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Récords en homicidios: las dos caras de Medellín

La cuarentena y el aumento de la vigilancia callejera ayudaron a disminuir homicidios en marzo, en Medellín. FOTO EDWIN BUSTAMANTE

Por: NELSON MATTA COLORADO

Marzo de 2020 quedó en la historia como el mes con menos asesinatos en la capital de Antioquia en las últimas cuatro décadas, al sumar solo 19 casos.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

El Colombiano

En el otro extremo está diciembre de 1992, con el doloroso récord de 698 homicidios. La estadística habla de dos medellines, separadas por 28 años y 64.919 funerales de distancia.

Estos datos salen de un reporte del Sistema de Información para la Seguridad y Convivencia (Sisc) de la Alcaldía, en el cual se detalla que las cifras de 1979 a 2002 fueron tomadas de las Estadísticas Vitales del Dane; de allí en adelante se construyeron con los registros de Medicina Legal, Policía y CTI.

Respecto a marzo, en principio se reportaron 18 asesinatos, pero ayer se contabilizó uno más, debido a que un hombre fue tiroteado el 6 de marzo y pereció a los 30 días en un hospital. La víctima fue Ánderson Pacheco Maldonado, de 31 años, que durante el ataque estaba en un local del barrio Villa Nueva.

La cuarentena por el coronavirus obró como barrera de contención contra las muertes violentas en ese mes, tal cual reconocieron las autoridades. El aislamiento de la población y el cierre de eventos masivos, bares y tabernas, minimizaron los crímenes derivados de riñas callejeras; a la vez se enfriaron los conflictos latentes entre combos que venían perjudicando la tranquilidad en Castilla, San Javier, Belén y Altavista.

La actividad de los sicarios se concentró en Bello, que con 20 homicidios superó a Medellín por primera vez en el siglo 21. De hecho, el ataque más grave perpetrado en la capital paisa en marzo sucedió por una vendetta originada en aquella localidad, el día 5, cuando dos presuntos miembros de la banda “Pachelly” fueron seguidos desde allá y acribillados dentro de un automóvil, en Castilla.

Al presentar el balance, el secretario de Seguridad, José Acevedo, celebró que entre febrero y marzo mermaron los homicidios, al pasar de 41 a 19. “No podemos desconocer que la crisis de la covid-19 tiene influencia en ello, pero los invitamos a que todos valoremos la vida”, declaró.

El alcalde Daniel Quintero, emocionado por la mayor reducción de este delito en 40 años, felicitó a las autoridades en su cuenta de Twitter. No obstante, apenas empezó a recibir críticas en esa red social, por parte de ciudadanos que lo cuestionaban por atribuirle a la Fuerza Pública un logro que más bien era resultado de la cuarentena, borró el trino.

A juicio del analista Boris Castaño, el mandatario no estaba del todo mal, pues “el componente institucional (de Policía) está totalmente volcado al control en las calles, y los demás planes operacionales están parados o en su mínima expresión” (ver recuadro).

Pensar en el mes más pacífico también impulsa a la memoria a indagar, por contraste, cuál fue el más violento: aquel diciembre de 1992, con 698 vidas sesgadas. ¿Qué pasaba en la metrópoli en ese entonces?

Un aislamiento distinto

En ese año, Medellín era el escenario de múltiples guerras, cuyos protagonistas eran el cartel de Pablo Escobar y sus enemigos de Cali, la banda “los Pepes”, más la suma de combos barriales. En la periferia también actuaban las milicias guerrilleras.

La peor expresión de estas disputas eran las bombas, masacres indiscriminadas y atentados contra la Policía, declarada objetivo militar por los secuaces de Escobar.

Entre los hechos más luctuosos estuvo el carrobomba del sector Estadio, que el 2 de diciembre mató a 10 policías, tres civiles y dejó 19 heridos. A los 11 días, los comandos urbanos del Eln dinamitaron seis sedes políticas en la ciudad.

El 19 de diciembre mataron al capitán Fernando Posada Hoyos, jefe Regional de Inteligencia de la Sijín. Con explosivos destruyeron su casa en el barrio El Nogal, y cuando salió los sicarios lo acribillaron.

A las 7:30 p.m. del 26 de diciembre abalearon a dos escoltas que custodiaban la casa del gobernador Juan Gómez, en El Poblado. Y a la medianoche, un grupo de mercenarios en un taxi recorrió el oriente, masacrando a seis personas en el barrio La Milagrosa, dos en El Salvador y tres más en Las Palmas.

Dos días después, otro carrobomba estalló en Carlos E. Restrepo, matando a dos uniformados y dejando 46 heridos.

Luis A. Ramos era el alcalde (1992-94) y recuerda que “había un aislamiento de la ciudadanía, debido al temor que infundía la guerra. El aislamiento de ahora es para proteger la salud, y también la vida”, reflexionó.

Su secretario de Gobierno, Gustavo Bustamante, dice que en aquellos días “tratamos de tomar medidas que fueran eficaces para la seguridad, pero menos lesivas para la movilidad de las personas”.

Algunas de esas decisiones fueron prohibir el parqueo de carros en las calles (para evitar pánico por carrobombas), militarizar comunas, ley seca, restringir las motos con parrilleros y exigir que los automotores circularan con la luz interior encendida, entre otras.

Después de ese clímax de inseguridad, inició un descenso en la curva estadística de homicidios, hasta llegar a las actuales cifras de dos dígitos mensuales.

A pesar de ser dos realidades tan diferentes, tanto en marzo de 2020 como en diciembre de 1992 hubo factores externos que obligaron al encierro de los medellinenses. El periodista Gustavo Ospina, de esta casa editorial, escribió el 31 de diciembre de aquel trágico año un artículo titulado “Palabras de una ciudad sitiada”.

Allí lamentó los efectos de la violencia: “¿Para qué sus calles si la vida está encerrada? ¿Para qué este soleado diciembre si la muerte violenta lo oscurece todo? (…) La vida se ha vuelto un resguardarse. ¿Será que el 93, que apenas nacerá mañana, empezará a ser testigo del nacimiento de una nueva ciudad donde reinen la convivencia y la alegría?”.

CONTEXTO DE LA NOTICIA

PARA SABER MÁS

FACTORES DE REDUCCIÓN DEL DELITO

Boris Castaño, analista del conflicto urbano y miembro de la Corporación Innova Idea Estrategia (I2E), comentó que “la cuarentena tuvo que ver con la reducción de homicidios de marzo, porque muchas personas estaban resguardadas y la criminalidad necesita de la gente en las calles para ocultarse, porque entre ellos se conocen, y por eso se redujeron los enfrentamientos entre bandas. También influyó que toda la Policía está volcada al control en las calles, y sus especialidades (Policía Ambiental, Escoltas, Infancia, Tránsito, etc.) están operando a su mínima expresión, para sumarse a la vigilancia y al control de motos y carros”.

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