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La historia de cómo el tusi dejó de ser la droga de moda en Medellín

Foto Colprensa

POR: NELSON MATTA COLORADO

La pureza cayó en un 100% y las nuevas mezclas aumentan riesgos en la salud de los jóvenes.

TOMADA DE: https://www.elcolombiano.com/

Perfil - Juan Carlos Higuita - Violin

2 bandas tuvieron el monopolio del tusi en Medellín: “los Chatas” y “Caicedo”.

La historia del tusi en Medellín es la de una droga pasada de moda, que primero fue ofrecida en el parque Lleras como manjar de élites, y ahora se trafica en cualquier muladar de Niquitao. Esa transición entre el apogeo y desprestigio está teñida de traiciones y asesinatos, como suele ocurrir en el bajo mundo.

La trama cobra pertinencia porque, tal cual han dicho los expertos, la calidad de la sustancia ha sido tan rebajada, que la molécula original ya es inexistente, y los peligros para el consumidor, más que latentes.

Su origen data de 1970 en Europa y el nombre científico del compuesto es 4-bromo-2,5-dimetoxifenil-2-etilamina, comercializado como 2CB, H2CB, B2B, 12-B o nexus.

Fue introducida a Colombia en 2006 por traficantes independientes que la descubrieron en rumbas electrónicas de Alemania y Holanda. Al llegar aquí, en los after partys la llamaron tusi, tusibí o cocaína rosada, por su presentación en polvo.

Pero nada tenía que ver con la cocaína, pues no provenía de la mata de coca ni de sus derivados. Las moléculas que la componían eran tomadas de anfetaminas, para diseñar en laboratorios una sustancia sintética denominada feniletilamina, que al combinarse con otras creaba el tusi.

Este carretazo técnico poco interesaba a los consumidores, ávidos de probar nuevas plataformas para sus “viajes cósmicos”, y fue así como el polvito empezó a rodar por las rumbas de El Poblado, la zona rosa de Envigado, la vereda La Doctora de Sabaneta y la vereda Llanogrande de Rionegro.

El gramo, del cual extraían hasta dos dosis, lo vendían en cifras que iban de $120.000 a $200.000. Los expendedores no eran los jíbaros tradicionales de las plazas de vicio, sino muchachos de familias acaudaladas que importaban de Europa pequeñas cantidades en el equipaje o encomiendas.

Estos jóvenes se autodenominaban “Alejo Tusi”, “Gordo Tusi” o “Negro Tusi”, asumiendo como apodo el estupefaciente que les estaba llenando los bolsillos de dinero.

Las autoridades se percataron de su comercialización en 2007, cuando llegaron tres pacientes intoxicados al hospital San Vicente de Paúl, en Medellín. Sufrían “estado alucinatorio con alteración visual y auditiva por sobredosis de 2CB”, según un recuento del Observatorio de Drogas del MinJusticia.

La situación tampoco pasó inadvertida para el crimen organizado, que tomó acciones contra aquellos que le estaban inundando su mercado con droga “de contrabando”.

Monopolios ilegales

El 2 de diciembre de 2013, en el barrio Conquistadores de Medellín, apareció en la cajuela de un carro el cadáver de un expendedor de 29 años apodado “Picacho”. Tenía una bolsa en la cabeza y múltiples heridas de puñal, y al lado había un letrero manuscrito que decía “vendedor de 12-B”.

Fuentes de inteligencia comentaron en ese entonces que la víctima, al parecer, estaba ofreciendo tusi en discotecas de la avenida 33, sin autorización de la organización mafiosa hegemónica: “la Oficina”.

Dentro de esa confederación criminal, las autorizadas para monopolizar el tráfico de 2CB en el Valle de Aburrá eran las bandas “los Chatas” y “Caicedo”, que hacían respetar su “derecho” con violencia.

El 16 de febrero de 2016 mataron en una casa del corregimiento San Antonio de Pereira, en Rionegro, a alias “Sebitas”, de 24 años, un mando medio de “los Chatas”. Lo ejecutaron los sicarios de la misma organización, porque le detectaron negocios independientes con el tusi.

Las bandas de “la Oficina” popularizaron el 2CB al sacarlo de las fiestas de estrato seis y distribuirlo en plazas callejeras, como las de Barrio Antioquia, junto a la marihuana y perico.

El periodo entre 2014 y 2018 fue el de mayor auge de esta droga, tanto en Medellín como en Colombia. Para extender su mercado, según investigadores judiciales, los narcos patrocinaron las carreras de DJ de varias modelos, y en sus “toques” (conciertos) de reguetón, guaracha y electrónica aprovecharon para vender el estupefaciente.

A la publicidad de esta droga contribuyeron artistas del género urbano, que empezaron a mencionarla de forma explícita en sus canciones. Raymond Ray, Xeven y otros lanzaron la canción “Tusi”, que dice: “Bienvenida al party, donde solo hay tusi, mami”.

Lito y Polaco produjeron otra con el mismo nombre, en la que cantan “no fuma marihuana, pero le encanta el tusi”. Jamby El Favo & Lil Geniuz interpretaron “Tú sí”, en la que afirman “¿cuántos gramos quieres? Manda a pedir ocho”. Arcángel, Justin Quiles y otros grabaron “Tussi”, en la que dicen “ella no quiere sustancias, pero tú sí, tú sí”.

Un menjurje

Desde 2017 la hegemonía de “la Oficina” se fracturó y algunas bandas que la componían, como “la Terraza” y “Trianón”, empezaron a disputarle el tusi a “los Chatas” y “Caicedo”.

En medio de ese desorden se “democratizó” el estupefaciente en el Aburrá. Sin los traficantes viajeros que trajeran la droga del exterior, en las calles comenzó a ofrecerse un tusi de mala calidad, producido en cocinas caseras, y el precio del gramo cayó a $20.000.

En enero de 2019 la Policía capturó a cinco miembros de “la Terraza” relacionados con plazas de vicio en Envigado y Sabaneta. Entre ellos estaba “Juan Tusi”, el responsable de distribuir el 2CB.

El joven les contó a los investigadores que le habían pagado a un químico de Bogotá para que les enseñara la mezcla, que luego ellos preparaban en casas de Manrique.

La coronel Liz Cuadros, jefa del Centro de Estudios contra el Narcotráfico de la Policía, señaló que las bandas prefieren ese modelo casero porque su producción es más económica. “En las incautaciones que hacemos de tusi, ya no hay compuestos originales de 2CB, sino mezclas de ketamina con anilina de colores, cuyo efecto en el consumir es muy peligroso”, detalló.

La información está refrendada en un documento de la ONU, “Drogas sintéticas y sustancias psicoactivas en América Latina 2021”, que reza: “(…) Los productos de ‘cocaína rosa’ no contienen 2CB, sino combinaciones de sustancias como MDMA (éxtasis), ketamina y cafeína”.

En otras ocasiones, “lo que venden en una plaza como 2CB no es más que perico con colorante o pastillas de éxtasis pulverizadas”, relató un agente antinarcóticos de la Fiscalía.

Aunque el tusi todavía se vende, solo es otra droga común del catálogo. La caída en el precio y la pureza la alejaron de la suntuosidad que se veía en los videos de reguetón, al foso de los menjurjes que producen malos viajes.

CONTEXTO DE LA NOTICIA
PARÉNTESIS
EFECTOS DE ESTA MEZCLA DE DROGAS

El proyecto Échele Cabeza, de la corporación Acción Técnica Social, promueve información sobre sustancias psicoactivas para la reducción de riesgos en la población juvenil. El pasado 17 de enero publicó los resultados de un análisis de laboratorio a muestras de 2CB recogidas en conciertos musicales en Bogotá, el cual arrojó que el 100% contenían ketamina, el 81,8% éxtasis y el 36,4% cafeína; ninguna tenía el compuesto original del 2CB. Entre los riesgos que estas mezclas traen para la salud, están: náuseas, taquicardia, dificultad para hablar y respirar, descoordinación motora, alucinaciones y episodios psicóticos. Los efectos se incrementan con el licor.

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