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¿Cómo van las universidades locales con las clases virtuales?

Población del Valle del aburrá realiza estudios dentro de sus casas en forma virtual debido a la no asistencia presencial dentro de los colegios y universidades. FOTO: Manuel Saldarriaga Quintero.

POR DANIELA JIMÉNEZ GONZÁLEZ

¿Para qué sirve un módem de Internet de 20 MB en medio del campo, donde ni siquiera hay señal de celular? ¿Para qué sirve, además, un compendio de clases grabadas cuando no habrá tiempo para ponerse al día?.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

El Colombiano

Estas son las preguntas que se hace Valentina Arango, estudiante de la Universidad de Antioquia, quien pasa la cuarentena por la emergencia sanitaria en su casa en la vereda Tesorero de Antioquia, en Entrerríos. Allí no puede asistir a sus clases.

La lista de sus preocupaciones sigue: ¿Los profesores olvidan que hay estudiantes que no tienen computador o Internet?

Al igual que Arango, la población universitaria de la ciudad está en casa. Durante las últimas tres semanas, luego de que el presidente Iván Duque decretara el cierre de los salones de clase para disminuir los contagios por covid-19, las universidades locales se vieron obligadas a dar un salto para el cual aún no estaban listas: llevar cada uno de sus cursos y estudiantes a plataformas virtuales para salvar el semestre.

Ha sido, en palabras de Andrés Rico, docente de Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana, un intento por conservar los rituales de la presencialidad con algunas otras nuevas estrategias para no fallar en el intento.

Es otra forma de habitar el aula de clase: llamar a lista, aún cuando los estudiantes no estén físicamente ahí; establecer reglas (como el uso coordinado del micrófono para hablar) y jugársela por mantener, durante cinco horas de clase, la atención de grupos hasta de 25 personas conectadas en línea.

Rico señala, además, una serie de aprendizajes positivos. Es una forma de mantener el trabajo académico sin perder rigurosidad y disciplina. La universidad no se detiene y explora otras herramientas de enseñanza.

Con Rico coincide el rector de la Universidad de Medellín, César Guerra Arroyave, quien apunta que de este proceso imprevisto quedará un terreno allanado importante en el camino de convertir a Medellín en un Valle del Software: “Vamos a tener una virtualidad más contundente, más clara y necesaria para el mundo que nos espera, así como profesores más capacitados”.

Los baches en este proceso, sin embargo, son de esperarse. Según el último reporte del Ministerio de Educación Nacional, recogido en el Sistema de Educación Superior SNIES para 2018, en Antioquia hay 334.374 estudiantes matriculados en instituciones de este nivel académico: el 57,5 % en el sector oficial y el 42,5% en las universidades privadas. Solo en la Universidad de Antioquia, la institución pública más grande del departamento, la cifra de matriculados a 2019-2 es de 36.827 personas.

*Luis Martínez, estudiante de la Universidad de Medellín, cuenta que no solo lo abruma la desconexión, sino la incapacidad para instalar en sus casas algunos programas de diseño. La calidad de las clases se ha visto perjudicada, dice, y eso le deja inquietudes: ¿Qué es lo que les interesa a las directivas? ¿Lo importante es que los estudiantes aprendan o que terminen el semestre?

El aislamiento le puso desafíos a todos los sistemas de educación del mundo, que se adaptaron a nuevas interfaces. En España 9,5 millones de universitarios interrumpieron sus clases presenciales, e instituciones como la Universidad Camilo José Cela y la Complutense empezaron a ofrecerlas de forma virtual. Para facilitar la labor docente, el Ministerio de Universidades de este país implementó la plataforma Conect@ados, con material y metodologías pedagógicas.

Calendarios móviles

Adaptar los currículos detrás de las pantallas, para las instituciones educativas, respondió a planes improvisados por la emergencia y a semanas intensivas de acoplamiento. Les exigió aprovechar las experiencias previas que tenían.

Valentina recuerda que todo se inició con el bombardeo de correos institucionales que apuntaban a que iban a preparar a los profesores y estudiantes con clases a través de plataformas, aún cuando eso escapa de las posibilidades de varios estudiantes por no tener equipos para ello ni acceso a Internet.

Pero, agrega, ninguno de los pregrados que se dictan en el campus están diseñados para enseñarse solo en lo virtual. Piense usted en las ingenierías o los microbiólogos sin los laboratorios o en los estudiantes de Ciencias Sociales sin salidas de campo.

Andrés Ochoa, director del programa UPB Virtual de la Universidad Pontificia Bolivariana, recuerda que este proceso de transición, si bien fue llegando “de sorpresa”, les exigió cualificar a 1.500 docentes que no tenían experiencia en plataformas digitales. Hoy están en modalidad virtual 22.000 estudiantes y 3.000 maestros en 9.400 cursos. Ochoa precisa que, tras revisar la capacidad tecnológica de la UPB, este era el escenario que les resultaba más favorable.

Apunta que los estudiantes se han sentido tranquilos y que los casos que han presentado dificultades de acceso o conexión están siendo acompañados. Están trabajando con los proveedores de tecnología para disponer de software especializado en la nube. En el fondo, concluye, esta experiencia les ha dado chance para dar un salto tecnológico que antes no pensaban.

Así que, como indica Álvaro Gómez Fernández, vicerrector académico de la UPB, suspender o cancelar el semestre no es una opción, debido a que el Ministerio de Educación fue enfático en la necesidad de culminar el semestre con éxito. Las directivas son optimistas y tienen ya dos fechas de cierre de semestre: un primer corte el 25 de abril que les permitiría llegar al 81% del calendario evaluado con trece semanas de actividades. Un segundo corte hasta el 16 de mayo, con el 100% de cumplimiento.

Una vez la emergencia se supere y puedan regresar al campus, dice Gómez, iniciarán un programa de cursos intensivos presenciales para reforzar actividades que no pueden hacerse en lo virtual, como las prácticas o laboratorios.

En todo este plan de emergencia, precisa, se apoyan en los lineamientos de la Directiva No 04 de marzo de 2020 del Ministerio, la cual establece que las instituciones tienen hasta máximo el 30 de mayo para aplicar metodologías virtuales de formación.

Estudio sin evaluación
El primer paso en la Universidad de Antioquia, similar al caso de UPB, fue enseñar a usar plataformas digitales. Doris Ramírez, coordinadora de Ude@ Educación Virtual, enfatiza en que a pesar de que cuentan con programas 100 % virtuales, la Alma Máter tiene una trayectoria presencial. Por eso comenzaron enseñando a docentes cómo adaptar su clase a lo digital con conferencias o talleres (esta semana formaron a 2.000 profesores, 2.500 estudiantes y 900 empleados administrativos, que son claves para que todo funcione).

Ramírez reconoce que la universidad tiene claro que la conectividad de los estudiantes no es plena y que es posible que después de la emergencia muchos de ellos mencionen que no pudieron acceder a las clases o que hay sesiones prácticas que quedaron en vilo o sin empezar.

Además, dice, hay aspectos humanos que también cuentan en la ecuación, como la situación familiar de docentes y estudiantes, los equipos, el tiempo. La Universidad de Antioquia suma, incluso, otro pendiente: hoy se encuentran en anormalidad académica, es decir, avanzan en las clases a pesar de que los docentes no pueden hacer evaluaciones.

La solución es el seguimiento a situaciones particulares y la flexibilización de los cronogramas. Cuando vuelvan a la Ciudad Universitaria y a las diferentes sedes, apunta Ramírez, habrá tiempo de ajustar calendarios y darles aire a los programas para recuperar laboratorios y prácticas.

¿Cancelar el semestre? Al igual que en UPB, tampoco es una opción en la U. de A. porque, según Ramírez, eso sería añadirle más dificultades a los estudiantes, quienes interrumpirían su formación.

Las 15 carreras de pregrado y 84 programas de posgrado de la Universidad CES también van, por ahora y hasta el 13 de abril, en modalidad virtual. Entre la semana del 16 al 21 de marzo adelantaron 2.358 actividades entre clases, exámenes, exposiciones y reuniones.

Catalina Calle Pineda, jefe de CES Virtual, indicó que el protocolo para la contingencia sigue activo, ya con menos soporte y solicitudes.

En la Universidad Nacional sede Medellín, según los representantes estudiantiles Hami Gómez y Laura Mar Sossa, el semestre ha estado menos al margen de la educación virtual. Esto se debe a que las clases en curso correspondían al semestre 2019-2, que terminaron apenas el 28 de marzo. La semana que viene será solo de ajustes.

En la última reunión con las directivas de la sede definieron la creación de una encuesta de caracterización de los estudiantes para apoyar a aquellos que no pudieron desarrollar con éxito sus labores académicas.

Juan José Flórez, estudiante de esta institución, cuenta que sus profesores no hicieron clases virtuales y que algunos mandaron talleres. Otro docente, en cambio, no hizo el último parcial y terminó la asignatura con las notas que tenía.

Guerra Arroyave, de la Universidad de Medellín, relata que decidieron entrar en virtualización entre el 17 y 19 de marzo y que ahora tienen conectados al 80% de sus estudiantes. Dice que solo el 10 % de estudiantes y profesores está desconectado, lo que se traduce en unas 800 personas.

Para superar esta situación ayer comenzaron la entrega de 250 computadores y un acuerdo con el operador de internet Claro para reconectar a los estudiantes a través de las líneas institucionales.

El propósito es terminar el semestre, indicó Guerra, el 30 de mayo de 2020, tal como lo dictaminó el Ministerio de Educación. “Quizás no podamos conectar a todos los desconectados, es una realidad. Para ellos habrá unos cursos presenciales entre junio y enero de 2021, sin ningún costo y respaldados por la matrícula de este semestre”, dijo.

Otros estudiantes como Santiago Zuluaga, de la Universidad Ces, están satisfechos con sus avances en línea: “Uno pensaría que es difícil, pero la profesora tiene una aplicación donde nos va mostrando cada uno de los músculos o los huesos del tema que estamos viendo en el curso de Anatomía, entonces ha sido sencillo”.

Pero, para Valentina, cerrar a toda costa el calendario es dejar al margen y relegados a quienes no pueden acceder. Es una suerte de olvido. “Más egoísta sería decir que el que no puede, cancele”, comenta.

A esto se suma, según el docente Andrés Rico, un proceso en el que hay que revisar hasta el más pequeño de los detalles: el lugar en el que está el maestro, el plano en el que lo captura la cámara. Es decir, cuidados que no hagan sentir al estudiante que es un curso que se dicta por salir del paso.

Esta es una medida excepcional, recuerda Rico, y añade que sí hacen falta las salidas, cambiar de salones. Incluso el acto sencillo de prestar un libro en la biblioteca.

Por estos días, restablecer la cotidianidad es un trabajo de adaptación en contra de las costumbres y los impases de la tecnología. Es, también, un ejercicio de habitar de otra forma los espacios que se contaminan, cuando el cuarto es, a su vez, dormitorio y salón de clase .

*Nombre cambiado a petición de la fuente.

CONTEXTO DE LA NOTICIA

PARÉNTESIS

LAS DEL MUNICIPIO TAMBIÉN ESTÁN EN LÍNEA

De acuerdo con la Alcaldía de Medellín, las tres instituciones de educación superior del Municipio (Instituto Tecnológico Metropolitano – ITM, I. U. Pascual Bravo y la I. U. Colegio Mayor de Antioquia) cerraron sus campus el 15 de marzo. El Consejo Académico del ITM informó que hasta la semana pasada a la plataforma virtual habilitada en Teams, de Microsoft, accedieron 15.400 estudiantes y 659 docentes. En esta entidad, se suprimirán los resultados de las actividades evaluativas y parciales, realizadas desde que inició la contingencia (16 de marzo) y no se efectuarán las mismas mientras dure la emergencia por la covid-19.

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