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Carabobo Norte ajusta un año abandonado y destrozado

Los daños en la infraestructura son apreciables en la estación El Bosque (foto superior) como en el adoquinado de Carabobo. FOTOS MANUEL SALDARRIAGA

Este lugar, tan turístico, padece hoy por la falta de mantenimiento. Reinan desorden y suciedad.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

El Colombiano

En Carabobo Norte, bajo la sombra de un árbol, cuatro hombres se reúnen en torno a una tertulia espontánea. El tema de conversación gira sobre los adoquines arrancados y hasta ahora no repuestos, el vandalismo, los accidentes y la inseguridad. Jorge Prieto —el que más habla— señala un espacio de tres o cuatro metros cuadrados, de tierra pelada, donde hacen falta los adoquines. “Este hueco ya va a cumplir un año. Desde el paro los arrancaron y no los han repuesto. Llueve y se llena de agua, la gente se resbala”, comenta Jorge.

En general, esa zona norte de Medellín, donde están el Planetario, el Jardín Botánico, el Parque Norte y el Explora, está hoy deteriorada. Basta con mirar la estación El Bosque, donde alguna vez se detuvo el ferrocarril, para comprenderlo. Durante los meses más duros del paro corrió la voz de que dentro de sus paredes, un policía había violado a una mujer. De inmediato, los manifestantes se tornaron sobre el lugar y lo saquearon, llenándolo de mensajes contra el establecimiento y el abuso policial.

Pero la estación no solo está rayada. Sus paredes han sido socavadas y al descubierto quedaron sus entrañas de cañabrava. Desde septiembre del año pasado se anunció la restauración del lugar, símbolo arquitectónico de la ciudad y declarado patrimonio de la Nación desde 1996. Sin embargo, los meses han pasado y las oquedades continúan ocupando su lugar, incluso expandiéndose gracias a las manos de algunos ociosos.

Los signos de abandono, aunados al vandalismo y la falta de cultura ciudadana se evidencian en Carabobo Norte, uno de los puntos turísticos de Medellín por excelencia. Cerca a la tertulia que preside Jorge hay un bache, sobre la vía, en los adoquines que fueron arrancados durante el paro. Jorge recuerda que algunos manifestantes los lanzaron a la policía. Aunque no los han repuesto, se ha tratado de remendarlos con cemento. La cura, sin embargo, ha salido peor que la enfermedad, pues el propio cemento se ha resquebrajado.

Uno de los contertulios cuenta: “Ahí se han caído varias personas. No hace mucho, una mujer, que iba en moto, se resbaló en ese cemento. Voló, cayó al suelo. Se rompió”.

En los tiempos del paro no solo la emprendieron contra la estación del Bosque. Al frente del Parque de los Deseos, rebautizado por los propios manifestantes como el de la Resistencia, estaba la sede de Derechos Humanos de la Personería de Medellín, muchas veces vandalizada, apedreada y rayada. Fue tal la situación que la entidad tuvo que irse del lugar.

Antonio José Ciro, un vendedor informal de la zona, se queja del deterioro general, máxime cuando es tan visitada por turistas. Hace 40 años vive en Moravia. Dice que el deterioro también lo ha aquejado como visitante: “Los semáforos, que tanto dañaron, los repararon. Se demoraron como un mes y medio, pero el resto está todo abandonado. A los vendedores nos ha perjudicado mucho”.

Una oportunidad

Una de las instituciones que más sufrió durante el paro fue el Jardín Botánico, que numerosas veces tuvo que ser desalojado por los gases lacrimógenos lanzados a sus alrededores. Su directora, Claudia García, reconoce los efectos negativos, pero, más que preocuparse por la infraestructura deteriorada y abandonada, hace un llamado a generar encuentros y una apropiación del espacio: “Más importante que lo físico es que la gente pueda reunirse, que los espacios sean ocupados, que se brinde una oferta cultural más nutrida y haya una mejor articulación entre entidades”, precisa.

Para García, el paro, más allá de los desórdenes y los daños físicos, dejó una oportunidad para repensar el norte de la ciudad. Es decir, preguntarse sobre su importancia, el porqué fue escogido como epicentro de las protestas y así, finalmente, proponer un nuevo significado, un uso diferente del espacio público.

La propuesta no es descabellada, toda vez que el norte ha sido sitio de encuentro de los medellinenses desde finales del siglo XIX. Donde hoy está el Jardín Botánico estuvieron los primeros baños públicos de la ciudad, allí la gente departía, tomaba aguardiente y comía empanadas. En 1910, una vez cerrado ese espacio, se comenzó a plantar allí el Bosque de la Independencia, lugar para dar una caminata y ver los patos en el lago.

Por ese pasado es importante rescatar el norte de Medellín. En eso concuerda el urbanista Luis Fernando Arbeláez, quien explica que el Parque de los Deseos, por ejemplo, se convirtió en el lugar político por excelencia desde que se acabó la vieja plaza de Cisneros. “El parque es de la gente y es ella la que le da uso. Es un espacio de discusión, de civilidad, en donde se discuten ideas. En fin, el norte de Medellín es símbolo de la unión y la democracia, por eso es importante”, concluye

CONTEXTO DE LA NOTICIA
PARÉNTESIS
LA EMPRENDIERON CON ENCICLA
En la ciudad no han atacado solo la zona norte y los semáforos. El sistema EnCicla también ha sido vandalizado. Así lo denunció el propio director del Área Metropolitana de Medellín, Juan David Palacio Cardona, quien relató que entre noviembre de 2021 y lo corrido del 2022 ya se suman 13 ataques vandálicos que han afectado once estaciones. El vandalismo incluye hurtos y daños de las pantallas, el hurto del sistema eléctrico y otros hechos lesivos para estas infraestructuras, que son construidas con recursos públicos y para servicio de los ciudadanos.

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