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Qué dirían los árboles de Medellín si hablaran

Ceiba bonga (Ceiba pentandra) ubicada en el parque Olano de Prado. Este ejemplar es testigo de la fundación del barrio, en 1926. FOTO EDWIN BUSTAMANTE
RONAL CASTAÑEDA

El carbonero de Medellín (Caliandra medellinensis), un árbol de 4 o 5 metros, es la obsesión de algunos botánicos.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

Noticias de fútbol | El Colombiano

Se considera que está en peligro de extinción y es difícil de encontrar: se han registrado 30 ejemplares dentro del área metropolitana en el Sistema de Árbol Urbano, SAU.

La existencia lo documentó, por primera vez, Rafael Toro en 1927, luego fue clasificado por dos botánicos estadounidenses, Nathaniel Lord Britton y Joseph Nelson Rose, en los años 40 y 50 del siglo pasado.

“Para nosotros es muy especial porque tal vez es el único arbolito en todo el planeta que solo crece en las condiciones ambientales del Valle de Aburrá”, señala el ingeniero forestal y experto en arbolado urbano, Mauricio Jaramillo.

Es importante por ser endémico (del Valle de Aburrá), su escasez y difícil reproducción. Cuenta el experto que se han propagado en el Jardín Botánico a partir de esquejes: “Tiene una rareza, al parecer no es una especie, sino un híbrido (cruce o descendencia de dos especies)”. Sin embargo, el estudio filogenético, liderado por el Jardín Botánico, descartó está hipótesis porque en la secuencia molecular se estableció que Calliandra medellinensis tiene una identidad propia y una cercanía evolutiva con el Calliandra magdalenae. La recomendación de la investigación es implementar la siembra de C. medellinensis en conjunto con C. magdalenae para determinar si hay polinización entre ella y lograr su reproducción.

Se ha hablado de declararlo como especie emblemática de la ciudad a través del Concejo de Medellín, pero se necesita voluntad política de los corporados, que sea propuesto por la administración municipal o de una iniciativa ciudadana.

Un ejemplar del carbonero de Medellín –de la especie Caliandra, hermano de otros carboneros– está detrás de la estatua del parque de Bolívar (foto). Tiene cerca de cuatro metros de altura, copa redondeada y una fluorescencia en forma de escobilla, con estambres rojos. Este es uno de los 697 árboles que son “patrimonio natural y cultural” de Medellín por su alto valor histórico, simbólico, ecológico y paisajístico, de acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente de Medellín. De los 697, solo 227 hacen parte de una categoría definida como “históricos”, 376 son “de interés público” y 94 “notables”.

El enfoque cultural aplicado a la flora es nuevo en el país, apunta Lucenit Solano, ingeniera agrónoma que ha estado al frente del proyecto desde 2012, cuando se empezó a hacer el inventario. “En Colombia se ha trabajado ligado a lo histórico, caso Bogotá y Barranquilla”, no desde lo cultural, comenta la experta.

“No hablamos de árboles y palmas patrimoniales porque todos nos prestan servicios ecosistémicos, en ese sentido ninguno es más importante que otro. Hacemos énfasis en que, además, estos tienen memoria, identidad y cultura porque cada uno evoca una calle o comuna, y dan cuenta de lo que fue Medellín”, explica Solano, representante en el comité de Silvicultura Urbana y Paisajismo que conforman varias Secretarías y entidades descentralizadas de Medellín.

Clasificación
En la categoría de históricos hay individuos de más de 50 años. Su presencia está relacionada a la memoria de la construcción de cada territorio; con el tiempo adquieren identidad y se vuelven referentes para los habitantes, como cuando se ubica una calle por un árbol o se nombra un barrio por la especie del sector. Son 125, la mayoría ubicados en el Centro, con especímenes en El Poblado, Robledo, La Floresta. También hacen parte de este grupo 102 guayacanes amarillos y rosados que fueron sembrados cuando se hizo el barrio Prado, en 1926, por iniciativa de Ricardo Olano y, por lo tanto, dan cuenta de ese surgimiento.

“Los urbanistas querían mostrar esa gallardía y empuje antioqueño a través de un árbol”, comenta el historiador ambiental Óscar Javier Zapata Gómez, uno de los peritos involucrados en las fases de investigación que se hicieron entre 2012 y 2019 para identificar árboles especiales.

Para el profesional, los árboles son testigos vivos de lo que fue la ciudad, como el más antiguo de Medellín del que se tiene referencia hasta ahora, una ceiba bonga (Ceiba pentandra) que está en La Playa, entre la avenida Oriental y El Palo. De ella quedó registro en 1926, en un artículo publicado en la Revista Progreso en el que se habló de los primeros árboles, “ceibas de las riberas del río Cauca… las mandó a traer y las hizo plantar D. Gabriel Echeverri hacia 1857, en la avenida derecha del riachuelo de Santa Elena”, dice la ficha técnica de valoración 201 del proyecto Patrimonio Natural y Cultural de Medellín.

“Esa ceiba evoca la quebrada Santa Elena, a los precursores del civismo de Medellín, que pensaron en decorar esa quebrada teniendo como referentes los paisajes europeos”, comenta el historiador Zapata.

Así sucede con los árboles del parque de San Ignacio. Para 1803, Fray Rafael de la Serna comenzó la construcción del conjunto franciscano que hoy conforman las estructuras del Paraninfo, la iglesia y el claustro. Gracias a una captura del fotógrafo Gonzalo Gaviria de 1875 se supo que las dos palmas reales que hoy se erigen en el frontis de la iglesia son de 1870 aproximadamente, comenta el investigador Zapata. De esta misma época son unos ejemplares de ceibas bonga, gualanday, búcaro y piñón de oreja que adornan esta plazuela.

Los árboles notables son 94 ejemplares seleccionados por sus características fenotípicas (físicas), como altura, floración, belleza, singularidad, valor estético. Es un grupo que impacta el paisaje, como el bala de cañón (Couroupita guianensis) que está en el centro del parque de Belén y es atractivo turístico por sus extrañas flores y semillas, o como el cámbulo de la glorieta de San Diego, que cuando florece se ve como un bombillo anaranjado que colorea el paisaje urbano.

Hay 376 identificados de interés público, calificación que se recoge por la especie o la localización. Son relativamente jóvenes (entre los 30 y 40 años) y “hacen fila” para ser notables o históricos. Entre ellos se reconocen los almendros y la ceiba de la Estación Ferrocarril, al lado de la locomotora, o los cedros que hay en la entrada de la Cuarta Brigada, en el barrio Estadio.

¿Cómo se protegen?
A partir del año pasado, cuando se promulgó el decreto, de los 697 árboles y palmas considerados como patrimonio natural y cultural de Medellín, se han perdido siete por maltrato humano, falta de atención o plagas: una palma real que estaba en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, un caucho ubicado en Belén, el gualanday que estaba en Ayacucho, una palma real que estaba en la iglesia de San José del Centro, otra en la calle Bolivia, entre El Palo y Girardot, y una palma fénix que estaba en Boston.

Para proteger a estos árboles y palmas especiales se promovió el decreto 598 de 2019, en el que se definió el tratamiento hacia estos individuos para su recuperación, mejoramiento y mantenimiento. Entre las actividades hay limpieza, podas, cerramiento, fertilización, control integrado de plagas y enfermedades.

Las intervenciones se hacen por etapas. Por ejemplo, entre agosto y septiembre de este año se hizo una en San Javier de 34 árboles ylang-ylang (Cananga odorata) que fueron sembrados desde la creación del barrio, en 1946. A cada especimen se le hizo un diagnóstico y mantenimiento. A algunos una “radiografía” con tomógrafos, un escáner que funciona con ondas sonoras y que ayuda a identificar el daño interior de cada especimen y así preveer el riesgo.

La siguiente intervención será en octubre a los 102 guayacanes protegidos de Prado, “nuestros abuelos”, dice Lucinet, que les habla como humanos, “necesitan sostenerse y recibir vitaminas”.

Es vida
Independiente de los valores culturales, genéticos o históricos que tienen los árboles, señala el ingeniero forestal Mauricio Jaramillo, siguen siendo “grandes seres” que brindan servicios como “sombra, confort térmico, embellecimiento del paisaje, albergue para insectos, aves, reptiles y algunos mamíferos, liberan oxígeno en su proceso metabólico de fotosíntesis” (ver recuadro).

En septiembre, considerado como el mes del patrimonio, la Secretaría de Medio Ambiente de Medellín hace un llamado para protegerlos: “Es muy importante que la ciudadanía se apropie, conozca su valor histórico y cultural. Es reconocer nuestra propia identidad”, comenta la secretaria (e) Sandra Suárez. Cada ciudadano puede hacer algo por un árbol, no maltratarlos, no orinar en ellos ni ubicarle basuras a sus pies.

Tienen más importancia de la que se cree. Jaramillo apunta a que las únicas especies vegetales que se sembraron en la Plazuela Nutibara, una vez se selló la canalización de la quebrada Santa Elena, fueron las palmas canariensis (Phoenix canariensis) y “hoy, cuando ve esa plazuela, ellas tienen más poder que los edificios. Son referentes de Medellín en el mundo”.

¿Qué diría un árbol si hablara?, se pregunta Lucenit Solano. Tal vez que por acá pasó un tranvía, que allí había una ceiba rosada, que allá una casona antigua, que antes le daba sombra a una quebrada, a esa otra Medellín.

CONTEXTO DE LA NOTICIA
EN UN MINUTO
CUÁLES SON LOS BENEFICIOS DEL LOS ÁRBOLES
Mauricio Jaramillo
ingeniero forestal

¿Por qué son importantes?

“Cuando caminamos alrededor de estos individuos, las personas se sienten relajadas sin percibirlo…. Un árbol grande, sea joven, mediano o muy adulto sigue prestando los mismos beneficios ambientales, se vuelven nichos ecológicos o ecosistemas propios”.

¿Cómo saber que presta esos servicios?

“El mejor indicio son sus hojas verdes, que indican que está llevando a cabo todos sus procesos fotosintéticos y de metabolismo”.

¿Qué producen?

“Cada una de las células producen metabolitos secundarios, mecanismos de adaptación para adaptarse al medio y que ayudan al ser humano… Por eso cada vez se hacen más conocidos los llamados ‘baños de bosque’, estar cinco horas en un lugar rodeado de árboles para recibir todos esos productos exhalados por los árboles”.

¿Qué podemos aprender de ellos?

“A tener más sensibilidad. Los árboles no son mágicos pero son poderosos, representa seguridad y bienestar para los seres humanos. Podríamos ser mejores vecinos y más admiradores, debemos aprender a reconocerlos como seres con inteligencia”.

 

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