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Los cuatro colectivos LGBTIQ+ que lograron una justicia parcial tras el conflicto

Evento que se llevó a cabo en Barranquilla esta semana. A través de protestas, manifestaciones artísticas y homenajes a los miembros de la comunidad asesinados, se hizo un llamado de atención especial para que todos los miembros del grupo LGTBIQ+ se les pueda garantizar sus derechos y no ser marginados en la sociedad colombiana. Foto: Mauricio Alvarado Lozada
Varios fueron los episodios en que las armas del conflicto armado apuntaron contra personas gays, lesbianas o trans solo por su sexualidad. Obligados a sepultar su orientación con tratos humillantes y amenazas, cuatro colectivos de LGBTIQ+ lograron sobreponerse al silencio y hacer que la justicia los reconociera como víctimas de un conflicto que no cesa.
Tomás Tarazona Ramírez

Los pedidos de justicia para miles de víctimas del conflicto armado en Colombia se convirtieron en laberintos a los que muy pocas personas han encontrado salida. Mujeres que vieron desaparecer forzosamente a sus familiares suman años y hasta décadas esperando respuestas y víctimas del desplazamiento siguen sin poder regresar a casa. La población LGBTIQ+ no ha sido ajena. Esta es la historia de cuatro colectivos de sexualidad diversa que, tras la guerra, siguieron exigiendo justicia hasta encontrarla.

Tras la aprobación de la Ley de Víctimas, en 2011, estos cuatro colectivos lograron demostrar que, al igual que comunidades campesinas, indígenas o afro, sufrieron daños colectivos en la guerra y por ende, la justicia debería llegar en conjunto para ellos.

Sus historias son notorias, pues el Registro Único de Víctimas reporta al menos 5.000 personas gays, trans, lesbianas o no binarias agredidas por su sexualidad en la guerra. Uno de tantos ejemplos es el de Vista Hermosa (Meta), donde las Farc obligó a la población a hacer pruebas masivas de VIH y desplazó a quienes se reconocían públicamente LGBTIQ+.

Estas son sus historias:

Colectivo Crisálidas (San Rafael, Antioquia)

Tras 20 años exigiendo respuestas sobre el asesinato de hombres gays en San Rafael, Antioquia, el colectivo Crisálida logró ser reconocido como sujeto de reparación colectiva por la Unidad de Víctimas. En el 2000, Carlos Alberto Arboleda fue asesinado por haber reclamado a un paramilitar sobre un abuso de autoridad en el municipio. Él, también conocido como Sardino, fue golpeado de gravedad por otros integrantes de las autodefensas y mientras se trasladaban al hospital de Rionegro junto con un compañero, recibieron tiros de gracia a manos del Bloque Metro de las AUC.

Arboleda era la cabeza visible de un grupo de hombres, en su mayoría gays y trans, que usaban la cultura para crear empatía y lograr que la sexualidad diversa fuese aceptada en el municipio.

El asesinato de Sardino, su compañero, y su hermano, a quienes mataron por reclamar justicia, motivó a otras personas LGBTIQ+ a defender su sexualidad y los derechos que constantemente les eran vulnerados por paramilitares y guerrilleros de las Farc.

A través de eventos culturales, obras de teatro, reinados de belleza LGBTIQ+ y actividades deportivas se consolidaron como colectivo en San Rafael para luchar por sus derechos.

“El asesinato de Sardino provocó una desbandada del grupo, muchos se desplazaron, otros se ocultaron y todos sufrieron una ruptura de un momento a otro frente a su realización personal. Los ‘espacios culturales mariquiados’ protegieron por décadas la vida de sexualidad diversa y de la noche a la mañana, con los actores armados, se cultivó un desprecio inexplicable hacia sus iniciativas culturales”, explica Caribe Afirmativo, una ONG que vela por los derechos LGBTIQ+.

Tras 21 años del asesinato de Sardino, aún no hay sentencias o responsables identificados de su crimen, que es considerado un ataque contra la sexualidad diversa.

Colectivo Mesa Diversa del Carmen de Bolívar (Bolívar)

Antes de que guerrillas, militares y autodefensas abundaran en los Montes de María, este colectivo LGBTIQ+ se dedicaba a utilizar la música y los saberes ancestrales afros como forma de luchar por su inclusión y la garantía de sus derechos. La región, considerada como uno de los laboratorios del desplazamiento forzado y la violencia sistemática, también afectó a los integrantes de Mesa Diversa, pues sus bailes, canciones o eventos culturales fueron restringiéndose poco a poco. Los grupos armados, incluyendo la Policía, Ejército o la Infantería de Marina consideraron a este grupo “una amenaza para el territorio y una expresión de inmoralidad”, por lo cual fueron perseguidos y estigmatizados durante años.

“Quienes resistían a su marginalización, eran llevados hasta las zonas rurales del municipio para aplicarles violencia ejemplarizante, hacerles víctimas de violencia sexual o darles una golpiza como señal de corrección. Otras más fueron desplazadas, amenazadas y asesinadas y algunas siguen hoy desaparecidas”, describen los informes que llegaron a la Comisión de la Verdad.

La Unidad de Víctimas, tras comprobar que esa violencia contra LGBTIQ+ en Montes de María afectó de manera colectiva, los reconoció como víctimas. Su reconocimiento como sujetos de reparación conjunta no solo fue la primera a una organización en el Caribe, también aceptó que los efectos del conflicto, incluso para las personas de sexualidad diversa, fueron más crudas contra poblaciones étnicas.

Chaparral Diverso (Tolima)

En el departamento donde históricamente se gestó la guerrilla de las Farc hay un movimiento LGBTIQ+ que durante años ha visibilizado la lucha de la sexualidad diversa. Frente a la ausencia estatal en el departamento, y específicamente en Chaparral, estas personas se juntaron para construir espacios culturales y procesos de visibilización a personas gays y trans. Una de sus principales actividades era hacer cada año un reinado trans para concientizar a la sociedad de la importancia de la sexualidad diversa.

Tuvieron un gran respaldo social por sus labores artísticas y de activismo en favor de los derechos LGBTIQ+ hasta que fueron estigmatizados por la guerrilla y obligados, a través del control territorial de este grupo, a silenciar sus actividades. El colectivo reportó que todo el grupo fue objeto de amenazas, desplazamientos forzados, feminicidios y numerosos intentos de asesinato.

“Sus sobrevivientes, desafiando el poderío de las Farc, mantuvieron sus actividades (entre ellos el reinado trans) e hicieron de estas una fuente de empoderamiento trans en el entorno tolimense”.

Casa Diversa (Medellín)

Un pequeño grupo de jóvenes se reúnen en la comuna 8, de Medellín, para crear lo que décadas después sería un referente en la lucha por los derechos LGBTIQ+. La mayoría de ellos siendo jóvenes tuvieron que vivir lo más crudo del conflicto en las comunas del Valle de Aburrá, entre esas acciones las incursiones paramilitares en los barrios de la ciudad, la desaparición forzada que aumentó en la época y los constantes toques de queda impuestos por autodefensas y grupos guerrilleros.

Desde su fundación han trabajado por hacer pedagogía sobre el papel de la sexualidad diversa en la sociedad y además, han documentado minuciosamente la victimización que esa población ha sufrido en medio de la guerra. Incluso, presentaron informes a la Comisión de la Verdad para argumentar que su activismo por defender la sexualidad y las identidades de género diversas se convirtieron en el motivo para ser principales blancos del conflicto. Casi 20 años después de haber nacido, Casa Diversa sigue enfrentando estigmas por defender a LGBTIQ+.

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