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Mireya les da vida a las esculturas y es la sensación en la Plaza Botero

FOTO: JULIO CESAR HERRERA
Juan Diego Ortiz Jiménez

Emigró hace cinco años de Venezuela y hoy se gana la vida personificando obras del Maestro.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

Archivo:ElColombiano.svg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Una escultura de Botero está sudando, una gota que se desliza por su frente la delata. Y cuando los turistas la abrazan para sacarse una foto, el rostro inmutable que moldeó el Maestro se convierte en sonrisa. Esta obra es diferente de las 23 que conforman la concurrida plaza y de cualquiera que sea de la cosecha de Botero, esta es de carne y hueso, conversa y se seca el sudor cada tanto debajo de ese cielo fondo entero que pone a hervir a todo el Centro.

“Muchas gracias y bienvenidos, estoy representando La Maternidad, esta figura la puedes encontrar al final del pasillo. Que disfruten el recorrido”. La Botero de carne y hueso es Mireya Terán, una venezolana que hace cinco años llegó a la ciudad. Es licenciada en administración de empresas y hacía teatro en su natal Trujillo. La empresa en que trabajaba quebró, la crisis fue el pan de cada día y decidió venirse con sus dos hijos a Medellín.

Cuando llegó se puso a vender confites en los semáforos. Pero cuando le contó su vida a la compañera del inquilinato, ella le aconsejó que se rebuscara en la calle haciendo arte. ¿Qué hacer? Lo primero que hizo fue disfrazarse de personajes de película para ganarse algunos pesos. Fue Minnie Mouse, Mamá Noel y Grinch, y caminaba con los pesados trajes alquilados por los alumbrados del río. Combinaba el rebusque con el aseo en casas de familias.

Así fueron los primeros años. Mireya pensaba todo el tiempo en lograr una figura propia, por eso se puso la tarea de idear un personaje que se adaptara a su cuerpo y del que pudiera vivir todo el año, ya no solo en temporada. “Soy una persona robusta y no todos los personajes se pueden adaptar, yo no puedo ser Gatúbela”, dice.

El punto de partida fue la película La Llorona, que salió en 2019. Armó su traje y participó en el festival de artistas callejeros de los alumbrados. Le fue tan bien con ese papel que hasta logró permiso para trabajar en el tren de mitos y leyendas del Parque Norte. “Invito a la gente para que se monte en la atracción, no tenía idea de que al paisa le gusta que lo asusten”, cuenta.

Entonces, se le prendió la lámpara. ¿Por qué no aprovechar su contextura física para personificar a una Gorda de Botero? “Me puse a investigar por qué Botero hacía personas robustas, él no talla gordas, si no mujeres y hombres de rasgos finos y con volumen”, justifica. Fue más de 10 veces al Museo de Antioquia a estudiar e hizo clic con las esculturas. Tuvo un enterizo de base y midió las obras, porque su propósito era llevarlas a escala humana, que su disfraz tuviera un tamaño real y se vieran verosímiles las nalgas y los senos. Primero ensayó personificando a la Mujer Vestida; también tiene en su repertorio a la Mujer de pie, que está al frente de la iglesia de la Veracruz; o la Mujer reclinada, la Mujer con espejo o Eva. Mireya habla con más propiedad que cualquier paisa de la obra de Botero.

En todo caso, el traje que confeccionó con la ayuda de una amiga modista se puede adaptar a las obras. A la plaza salió en marzo vestida de la Venus de pie, pero se fracturó un dedo y estuvo casi mes y medio con problemas para caminar. Entonces fue La Maternidad, porque podía estar sentada. Pintó un bebé de plástico color bronce y le puse el traje. La modista se enamoró de la idea y se montaron en la película.

La tela es licrada, brillante, color cobre. Tiene espumas en las nalgas y diseñó unas cocas plásticas para ponerse en los pechos y simular los senos que amamantan. Una vecina le ayudó a crear los guantes y unas medias para cubrir todo el cuerpo. “Acá en la plaza no había una representación viva de las obras de Botero. Este es un homenaje de nosotros, las esculturas humanas, al Maestro”, dice con orgullo.

Mireya vive en Prado Centro. Tiene horario de oficina, llega pasadas las 9:00 a.m. y cierra el chuzo después de las 5:00 p.m. Cada hora y media se levanta y hace una pausa activa, estira los músculos que tanto se acalambran si uno está sentado mucho rato. Su trabajo le permite levantar a sus dos hijos, una niña de 11 y un niño de seis. Su anhelo es montar el personaje de la Mujer vestida, con su cartera, sus guantes y sombrero, muy al estilo de una dama de clase alta de los 60; y está en negociaciones con un colega que hace de estatua para que él sea Adán y ella Eva. El fin último sería crear una galería con los personajes de Botero.

—Si el Maestro lee esta nota, ¿qué le quiere decir?

—Que es un orgullo hacerle este pequeño homenaje a una leyenda del arte mundial. Sería un sueño si conoce mi trabajo.

—Y hablando de anhelos, ¿cuál es su sueño, Mireya?

—Cada día me despierto con la idea de volver a casa, acá la gente es muy amable pero ser migrante es difícil—. Hay una pausa, todo se congela como en el juego de estatuas. —En Venezuela quedó gran parte de mi vida, allá soy la licenciada, acá la artista. Pero no puedo llorar, mi maquillaje no lo permite y no tengo tiempo para volverme a pintar. Mi idea es radicarme acá, pero siempre tendré la maleta lista detrás de la puerta.

 

$!Turistas de todo el mundo posan con La Maternidad hecha carne. Mireya les sonríe y se despide: “Que disfruten el recorrido, feliz resto de día”. FOTO JULIO CÉSAR HERRERA

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