramos pobres”, sobre todo por vivir en épocas del narcoterrorismo con mucha incertidumbre y violencia, pero ahora están empoderadas, ayudan a su familia económicamente, se capacitan en la agricultura y cuentan aquí su historia.

¡Vamos a Tocache!
“Estas tierras antes eran de monte y hoja de coca”. Mariluz Córdova escucha atenta a Ever Saavedra, sentada junto a su esposo Elmer Fernández afuera de su casa del sector Jorge Chávez-Río Espino de Tocache, región San Martín, quienes explican el panorama que se vive actualmente con la palma.

Este es un cultivo que sirve para extraer y procesar el famoso aceite de palma y sus derivados, usados por las grandes industrias para elaborar productos de uso diario como el jabón, las galletas, los detergentes, la leche, el pan, los chocolates, los helados o los lácteos. Es un insumo que está en el día a día de los peruanos y millones más en el mundo.

Mariluz, Elmer y Ever forman parte de la Asociación de Productores de Palma Aceitera Jorge Chávez-Río Espino – APPACHE. Ellos viven en el distrito de Tocache, y son conscientes de que antes, entre las décadas de 1980 o 1990, eran parte directa o indirecta del cultivo y efectos de la hoja de coca, que a su vez sirve para la elaboración de la cocaína.

Para llegar a Tocache el viajero puede tomar dos rutas opcionales por avión. La primera es Lima – Tarapoto, para luego ir en auto, pasando ciudades como Juanjuí o Puerto Pizana. La segunda ruta es Lima – Huánuco, y tomar la vía terrestre que pasa por Tingo María. La ruta por tierra es más cansada y con un tiempo que puede superar las 15 horas: Lima – Huánuco – Tingo María – Tocache.

Tocache, entre el sopor, la lluvia y el verde intenso, es una ciudad peruana de la selva central que impulsa su turismo gastronómico, trekking, cataratas, cascadas o de hermosos paisajes junto al río Huallaga, tratando de dejar en el olvido sus duras y mediáticas épocas de narcoterrorismo, muertes y disparos. Así, entre sus calles y sus campos, viven Elmer, Mariluz y Ever.

Cambio de vida
Mariluz Córdova y su esposo Elmer, quienes tienen tres hijos, cuentan que el narcotráfico, la incertidumbre social, la pobreza y los malos pagos por jornal eran situaciones cotidianas que ahora, unos 30 años después, están cambiando hacia la profesionalización de su agricultura, es decir, cambiar la hoja de coca por la producción de palma aceitera y recibir pagos desde 150 dólares por tonelada de parte de empresas como Grupo Palmas, el mayor productor peruano de aceite de palma, que les brinda soporte técnico y asesorías para mejorar la calidad del producto, de acuerdo con sus testimonios.

-Antes había jornales de 5 soles, de 10 soles…- añade Elmer.

“El cacao tiene dos cosechas al año. El arroz, también dos. El maíz, hasta tres. El plátano cada veinte días. La hoja de coca cada tres meses. La palma produce cada 15 días, después de unos tres años de la primera siembra, ósea unas 26 cosechas al año. Es sostenible en el tiempo”, cuenta Elmer Fernández, quien tiene 49 años y emigró de Tingo María en la década de 1990. En Tocache, allá por el 2007, empezaron con APPACHE, y allí mismo conoció a Mariluz, natural de esta provincia.

Un palmicultor puede sembrar desde 143 plantas por hectárea y ganar hasta el 60% de los 150 dólares por tonelada de Racimo Fruto Fresco (RFF) que venda (el precio lo marca el mercado internacional). Con el 40% se costea la limpieza de las parcelas de palma, su abono o fumigación, porque hay plagas que pueden pegarse a la planta, como la “marchitez sorpresiva” o “anillo rojo”, y dejarlos sin cosecha.

Elmer, Ever y Mariluz, quien ya tiene unas cuatro hectáreas en producción, son parte de unos 700 agricultores de las zonas de Tocache, Pucallpa y Yurimaguas que forman parte de las cadenas productivas del Grupo Palmas, que ha certificado recientemente su operación de Palmawasi (13,000 hectáreas y planta de refino), en Tocache, garantizando el 100% de trazabilidad desde la refinería hacia sus campos de cultivo.

Empoderamiento con la palma
En la actualidad, solo en cuatro regiones peruanas se cultiva la palma aceitera: Ucayali, San Martín, Huánuco y Loreto. Hasta el 2019, según cifras del Ministerio de Agricultura y Riego (MINAGRI), existían en Perú cerca de 7200 productores de palma, produciéndose aproximadamente más de 933 mil toneladas de RFF dentro de un total de más de 90 mil hectáreas cosechadas.

La palma aceitera en su esplendor es grande, a veces pasa los 20 metros, y genera buena sombra, como se aprecia en las parcelas de Mariluz, Ever o Elmer, quienes las recorren y explican que cada vez se animan más mujeres a invertir o adquirir terrenos para producirla. En APPACHE ya son 6 mujeres que figuran como socias emprendedoras.

El proceso para producir los racimos, que están formados por una especie de uvas, también llamadas “pepas”, necesita inversión a largo plazo y paciencia. Un palmicultor puede gastar en su terreno hasta mil dólares por hectárea desde que planta el almácigo de palma -que debe ser certificado- hasta que cumple los tres años y ya puede dar frutos.

Viajando a Pucallpa
Ucayali es otra región peruana donde la palma ha tomado fuerza en los últimos años. Para llegar allí, desde Tocache tomé un auto en que viajé durante más de 6 horas por una vía de bellos paisajes amazónicos junto al río Huallaga, y pasando sitios como Santa Rosa de Yanajanca, Aucayacu, Aguaytía, Huipoca, San Alejandro y Campoverde. Por la carretera hay tienditas o personas que venden juanes para los viajeros, gaseosas heladas, bolsas con hojas de coca para chacchar a dos soles, cervezas, galletas y fruta.

En Pucallpa, su capital, vive Ana Villasís, de 49 años, y es una de las tantas mujeres que empuja este cultivo hacia la profesionalización. Ella vive, junto a su esposo y sus cuatro hijos, en el caserío Nueva Tunuya, en la provincia de Coronel Portillo, situado a unos 50 kilómetros de la ciudad.

“La palma es como un hijo para nosotros, dura hasta 30 años. Toda la vida”, sostiene Ana, y relata que empezó el 2014 con esta inversión, incentivando el control biológico y la adquisición de plantones certificados. Cuenta que también ha recibido apoyo del Gobierno Regional, Grupo Palmas y otras instituciones para el cultivo de esta planta.

“El modelo de Cadenas Productivas del Grupo Palmas agrega valor a la producción sostenible de pequeños productores, mediante un precio justo y pago oportuno, trazabilidad de su producción y asesoría permanente para maximizar la productividad de sus plantaciones”, asegura la empresa.

La deforestación
Si bien el sector palmero peruano ha tenido denuncias por deforestación, los voceros del Grupo Palmas señalan que la compañía “cuenta con herramientas ambientales para reducir el riesgo de deforestación y una política de sostenibilidad que nos compromete a conservar la Amazonía; protegemos más de 11 mil hectáreas de bosques en nuestras operaciones. Este sector ha permitido sacar a miles de familias de una economía ilegal hacia una legal, y de esta manera salir de la pobreza y tener un ingreso digno”.

“Grupo Palmas es la única empresa peruana Roundtable on Sustainable Palm Oil (RSPO) del Perú en toda su cadena de valor, desde la refinería hasta sus plantaciones. Esta certificación RSPO es la más importante del mundo que garantiza una producción sostenible de aceite de palma. Tenemos una hoja de ruta de sostenibilidad y actualmente también acompañamos a los agricultores de nuestras cadenas para que puedan certificarse”, informa la empresa.

 

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