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EL SALVADOR: “Toca empezar de cero; pasé de tener todo a no tener nada”, relata salvadoreño que huyó del régimen de excepción

Manuel junto a su hermano Roberto, cuando trabajaban en El Salvador. Ahora Manuel está en Estados Unidos y Roberto en prisión, a la espera de salir. (Cortesía)

EL SALVADOR:

Por Claudia Espinoza

Manuel Gómez era un joven con trabajo estable y con casa propia, pero huyó por temor a terminar capturado en el régimen de excepción, igual que su hermano. Hace un par de meses solicitó asilo político en Estados Unidos.

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Manuel Gómez tiene 26 años y tuvo que huir de El Salvador por temor a ser capturado en el régimen de excepción. Dejó su trabajo, su casa y su familia porque tuvo miedo de ser capturado como le pasó a su hermano mayor, a su cuñada y a la madre de ella, en mayo de 2022.

Producto de ese temor dejó su propia casa y emprendió camino hacia Estados Unidos junto a su novia, pues consideraron que era la única opción que tenían. Él no tiene tatuajes, ni antecedentes penales ni policiales, pero por la cercanía con su hermano, que recién habían capturado, estaba en la mira de los agentes policiales, que le acosaban constantemente.

La familia de Manuel siempre ha sido comerciante de zapatos. Él trabajaba junto a su hermano mayor en una empresa de electricidad privada ganando más del sueldo mínimo y ambos vivían cerca de su madre. Él estaba tranquilo con la vida que tenía hasta que se llevaron a su hermano en mayo de 2022.

Todo cambió para Manuel
El hermano de Manuel, a quien llamaremos Roberto para proteger su identidad, se encontraba descansado cuando cerca de las 9:00 de la mañana agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) se lo llevaron de su propia casa. La razón fue una llamada anónima en la cual lo denunciaban de ser pandillero, junto a su esposa.

De la casa sacaron a Roberto, su esposa y el hijo de ambos de 4 años de edad. Por miedo a que se llevaran al niño le llamaron a la abuela del menor para que se quedara con él, pero cuando la señora llegó la Policía también la capturó.

Antes de ser trasladados a la delegación policial de la zona los policías le ofrecieron un trato a Roberto. Le dijeron que si en ese momento les entregaba $300 ya no se los llevarían capturados. Lo intentaron, pero el dinero en efectivo no les alcanzó. El niño quedó al cuido de su abuela paterna.

“Mi hermana me llamó y me dijo que los policías les estaban pidiendo $300 si querían que no se los llevaran. Ellos aún estaban en la casa, pero como no les alcanzaba para pagar esa cantidad en efectivo, les dijo que si podían hacer una transferencia y los policías se negaron, así que se los llevaron”, contó Manuel.

Él estaba en el trabajo cuando esto sucedió e intentó hablar con algunas amistades para encontrar una solución, pero fue en vano.

“Lastimosamente no se pudo hacer nada. Llamé a unos amigos que son policías y les pregunté qué era lo que estaba pasando y solo me dijeron que ‘habían dado la orden de arriba de capturar a muchas personas’”, indicó.

Manuel asegura que su hermano no tiene antecedentes penales y solo tiene un tatuaje artístico. Tenía trabajo fijo en la empresa de electricidad privada donde también él trabajaba, porque es técnico industrial. Además, su cuñada tenía un negocio de sandalias artesanales y tenían todos los documentos para comprobarlo.

“Tenía mucho miedo de que me llevaran a mí porque yo pasaba mucho tiempo con mi hermano, lo pasaba a traer en el carro para irnos al trabajo y vivíamos cerca”,detalló.

Debido a ello cambió de trabajo y se mudó a otro departamento, porque ya no se sentía seguro en su propia casa. Pensaba que tarde o temprano los policías lo llegarían a capturar. Y aunque no sabía de la situación de su hermano y cuñada tras las rejas, siempre les enviaba el paquete a los centros penales donde estaban recluidos, porque aunque no los veía tenía la esperanza de que eso les ayudara a sobrevivir.

Durante los siguientes siete meses Manuel consiguió otro trabajo estable ganando un buen salario, alquilando una casa y visitando de vez en cuando a su madre que tenía al cuidado al hijo de Roberto. Jamás pensó que su vida daría un giro brusco en diciembre de 2022.

Al ver que comenzaron muchas capturas masivas y llegaron a preguntar a la casa de su hermana por sus familiares, él decidió irse del país.“Yo opté por decir no, me van a llevar a mí también, yo solo pensaba que era el sustento de mi familia, le ayudo a mi mamá y ya detenido, ¿qué hago? Dije, no, no puedo estar así, tengo que ayudar a mi familia y la única manera es yéndome del país”, indicó.

“En ese entonces se estaban llevando a la gente por montones y fue ahí que tomé la decisión de migrar hacia los Estados Unidos. Hablé con mi jefe y le expliqué, porque lo que menos quería era dejar el trabajo, tenía un buen trabajo. Hoy acá no tengo familia, estoy solo”, lamentó.

Aunque Manuel nunca ha tenido vínculos con pandillas y siempre ha trabajado él tenía el temor porque veía que los policías y militares se llevaban a personas que no tenían un perfil delincuencial.

“Yo tomé la decisión por venirme porque un día llegó la policía a la casa de mi hermana a preguntar por la familia. A mi cuñado se lo quería llevar solo porque tenía tatuajes artísticos, pero tienen una empresa de seguridad y comprobó todo, por eso ya no se lo llevaron”, dijo.

Secuestrado en México
Manuel fue decidido en lo que quería, sabía que tenía que ayudar a su madre y a su sobrino, así que no tenía otra opción que irse con sus ahorros como migrante junto a su novia, cruzando Guatemala y México, sin imaginarse, que en este segudo país pasarían unas de las situaciones más difíciles.

Ya en México, en Tamaulipas, lo secuestraron. Según supo esto se debió a que el guía (coyote) no pagó, la extorsión y los secuestraron. A cambio de su vida les pidieron a cada uno $1,500 y si no pagaban, los matarían. Ellos ya se habían quedado sin dinero y les tocó pedir ayuda a la familia de su novia, que residía en Estados Unidos.

Al pagar el rescate lograron salir en un bus de Reynosa para Monterrey, y allí se mantuvieron unos días en una casa segura de migrantes.

Después se trasladaron a la frontera con Estados Unidos, donde pagaron otros $1,000 por persona para llegar a Houston,Texas. Estando allí trabajó unas semanas, mientras ahorraba para trasladarse a otro estado. Al final del trayecto Manuel gastó aproximadamente unos $12,000 por llegar al país norteamericano. Y el mismo costo también fue para su pareja.

Y aunque la situación económica ha mejorado para él, Manuel no es feliz, extraña a su familia, extraña su país, pero sabe que no puede regresar, no en el contexto actual del régimen de excepción.

“Estando acá (Estados Unidos) es complicado. Uno no tiene familia y no tiene conocidos. Recién venimos, rentamos una habitación con lo poco que traíamos, me tocaba ir a al calle a buscar trabajo. Me comencé a adaptar y ya estoy ganando dinero para mandarle a mi mamá y a mi sobrino. También le mando paquetes a mi hermano y a mi cuñada todos los meses, para que estén cómodos, entre comillas”, detalló.

Aunque les está ayudando, se preocupa que no sabe cómo está su hermano. “No he tenido noticias de mi hermano desde que lo capturaron, es complicado porque el Estado no permite que él pueda tener una defensa justa”, aseguró.

Hace un par de meses Manuel entregó su caso a migración de Estados Unidos solicitando asilo político. Ha comenzado con el papeleo y espera avanzar en el proceso. De no recibir el asilo en el país norteamericano tendrá que irse a otro país, porque a El Salvador dijo que ya no volverá por el momento.

De la familia no es el único que migró. Su cuñado, esposo de su hermana, que tenía una empresa de seguridad y que estuvo a punto de ser capturado, llegó hace unas semanas a Estados Unidos por la misma razón que él, por la posibilidad de ser capturado por el régimen.

“Es súper complicado porque yo nunca pensé en irme de mi país y probar suerte en otro. Tenía mi trabajo, tenía mi casa. Fue bien difícil tomar la decisión de venirme para acá. Estoy lejos de mi familia, no es igual. Toca volver empezar de cero, y no sé si podré regresar algún día. Pasé de tener todo a no tener nada”, indicó.

Manuel trata de estar en comunicación con su madre y sobrino, por lo menos tres veces a la semana. El niño de seis años le pregunta por su padre y madre y no quiere decirle la verdad. Le ha dicho que se han ido a trabajar lejos y que pronto volverán.

 

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