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Campesino encontró cerámica de mil años

Foto: Cortesía

Jorge Cabrera, campesino de una vereda cerca de San Jacinto, no podía creer lo que sus ojos estaban viendo, una pieza que perteneció a los indígenas Malibú.

BOLIVAR

JUAN SEBASTIÁN RAMOS JUAN SEBASTIÁN RAMOS  JuanseRamosDv

Estaba escarbando como de costumbre cuando tocó algo inusual. Luego se dio cuenta que aquel objeto lleno de barro tenía más valor del que creía.

Lo que ocurría con este objeto es lo que pasa con muchas joyas alrededor del mundo, están inmersas en el lodo e invisibilizadas hasta que alguien las saca a la luz, y ese fue Jorge Cabrera. Lea también: Cartagena, Mompox y Bogotá, los destinos más turísticos de 2023 en Colombia

Este campesino bolivarense no podía creer lo que sus ojos estaban viendo, tenía en frente suyo un rodillo de cerámica. Esto no era simple casualidad, porque su tierra, el corregimiento de Bajo Grande, es un territorio que en tiempos precolombinos fue ocupado por los indígenas Malibú, los mismos que le dejaron una herencia musical invaluable a San Jacinto.

Cabrera lavó la pieza con delicadeza y respeto, estaba seguro que lo que tocaban sus manos tenía mas años que él en la tierra.

No estaba muy convencido sobre qué tipo de pieza era, ni para qué fue usada en el pasado. En la vereda donde vive las redes de telecomunicaciones son escasas y a duras penas llega la señal en los celulares.

Pensó que lo más correcto era viajar hasta el museo y contarle a todos sobre lo que había encontrado.

Foto referencia de Bajo Grande, Bolívar. // Foto: Archivo EU
Foto referencia de Bajo Grande, Bolívar. // Foto: Archivo EU

Jorge pudo haberse quedado con ese tesoro para él solo, ubicarlo en la sala de su casa, aunque no tuviera respuestas sobre la extraña y misteriosa cerámica que no dejaba de ver una y otra vez. Pero no lo pensó dos veces y metió la pieza en su mochila, ¿con qué destino? Viajar a San Jacinto para llevársela al día siguiente a los expertos, le picaba la curiosidad por saber qué había encontrado.

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Tras una larga travesía Jorge llegó por la mañana al Museo Comunitario de San Jacinto. Tocó la puerta del lugar, la mochila la tenía empuñada con fuerza, como un león que custodia una presa preciada.

Una mochila desgastada era el refugio de ese tesoro que hasta ese momento solo él conocía.

Campesino encontró cerámica de mil años en San Jacinto

“El llegó acá con la pieza, nos contó que la había encontrado en el monte. Acá todo objeto de valor histórico que llega se registra con una ficha y lleva el nombre del donante, por eso a él se le hizo un certificado que plasmamos junto a la exhibición, precisando que él es miembro y dueño de ese patrimonio”, indicó Jorge Quiroz, director del museo.

Jorge Cabrera hizo lo correcto y se regresó a su casa con la satisfacción de haberle dejado una nueva pieza al museo de su tierra. Ahora la misión del museo era conocer los antecedentes de la inusual cerámica.

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Jorge Quiroz se paseaba de un lugar a otro por el museo. Ya tiene 70 años, se sabe de memoria la historia de cada pieza en exhibición, y lo duro que ha sido sostener el museo.

El hombre vivió por un tiempo fuera de su pueblo, tuvo que irse a causa del conflicto armado, pero volvió para quedarse.

Estos años que le quedan decidió vivirlos en su natal San Jacinto, desea envejecer trabajando en aquel lugar que años atrás fundó con un grupo de amigos. Recuerda que las puertas del museo se abrieron un 9 de noviembre de 1983, cuando tan solo era un joven entre los 20 años.

Junto a un grupo de jóvenes de su edad conformó el Comité Cívico Cultural y decidió poner en marcha el proyecto de creación de la Biblioteca Pública de San Jacinto. Mediante donaciones de libros se constituyó el acervo bibliográfico y junto a los primeros estantes se dispuso un espacio con algunas piezas arqueológicas. Sin esperárselo, sorpresivamente la colección arqueológica creció más rápido que las documentales, la gente les estaba donando muchas piezas.

A mediados de los 90 muchos de estos jóvenes fueron obligados a irse del pueblo. Algunos de ellos, al igual que Jorge, hacen parte de las víctimas del conflicto. Dolorosamente el museo y su colección estuvieron en peligro de desaparecer, cerraron sus puertas por varios años, y la colección fue guardada por la comunidad en algunas casas.

Jorge sabe lo difícil que es reinventarse. Por eso realizan campañas de concientización con los habitantes para evitar que su cultura desaparezca o sea vendida a los coleccionistas.

“Antes mucha gente venía haciendo huaquería, es decir, cazaban los tesoros y piezas, se metían en los terrenos y fincas y miraban qué podían escarbar para vender a coleccionistas o extranjeros. Como San Jacinto tiene tantos antecedentes ancestrales y joyas enterradas, es común que algunas personas se dediquen a eso. Nosotros venimos concientizando a la población, explicándoles que vender nuestras piezas es vender nuestra historia, es como un libro al que le arrancan las hojas, y cada pieza es una hoja que guarda una historia”, dice Quiroz.

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Pasaron algunos días y la pieza de cerámica fue enviada a un estudio. El museo tiene su propio laboratorio, pero en algunos casos son enviadas algunas piezas a Estados Unidos.

“Cada pieza que llega se va registrando ante el Instituto Colombiano de Antropología Histórica, hasta piezas de oro nos han traído. A raíz de la ampliación de la carretera exigimos que nos pusieran un laboratorio aquí en el museo. Cuando llegan las piezas uno se las lleva a los arqueólogos, ellos las analizan y mandan muestras. Si es necesario mandar muestras de Estados Unidos se hace el proceso, para que por medio de la prueba de carbono 14 den los resultados”, precisó el sanjacintero. Lea también: El balance del Programa de Alimentación Escolar durante el 2023

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Los resultados llegaron, estos revelaron que la pieza que encontró el campesino Jorge Cabrera, era un rodillo para marcarse la piel o para marcar la tela con tintes naturales.

Campesino encontró cerámica de mil años en San Jacinto

“La pieza tiene mil años de antigüedad. En aquella época los indígenas Malibú se marcaban y hacían tatuajes, por eso la pieza encontrada por el señor Cabrera poseía unos orificios en los costados, además de una perforación para meter un palo, este se iba rodando y apretando para que se impregnara el tinte en la piel o en las prendas de tela”.

Casos como este son similares al que ocurrió en la década de los 80, cuando el arqueólogo Augusto Oyuela halló fragmentos de cerámica manufacturados con una técnica muy antigua, llamada cerámica de desgrasante de fibra vegetal. Este descubrimiento fue el que impulsó a este investigador a realizar una excavación arqueológica sin precedentes.

Uno de sus numerosos hallazgos fueron piezas de la cerámica americana más antigua que ha podido datarse con radiocarbono, estas tienen casi 6000 años de antigüedad. Algunos de estos fragmentos hoy pueden observarse en el museo.

Actualmente el Museo cuenta con un acervo de aproximadamente 800 piezas arqueológicas y etnográficas de diversos materiales y temporalidades. Si te animas a visitar este lugar encontrarás huesos, conchas, piedras, cerámicas y textiles, una colección viva alojada en 5 salas expositivas. El recorrido por este museo narra la vida de sus pobladores, desde sus primeros habitantes hasta lo que se conoce en la actualidad.

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