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Estos son los detalles más íntimos de la vida de Vicente Fernández

Vicente Fernández en Colombia en el año 2005. FOTO EL COLOMBIANO

POR JAIME HORACIO ARANGO D

En 60 años de carrera, el gran ídolo de la canción mexicana dejó 100 álbumes y 22 películas.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

Perfil - Juan Carlos Higuita - Violin

Dueño de una voz grave, ronca y potente, de esas que suenan sin necesidad de que los micrófonos la amplifiquen, Vicente Fernández ostentó el título del artista vivo más importante de México: era el rey de la ranchera.

Hizo parte de lo que en su país se conoce como los “cuatro gallos” de la música, al lado de los ya fallecidos Jorge Negrete (1953), Pedro Infante (1957) y Javier Solís (1966).

Chente tenía 81 años este 12 de diciembre cuando murió, justamente el día de la Virgen de Guadalupe, de quien era devoto y a quien siempre, este día, le cantaba las mañanitas, porque había mucho que agradecer, decía él. Fernández inició su camino en la música en 1954 cantando en restaurantes y matrimonios, para luego integrar algunos grupos de mariachis.

Su afición por este género musical llegó de niño, en esos días en los que iba a ver en el viejo cine de su pueblo, Huentitán el Alto, en Jalisco, las películas de Pedro Infante y le decía a su mamá que, reseña su biografía oficial en su página web, “cuando yo crezca voy a ser como él”.

Tras varios intentos frustrados para firmar con algún sello discográfico, su suerte cambió en 1966, ocho días después de la muerte del ídolo Javier Solís. Las disqueras comenzaron a llamarlo con la idea de lanzar a la nueva figura de la música regional mexicana.

Firmó con CBS (hoy Sony) y lanzó sus primeros éxitos Tu camino y el mío, Perdóname y Cantina del barrio. Desde entonces lució su bigote, el traje de mariachi lleno de brillantes y encajes, acompañado por el sombrero que se levantaba para saludar al público.

A rey muerto…

El primer gran éxito de Vicente, el que lo convirtió en el “nuevo rey de la música ranchera” fue la canción Volver, volver, en 1976, tema compuesto por Fernando Maldonado que rompió todos los récords de venta y se convirtió en un himno. Es esa canción la que Chente pidió para su funeral. Lo contó al lado de su hijo Alejandro, en un concierto que no tiene fecha clara, pero que quedó en un video de YouTube: “Creo que el día que me estén sepultando la va a cantar todo el mundo, en donde quiera que estén”.

A la par de su vertiginosa carrera en la música, su rostro y nombre llegaron a los cines. Rodó 22 películas, la primera en 1971 y la última en 1982, entre las que resaltan títulos como La ley del monte, El tahúr, Dios los cría, Picardía mexicana, El cuatrero y Por tu maldito amor.

Si su carrera cinematográfica fue prolífica, su camino en la música fue mucho mayor, con la increíble suma de 100 álbumes grabados, todos de la mano del sello Sony Music.

Casado con María del Refugio Abarca Villaseñor, a la que llamaba “Cuquita”, tuvo cuatro hijos: Vicente, Gerardo, Alejandro y Alejandra, esta última adoptada.

Sin fronteras

A medida que su carrera creció, los medios y los seguidores le acuñaban títulos y remoquetes. El más sonado y que aún conserva es el de “Ídolo de México”, mientras que adoptó una frase que lo acompañó por el resto de su carrera: “Mientras ustedes no dejen de aplaudir, su Chente no deja de cantar”. Sus espectáculos se alargaban hasta tres horas porque la gente no dejaba de aplaudir, y él de cantar.

Su reconocimiento trascendió fronteras. “El mexicano Vicente Fernández es el (Frank) Sinatra de la música ranchera. Es el cantante supremo; el hombre que hizo las cosas a su manera”, reseñó en 1991 el diario The Houston Chronicle, de Estados Unidos.

En Colombia tenía un público devoto e inspiró a artistas como Darío Gómez y Luis Alberto Posada, que arrancaron haciendo rancheras. Las letras de las canciones del mexicano coincidieron con la cultura que se vivió en Medellín en los años 90. Eran populares y le cantaban a lo real y cotidiano, de ahí su importancia y cercanía con el público paisa. Eso lo hizo grande.

El 7 de agosto de 2012 fue la última vez que cantó en esta ciudad, con más de 2.000 personas coreando sus canciones en La Macarena.

Mil despedidas

Uno de los mitos que se tejieron alrededor de su nombre era que su voz, como los buenos vinos, mejoraba con el tiempo. Prueba de ello son las múltiples giras de despedida que organizó desde principios del siglo XXI, anuncios que el mismo incumplía constantemente con nuevas canciones y conciertos por América.

Fue en 2016 cuando consideró de manera definitiva alejarse de los escenarios y refugiarse en su rancho en Guadalajara. Lo hizo después de una gira por Centroamérica, Sudamérica, España, Estados Unidos y México, cuando afirmó que se retiraba de los escenarios por el temor a que un día pudiera “causar lástima” y “defraudar a su público”, al que tanto respeto profesaba.

Aunque siguió grabando discos y haciendo algunos programas de televisión.

Chente recibió todo tipo de galardones y reconocimientos, entre ellos Grammy y premios Lo Nuestro. Siempre encabezó los listados de la Revista Billboard y en 45 años vendió más de 65 millones de discos. “Tengo más de 100 álbumes en el mercado y he grabado más de 300 canciones que aún no se han dado a conocer. Mi vicio es cantar”, expresó el día que anunció su despedida de los escenarios, no sin antes confirmar que dejó grabados 20 álbumes más con material que será presentado en las décadas futuras.

Su vida pública no estuvo exenta de polémicas en especial por rumores de infidelidad, declaraciones homófobas y sus comentarios en contra de Donald Trump que hizo durante su concierto de despedida.

También una denuncia que se conoció este año cuando se difundió un video donde aparece tocando el pecho de una joven sin su consentimiento. Pese a las sindicaciones directas, Fernández nunca aceptó los hechos.

Una de sus grandes satisfacciones fue haber compartido escenario con sus hijos Alejandro y Vicente, quienes han seguido el camino de su padre, aunque sin el impacto.

En los últimos años estuvo con problemas de salud. Superó un cáncer de próstata en 2002, la extirpación de un tumor en el hígado en 2012, una trombosis que le hizo perder la voz en 2013 y una cirugía para extraerle tres hernias abdominales en 2015. Los últimos meses fueron de visitas frecuentes al hospital, tras una caída que le provocó una lesión en la columna y la detección del síndrome de Guillain-Barré. La voz de Chente se apagó, pero sus canciones seguirán sonando hasta que la gente quiera aplaudir, porque al fin y al cabo él sigue siendo el rey.

 

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