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Dos ancianos murieron de hambre y luchan para que no vuelva a pasar

Luis Eduardo Herrán - El Universal

MÓNICA MEZA ALTAMAR

Un ejemplo a seguir para la sociedad es Ana, quien reside en una casa de madera en el cerro de Albornoz, y lucha para darles de comer a 40 adultos mayores.

TOMADA DE:https://www.eluniversal.com.co/

Algas muertas se apoderan de las playas en Cartagena y bañistas huyen -  RimixRadio, Noticias para latinos

Yo no puedo comer viendo a otras personas con hambre. Si yo sé que hay esa dificultad en alguna casa, estoy pendiente. Siempre he tenido ese sentir”.

Estas palabras conmueven y reflejan la bondad y solidaridad de quien las expresa: Ana Dolores Agualimpia. Ella es una mujer de 66 años, quien reside en el cerro de Albornoz, sector Mirador de Cartagena. Desde hace cuatro años lidera la loable labor de dar de comer a los adultos mayores más vulnerables de esa empobrecida zona de Cartagena. El Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Cartagena es hoy su principal respaldo.

Ana contó cómo comenzó: “Yo hacía arepas de huevo y almuerzos para vender y notaba que muchos señores venían y a veces me decían que les vendiera $500 de sopa. Vi la necesidad que tenían y opté por preguntarles por sus familias, cómo estaban, qué hacían. En fin, me hice amiga de ellos, visité sus casas y así fui conociendo la escasez en que viven. Entonces, de mis ventas, los invitaba a almorzar, a que se tomaran un poquito de sopa una vez a la semana”.

Los beneficiados inicialmente eran unas 10 personas entre los 62 y 86 años.
“Al mes pasaron a ser 18 y cuando me di cuenta ya tenía 30. Así fue creciendo el grupo, hasta que llegó a ser de 70 personas, antes de la pandemia. Pasamos a compartir dos veces a la semana y ahora, en unión con la Fundación Betania Juvenil, les damos desayunos y almuerzos tres veces a la semana”, dijo la mujer.

El comedor comunitario fue nombrado Amigos de Jesús y lo instalaron en la casa de Ana. Llegó a tener cerca de 120 beneficiarios en plena pandemia. Para ese entonces contó con el apoyo de varias fundaciones y empresas privadas que les entregaban “cajitas de comida”, pero pasada la epidemia de COVID-19 “se olvidaron del Mirador”, lamentó Ana.

Y destacó: “Me comprometí a trabajar solo con 40 personas porque no tenía suficiente ayuda para trabajar con todos. Escogí a los señores de más edad, a los que no se pueden ayudar por sí mismos, a los que no tienen trabajo o ya no les dan trabajo. A esas personas más necesitadas son a las que estoy ayudando”.

Cinco horas que dan vida

Los “Amigos de Jesús” se reúnen los lunes, miércoles y viernes, de 9 de la mañana a 2 de la tarde.

“Les hago de desayuno lo que encuentre: un pancito, revoltillo de huevo, bollitos, jugos… Las señoras más jóvenes me ayudan a cocinar y mientras tanto voy conversando con ellos o haciendo ejercicios, pero de adultos mayores, nada fuerte. Alzando y bajando los brazos o llevándolos hacia delante, inhalando y exhalando aire, y haciendo pequeños movimientos para que tengan energía y no se sientan aburridos”, precisó Ana.

Tras las actividades llega la hora de almorzar “y después se quedan jugando dominó, cartas o parqués hasta la 1 ó 2 de la tarde máximo “, indicó la líder del comedor y reconoció: “A veces no sabemos cómo manejarlos porque están aburridos o estresados, pero los ponemos a bailar y les hacemos preguntas para que se les vaya pasando el tiempo y no se sientan tan solos”.

Ana admitió: “Aunque ahora estamos comiendo juntos tres días por semana, mi anhelo es tener para hacerlo todos los días”.

Quisiera que ellos tuvieran un final feliz, que no murieran de hambre, que es lo más triste en esta vida y ya nos pasó con una pareja de esposos que lamentablemente conocimos tarde”.
Ana Dolores Agualimpia, líder de comedor comunitario.

Sobre los alimentos que entrega, Ana manifestó: “Son gratis. A los adultos mayores los hago que me colaboren con $700 si los tienen, pero no los obligo, porque del Banco de Alimentos me viene arroz y granos, pero no proteínas, entonces con lo que puedo conseguir de rifas y cosas que vendo y con los $700 de ellos, les hago pollo, salchichón, empanadas, jugos. Me ayudo con eso porque no recibo ayuda de nadie más”.

Justo por ello, añadió: “En este momento estoy buscando unos padrinos para ver si los señores se pueden tomar un heladito. Unos padrinos que tengan ese corazón dispuesto para ayudar a las personas más necesitadas. Hay que velar por esas personas que no tienen familia y son vulnerables”.

126 organizaciones atendió el Banco de Alimentos en 2022. Una de estas es la Fundación Betania Juvenil.

Pese a que mantener el comedor comunitario implica una lucha constante, para esta adulta mayor dar de comer a 40 “amigos” no es ninguna cruz.

“Siempre he tenido en mi corazón el sentir de ayudar. Siempre digo que quien no vive para servir, no sirve para vivir. Yo soy pobre, pero hay personas que son más pobres porque no tienen el alcance que tengo yo para trabajar y ayudar a otras personas”, expresó Ana. Para contactarla y apoyar su comedor comunitario está disponible el teléfono celular 311665 2094.

Así se rebusca

Cuando no está atendiendo el comedor de adultos mayores, Ana se pone a trabajar en casa. “Cuando ellos se van, o los días que no vienen, me quedo trabajando. Hago postres, galletas y tortas, las echo en una canasta y salgo a venderlas cuando baja el sol. También las mando a vender a tiendas, una de mis hijas trabaja en una empresa a donde las lleva y así, siempre me voy ayudando”.

Banco de Alimentos
El Banco de Alimentos busca transformar las realidades de las comunidades vulnerables de Cartagena y sus alrededores, a través de la entrega de alimentos de calidad, minimizando los índices de hambre, especialmente de niños, niñas y adultos mayores que viven en pobreza extrema. Para el 2022 atendió a 26.394 personas y 126 organizaciones con la entrega de 32.165 paquetes de alimentos. Su labor la apoyaron 112 donantes.

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