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No es “pombito” sino “el niño feliz”

Repite las poesías hasta tres días para aprendérselas y lo hace por estrofas. FOTO JAIME PÉREZ

POR LAURA TAMAYO GOYENECHE

Aprendió a hablar a los dos años y a los tres ya estaba recitando sus primeros versos. “Estas manitos mamá que siempre quieres lavar, van dejando sus huellas por donde quiera que van, pensando en ti las quise plasmar aquí para que un día recuerdes lo pequeñito que fui”, decía en el 2017.

Eso cuentan sus papás Diego Ramírez y Eulindany Duque desde El Santuario, Antioquia, donde nació David, que hoy tiene 6 años y está en primero de primaria.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

El Colombiano

Le gusta que le digan “el niño feliz”, aunque en las noticias le pusieron “pombito”, cuenta. Esto por un video que comenzó a circular el viernes 17 de abril en horas de la mañana por WhatsApp, en el que David recita una versión modificada de El Renacuajo Paseador, de Rafael Pombo, invitando a la gente a quedarse en casa para cuidarse de la covid-19.

Él lo describe como “un virus con una corona pequeñita de grasa” y sabe que puede alcanzar varios metros, por eso tose en el pliegue del codo en el famoso video y dice que así lo deberían hacer los que estornudan a todo pulmón en el balcón.

“Una amiga de la mamá que trabaja en el Hospital San Vicente le mandó por escrito esa nueva versión a ella y él se la aprendió rapidito”, explica el papá de David Ramírez Duque.

Con el arte no se aburre
Toda la vida ha sido expresivo. Dice que siempre le ha gustado participar en los actos cívicos de su colegio y que a veces lo ponen a declamar poesía.

Cuando le preguntan cómo hace para aprenderse esas estrofas de memoria y actuarlas al mismo tiempo explica que las repite por ahí 3 días. “Luego le digo a mi mamá que ya me las sé. Con Rin Rin Renacuajo me la aprendí por estrofas y ella me decía: hoy nos aprendemos hasta aquí y mañana otro poquito. La mamá se tiene que aprender los poemas primero que yo”, cuenta desde la sala de su casa entre risas.

Durante el confinamiento también ha hecho máscaras, libros en tercera dimensión (a uno lo bautizó “El sapo enamorado”), casas con palos de paleta y planetas de colores con luces de navidad y animales de plástico pegados alrededor. Precisamente eso es lo que más le gusta hacer, dice, “casas con palitos”.

Sobre la poesía explica que le llama la atención porque “es para mover las manos y porque puedo decir lo que me gusta”. Pero en realidad lo suyo es el arte y expresarse, porque hasta en un piano de juguete se inventa canciones para alegrar estos días.

Por eso cuenta que ha pasado este tiempo lejos de las pantallas porque le aburren, ve un “ratico de televisión y el celular cuando la mamá me lo presta”. Para él, hay mucho que hacer en la casa: está en un curso de literatura virtual con la Secretaría de Cultura Municipal y también “uno puede ir a hablar al balcón o jugar con los papás porque ellos siempre están disponibles”.

Volver al colegio

Aunque recalca que su mamá le ha enseñado muchas cosas en la casa, dice que lo que más extraña de salir es ir al salón de clases. “Yo he llorado por el colegio. Lo que más me gusta es estar en ese salón grandote donde la profe nos enseña”, cuenta con sus expresivos ojos. Como no se sabe cuánto durará esto, señala, “no podemos salir todavía, hay que cuidarnos porque ni modo que vayamos a salir así”.

Le gustan tantas cosas que no sabe qué quiere ser cuando grande, pero una cosa es segura, el arte y la cultura estarán por ahí para entretener sus días.

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