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Un cráter entre Medellín y Bello no da espera: vecinos viven al borde del abismo

Estos son los tubos que el Juzgado exigió ampliar para evitar la caída libre. Foto: Manuel Saldarriaga.

MIGUEL OSORIO MONTOYA

La creciente de la quebrada La Madera causó una emergencia. Aunque las obras de mitigación avanzan, la calle y el terreno siguen cediendo.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

Archivo:ElColombiano.svg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Los habitantes de Santander y Barrio Nuevo —en la frontera entre Medellín y Bello— se acostumbraron a vivir en medio de una obra que pareciera no tener fin. Cada tanto se activa una sirena que provoca un comentario que se repite, casi calcado: van a estallar una piedra. Efectivamente, unos segundos después truena una detonación, que hace estremecer. Pero a la gente no le asusta ese ruido, lo que en realidad le quita el sueño es la quebrada La Madera, que pasa por allí en su descenso hacia el río.

Esta es una historia de más de 20 años, pero que se materializó el 30 de noviembre de 2021. Como ya lo venían advirtiendo desde hace dos décadas los vecinos, la quebrada se creció y se llevó tres casas por delante. A pesar de que habían puesto tutelas y una acción popular, el clamor no fue escuchado y lo peor estaba por ocurrir. El 2 de junio de este año, una nueva creciente se llevó la vía que conecta a Medellín y Bello, y se armó un cráter enorme, que dejó incomunicados a los barrios.

La quebrada sirve de frontera natural entre Medellín y Bello. Eso, que parece circunstancial, ha complicado las cosas, pues las decisiones administrativas se enredan ante la frágil línea divisoria de los municipios.

Pues bien, pese a que el gran derrumbe fue hace ya seis meses, el cráter sigue abierto y las consecuencias son nefastas. El pasado domingo, otro aguacero cayó sobre el oriente de Medellín y la quebrada, que nace en San Félix, se creció. El agua se llevó lo que quedaba faltando de la calle, que se cayó. Hoy no es posible ir de un barrio al otro ni en moto, y el temor de todos es que el agua siga socavando el terreno.

Los vecinos creen que esto es producto de otro mal reciente. En septiembre, EPM instaló dos tubos de descarga de aguas residuales a la quebrada. Son enormes y están puestos sobre un costado, junto a la tienda de David Mesa. El tendero, frente a los tubos, dice que ha perdido un 60% de los clientes desde que la calle se vino abajo. Desde que pusieron las tuberías, además, tiene que cubrirse la piel para que no lo piquen los zancudos, que ahora abundan. El olor también es desagradable y da al lugar un aire de insalubridad.

María Eugenia Ocampo vive junto a la quebrada. Después del derrumbe, que se llevó un muro de contención, su casa quedó expuesta al capricho del agua. La pared izquierda de su casa da ahora a un barranco de por lo menos cinco metros. En frente suyo están los dos tubos de EPM, descargando el agua en la quebrada. En vez de recibir una solución, las cosas solo se han complicado.

Las lluvias del domingo se llevaron un pedazo de tierra que dejaron su casa aún más expuesta. El retiro del barranco era de tres metros y ahora, con el último aguacero, es apenas de metro y medio. Con desespero, le echa la culpa a los tubos de agua de socavar el terreno. “Esa caída de agua, que es de varios metros, ha hecho un hueco en la tierra, por donde el agua se ha ido metiendo. Estamos pidiendo que se construya un muro de contención para que no se nos lleve la casa”, dice María Eugenia.

Por eso, la vecina instauró una tutela, con pedido de medida provisional, para que el muro se construya de manera urgente. Además, pide que los tubos se extiendan hasta el cauce, para así evitar la caída libre del agua. Su petición fue escuchada. Este 29 de noviembre, el Juzgado Tercero Civil de Municipal de Oralidad de Medellín admitió la tutela y exigió al Distrito de Medellín alargar los tubos y construir el muro pedido. “Evitar que se produzca la caída libre del líquido con tal presión que se incremente el potencial erosivo sobre la fuente hídrica, sus márgenes y laderas”, argumenta el Juzgado.

Lo que temen los habitantes del barrio es que las obras de reparación, que ahora están a cargo de Bello, avanzan con lentitud, y eso puede jugar en contra. El abogado Juan José Largo, que ha acompañado a la comunidad, recuerda que en septiembre el Juzgado 14 les exigió a los municipios de Medellín y Bello entregar un cronograma de la obra y estudio técnico sobre las condiciones hidrológicas e hidráulicas de la quebrada. Los entes municipales no lo hicieron, por lo que los demandantes interpusieron una orden de desacato.

El 22 de septiembre, Medellín pidió que se le diera una prórroga para entregar el cronograma y el estudio, que el Juzgado aceptó. El 4 de octubre, finalmente, entregaron la información. “Pero lo hicieron de manera incompleta. No había respuestas específicas. Les entregamos un formulario con preguntas que a la fecha no han respondido”, comenta el abogado.

Respuestas oficiales

EL COLOMBIANO consultó a las alcaldías de Bello y Medellín, además de EPM, para conocer su versión del daño. Luz Adriana Toro, secretaria de Obras Públicas de Bello, respondió que hay cuatro contratos activos para la mitigación, los estudios y diseños y la obra. Ahora se están haciendo las obras finales, por un valor de 3.421 millones de pesos. La funcionaria agregó que le han enviado comunicaciones a EPM para que haga “obras de mitigación urgentes” para reparar fugas en tubos de acueductos.

Toro dijo que la alcaldía ha estado al tanto de lo que pasa allí desde el comienzo y dijo que EPM los ha “dejado solos”, que la empresa no ha “colaborado”.

EPM, en respuesta a este medio, dejó claro que la emergencia no tuvo que ver con las redes de acueducto o alcantarillado. La empresa contestó que es la presión de la quebrada lo que generó el hundimiento del terreno. En cuanto a los tubos de los que la gente se queja, EPM respondió que estos permiten verter el agua en un pozo de la quebrada sin que se socaven las riberas. “EPM frente a los requerimientos de la comunidad ha realizado y continuará realizando acciones, que, dentro de su competencia, nos permitan mitigar los riesgos y proteger la infraestructura de servicios públicos”, contestó la empresa.

Las obras para reparar el daño las está adelantando Bello, en su parte, pero de Medellín no han empezado todavía. La casa de María Eugenia, por ejemplo, está en Medellín, y no ha recibido todavía ningún beneficio de las obras. Solo espera que las trabas administrativas y los trámites judiciales avancen más rápido con la quebrada, que cada vez amenaza más con llevarse su casa.

 

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