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Ladrones tienen azotados a los deportistas en Ciudad del Río

Los corredores calientan en la plaza Mamm antes de que salga el sol, luego corren más de tres kilómetros. FOTO JUAN PABLO ESTRADA

Atracos, acosos sexuales e intimidaciones son usuales en los entrenamientos.

TOMADO DE: elcolombiano.com

Antes de que rayara el sol, dos periodistas de EL COLOMBIANO caminaron por toda Ciudad del Río. Acudían al llamado de la gente que, desesperada, se queja de los robos, la basura acumulada y el decaimiento general del sector. Luego de recoger las preocupaciones, los periodistas abandonaron el lugar, sin saber que estaba por ocurrir un hecho lamentable, uno más de los que tienen a los ciudadanos con terror.

 

La intención de contar la historia de los periodistas no es por mera anécdota, sino que ayuda a entender lo frecuentes que son los problemas en Ciudad del Río. Pues bien, una vez recogieron el material periodístico, en el sitio se formó un alboroto. Aunque fue tarde para grabar el hecho, en redes sociales fue ampliamente denunciado.

En un carro, escondiéndose, un hombre se masturbaba mientras observaba a las corredoras que a esa hora entrenaban. Una mujer se dio cuenta de la situación y alertó a sus compañeros, que de inmediato fueron a perseguir al hombre. Pero este emprendió la marcha y logró volarse. “Hemos pedido seguridad para el sector, no solo para quienes en la mañana entrenamos allí, si no para toda la comunidad de Ciudad del Río”, dijo Alejandro Zuluaga, testigo del hecho.

 

Sufren los corredores

 

Ciudad del Río es un sector particular, con dinámicas sociales particulares. La vida social del lugar comienza antes de las 5:00 de la mañana. Desde esa hora comienzan a llegar equipos de running, es decir, personas que corren y hacen ejercicio de manera organizada.

Son varios los grupos que llegan hasta el sector, cada uno de entre 15 y 30 personas. En un día normal, a vuelo de pájaro, pueden reunirse hasta 300 personas. Se encuentran en la plaza del Mamm para comenzar el calentamiento, que dura unos minutos antes de correr en el circuito de tres kilómetros, tal vez el más extenso de la ciudad.

Pues bien, los corredores se quejan de que son carne de cañón para los ladrones. Los incidentes que han ocurrido en los últimos meses no son pocos. Diego Ortega, que lidera un grupo de running, dice que se sienten “abandonados” y que la pérdida de confianza en el lugar, provocada por los robos, los hace sentir “cohibidos”.

Esto se explica porque en el Valle de Aburrá no hay muchos espacios para hacer running. Uno de ellos, por ejemplo, es el Juan Pablo Segundo, pero este abre sus puertas a las 6:00 de la mañana, cuando ya es tarde para muchos. “No tenemos muchas más opciones que Ciudad del Río, que tiene ciclorrutas y espacio para trotar, pero nos tienen con miedo. En todos los grupos han robado a alguien”, denuncia el entrenador.

En los últimos meses, dicen los corredores, los robos se han hecho más frecuentes. Y es que como se dijo antes, metafóricamente, los corredores son carne de cañón. La mayoría lleva sus celulares o usa relojes inteligentes para medir el ritmo cardiaco, la distancia recorrida y el desempeño. “Hace unos días íbamos corriendo cuando una persona intentó quitarle el reloj a una compañera. Ella logró zafarse y armó un alboroto, entonces el ladrón huyó”, comentó una corredora que prefirió no dar su nombre por seguridad.

La misma corredora aseguró que las mujeres se sienten mucho más vulnerables. Aunque corran por equipos, hay tramos en que se separan y ahí es cuando los ladrones aprovechan, como en el caso de la muchacha a la que le intentaron robar el reloj. Ayer, además del hombre masturbándose, nos contaron que a una corredora la intimidaron y “le tocaron las nalgas”.

Ortega se lamenta de que han puesto las quejas de manera recurrente a la Policía, pero cada vez se sienten más inseguros. A eso, dice, hay que sumarle el abandono del sector, donde amanecen cerros de basura y hay presencia constante de habitantes de calle. “La administración no ha hecho nada por este sector. Los corredores nos sentimos solos, sin protección. Cada vez hay más gente haciendo este deporte, ¿quién nos va a ayudar?”, concluye el entrenador.

Ayer consultamos a la Policía Metropolitana para conocer las cifras del sector y qué se ha hecho para controlar la situación, pero al cierre de esta edición aún estaban consolidando la información

 

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