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Sirenas, chats y cadena de llamadas: así operan los sistemas de alerta que salvan vidas en los barrios de Medellín

Juan Felipe Zuleta Valencia

La tecnología del Siata y el conocimiento de las comunidades han salvado decenas de vidas gracias a los once sistemas de alertas comunitarios en zonas de alto riesgo en la ciudad, como en El Pesebre.

La quebrada La Iguaná está callada. Demasiado callada y eso no le gusta nada a los vecinos que conviven con ella en El Pesebre, como la lideresa Rosalba Piedrahíta.

TOMADA DE: elcolombiano.com

Archivo:ElColombiano.svg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Rosalba es un patrimonio de carne y hueso de la comuna 13. No tiene títulos en ingeniería hidráulica ni geología pero se ha plantado de tú a tú ante los expertos y las autoridades de la ciudad y ha logrado, junto a un grupo de líderes de la comuna y el corregimiento San Cristóbal, que vivir al lado de una de las quebradas más peligrosas del Valle de Aburrá sea un poco menos riesgoso para la vida de cientos de personas.

Mientras que para buena parte de los habitantes de Medellín la preparación cuando llega la temporada de lluvias consiste en mantener a la mano el paraguas, para quienes habitan en área de influencia de La Iguaná (que tiene una microcuenca de 50 kilómetros cuadrados), así como de otras 15 quebradas que tienen el potencial de causar tragedias y devastaciones del territorio, esa preparación implica poner en marcha toda una estrategia comunitaria de superviviencia.

Hace exactamente un año, el jefe de la Oficina Regional de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, Nahuel Arenas, visitó Medellín y calificó el Sistema de Alertas Tempranas Comunitarios de la ciudad como un referente de modelo de gestión del riesgo a nivel internacional.

Según le dijo en aquel momento el alto funcionario de la ONU a EL COLOMBIANO, existen pocos casos en América Latina en los que las comunidades vulnerables ante emergencias y el cambio climático hayan logrado un grado de conocimiento y capacidad semejante frente a la gestión del riesgo como lo evidenció en su visita a la capital antioqueña.

El Sistema de Alertas Tempranas Comunitarios –SATC– fue una idea que gestaron los habitantes de San Antonio de Prado en 2015, una de las zonas más expuestas a movimientos en masa y avenidas torrenciales. El objetivo era lograr una combinación entre el conocimiento empírico, de saberes tradicionales de los habitantes en zonas de alto riesgo, con la tecnología de punta coordinada por el Siata: drones, monitores, radares, entre otros. Hoy el Valle de Aburrá tiene 21 de estos sistemas, 11 de estos en Medellín.

Pocas estrategias han tenido un impacto tan real en la vida de las comunidades en riesgo, apunta Rosalba. Y lo dice porque lo han vivido en carne propia en El Pesebre, un barrio de 12.000 habitantes. La última vez que ocurrió fue el 31 marzo de 2022, con el Fenómeno de la Niña en pleno. Al caer la tarde, Rosalba recibió por el chat de monitoreo que comparten los 35 líderes desde La Uvita, en San Cristóbal, hasta la 65, una imagen con un mensaje que decía que La Iguaná estaba crecida y lista para hacer estragos.

Rosalba se contactó con el equipo de monitoreo 24/7 del Siata y este le confirmó que la quebrada crecida era La Honda, una de las más bravas entre las casi 30 que desembocan en La Iguaná, y que en la parte alta de la microcuenca se estaba gestando un movimiento anormal. Se activó la cadena de llamadas desde la parte alta hasta abajo y desde el control del Siata activaron la sirena.

Los habitantes de El Pesebre salieron corriendo presas del pánico de sus casas con lo que tenían puesto, y minutos después La Iguaná bajó endemoniada arrastrando casas y todo a su paso. Todos salieron ilesos. Días después confirmaría el Área Metropolitana al hacer sus inspecciones posteriores que de no haberse evacuado, en la ribera del barrio habría ocurrido una tragedia de grandes dimensiones.

Su eficacia radica en dos elementos. El primero, su simpleza. La alerta se activa con una cadena de llamadas a cargo de los líderes comunitarios distribuidos a lo largo del cauce de 17,30 kilómetros. Desde la zona alta comparten imágenes o videos con novedades en los caudales. Rosalba y los líderes ingresan al portal del Siata a verificar las condiciones y se ponen en contacto con los profesionales para pedirles mayor información sobre lo que ocurre hacia el otro lado, en la cuchilla de Las Baldías o en la cordillera La Frisol.

Los ojos de la comunidad no llegan hasta allá, pero sí los equipos de alta tecnología del Siata. Si el monitoreo visual y los datos especializados arrojan que hay riesgos inminentes, Rosalba se comunica con los técnicos del Siata y se ponen de acuerdo para que desde el centro de operaciones activen las dos sirenas de manera intermitente, para poner en alerta a los habitantes, o permanente para indicarles la evacuación urgente.

El segundo factor que ha convertido a los SATC en una herramienta exitosa para salvar vidas ha sido el respeto que le han otorgado en el Siata al conocimiento empírico de las comunidades como complemento de la información técnica que recogen y analizan los expertos en ingeniería hidráulica, geología y otros. Y Rosalba confía en que siga siendo así porque el extraño comportamiento de La Iguaná en medio de esta nueva temporada invernal la tiene muy desconcertada.

Cuenta la lideresa que a pesar de los terribles aguaceros que han caído en las últimas semanas La Iguaná no ha aumentado su caudal y se mantiene en calma, sospechosamente silenciosa, mientras que al menos diez quebradas principales y hasta el río Medellín han reportado ya alertas naranja y roja por aumento de nivel.

La Iguaná tiene registros de 140 años que evidencian su comportamiento impredecible y capacidad de devastación. De hecho, el primer desastre registrado en Medellín, en 1880, ocurrió luego de que La Iguaná arrasara con el poblado de Robledo, uno de los primeros asentamientos urbanos. Por eso, Rosalba está convencida de que algo malo ocurre aguas arriba, quizás entre las venas de la Cordillera Central, en algún punto de esa maraña de casi 30 quebradas –muchas de ellas ocultas– que llegan a La Iguaná. Quizás un taponamiento, algo raro pasa, recalca Rosalba.

Los datos que ha arrojado el Siata no han encontrado anomalías. Líderes en San Cristóbal dicen que tal vez la cuenca apenas se está llenando y todavía no hay suficiente agua para que escurra montaña abajo. La lideresa dice que pedirá en reunión con el Área Metropolitana esta semana que se intensifiquen los monitoreos con drones hasta dar con lo que sea que esté pasando. También esperan ponerse de acuerdo con el Área sobre las obras que deben hacerse en cuatro puntos críticos de El Pesebre y que ojalá no incluyan muros de contención.

“La historia nos ha dicho que a La Iguaná le da mucha ira que la intenten tapar y nos va peor”. Por otra parte, ya el Dagrd les avisó que contempla cubrir un último tramo que hace falta para dar continuidad al sistema de alerta temprana. Pide la lideresa que esa adecuación se ejecute ojalá en las próximas semanas. “Mi papá decía que en cuestión de emergencias, el silencio es mayor advertencia que el ruido. Esperemos que no bajemos la guardia”, sentencia Rosalba.

La meta es llegar a 40 SATC

Diego Fernando Peña, subdirector de Conocimiento y Reducción del Riesgo del Dagrd, señala que las alertas comunitarias que tiene en Medellín es uno de los casos más exitosos de continuidad e independencia de las administraciones de turno. “En este caso esa alianza entre el Siata y Eafit ha funcionado de gran manera y demuestra que no es necesario salir a inventar lo que ya ha dado pruebas de que funciona bien”, sostiene.

Dice el subdirector que la apuesta de esta administración es aumentar de 11 a 40 SATC en Medellín en los próximos cuatro años y que buena parte del presupuesto irá destinado a seguir fortaleciendo esas capacidades de respuesta de las comunidades. En cuanto a preparación para esta temporada, señala Peña que ya se activó el comité de manejo de desastres del Distrito y, comuna a comuna, están coordinando con los líderes barriales las acciones necesarias para prepararse. Ya el Siata entregó datos meteorológicos sobre lo que se espera a Medellín en estos tres meses, insumo que servirá, o debería servir, para tomar decisiones oportunas.

 

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