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La encrucijada en la que se metió EPM con la licitación de Ituango

Casa de máquinas del proyecto Ituango, en donde las dos primeras unidades de generación ya fueron puestas en operación. Obras finales comprenden las unidades 5 a la 8, ubicadas en el ala sur. FOTO JAIME PÉREZ MUNÉVAR
JUAN DIEGO ORTIZ JIMÉNEZ
JACOBO BETANCUR PELÁEZ

Pese a que el único oferente en carrera se jugó su última carta, el proceso parece un callejón sin salida.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

Archivo:ElColombiano.svg - Wikipedia, la enciclopedia libre

La accidentada licitación por las obras finales de Hidroituango llegó a un punto de quiebre. Luego de que EPM rechazara por falta de experiencia al único oferente que se presentó, la conclusión de la megaobra está en vilo y no es claro cuál será el camino que escogerá la compañía antioqueña para sortear ese callejón sin salida.

La situación es adversa por donde se le mire. Ya que si EPM declara oficialmente el proceso desierto la obra queda sumida en la incertidumbre, pero si decide entregarla a un consorcio con una experiencia gravemente cuestionada dejaría en tela de juicio su rigor y de paso las garantías para una hidroeléctrica que arrastra problemas constructivos desde hace más de cuatro años.

Aunque hasta el cierre de esta edición EPM aún se mantenía en que el proceso no había sido declarado desierto formalmente, los hallazgos que salieron a flote en el informe de Análisis y Conclusiones subido por la empresa a su portal de contratación destaparon los problemas de Schrader Camargo para probar su experiencia en el desarrollo de proyectos hidroeléctricos.

En respuesta a una consulta de este diario, la firma colombiana (que se presentó en llave con las chinas Yellow River y Powerchina International) precisó que hacia el mediodía de este miércoles ya había entregado sus observaciones finales. “Los certificados no estaban aclarados como el contratista quería. Las certificaciones en algunos casos son de varios años y faltaban detalles”, precisaron al interior de la compañía.

Más allá de la suerte de esas observaciones, lo cierto es que el panorama que hoy enfrenta el proyecto hidroeléctrico más grande en la historia del país es problemático por múltiples frentes, que van desde el riesgo de sufrir más retrasos y hasta quedarse sin doliente.

A raíz de ese panorama, agremiaciones como la Cámara Colombiana de la Construcción (CCCI) y el Comité Intergremial de Antioquia calificaron el proceso como “improvisado” y pidieron a órganos como la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría poner sus ojos sobre el proyecto.

Para comprender el momento por el que pasa la hidroeléctrica, hacemos un repaso por los interrogantes y escenarios principales.

1. ¿Cuáles son los riesgos asociados a la obra?

Desde que EPM abrió la licitación, desoyendo todas las recomendaciones e informes que le pedían mantener a los constructores originales, los riesgos que reviste asumir las obras finales han complicado ese proceso.

A causa de la incertidumbre por la estabilidad de la hidroeléctrica, que aún está comprometida por el funcionamiento continuo de su vertedero, los cambios en los diseños que tuvieron que implementarse a contrarreloj para concluir la presa en medio de la contingencia, entre otros, el aseguramiento de las obras finales se convirtió en uno de los principales problemas.

Tras no poder contratar una nueva póliza todo riesgo para los trabajos faltantes, EPM decidió incluir en los pliegos de condiciones un requisito en el que trasladó la adquisición de ese aseguramiento al contratista que fuese escogido para terminar la hidroeléctrica.

Esta solicitud, tal como se hizo público en 2022, año en el que el cierre de la licitación se aplazó cinco veces, fue el principal factor que ahuyentó a la mayoría de las diez empresas que compraron los derechos de participación.

A esa incertidumbre, se suma que el constructor original (el Consorcio CCC Ituango) fue sacado por la puerta de atrás en noviembre de 2022 y ya no estará para hacer un proceso de empalme con los nuevos constructores.

2. ¿Cuánto más se retrasará la segunda fase?

Desde hace dos años el cronograma presupuestado para la generación en Hidroituango está claro para sus ocho unidades: las primeras dos debían entrar en 2022, tal como ocurrió; dos más se deben sumar este año; tres están presupuestadas para 2024 y la última se encendería en 2025. Sin embargo, si la licitación queda en el aire, no se sabe cuánto se retrasarán las turbinas de la segunda etapa, es decir, de las unidades 5 a la 8.

Las unidades 3 y 4 también están amarradas a compromisos con la Creg y deben entrar en servicio antes del 30 de noviembre de 2023. Ejecutadas actualmente por Schrader Camargo, registraban un avance general de montaje del 39% y 22%, con corte al 6 de febrero.

Pese a ello, la gran incógnita en Hidroituango es la segunda etapa porque no se conoce a ciencia cierta cómo están las estructuras por debajo de los 217,5 metros sobre el nivel del mar, debido a que no han podido hacer mayores inspecciones, porque este sector fue utilizado como área de montaje alterna para el ensamble de las unidades 1 a la 4.

Tampoco ha sido posible determinar con precisión el estado de las obras de las unidades 7 y 8, según informó EPM en diciembre, porque sobre estas persiste un volumen importante de escombros alojados luego del paso del Cauca por las cavernas, el cual no ha podido limpiarse para no interferir en el ensamblaje de las unidades 1 a la 4.

La incertidumbre en el cronograma de los trabajos de esta segunda etapa también repercutirán en las pérdidas económicas. Según la CCCI, además de la afectación en la generación de energía del país, se estiman pérdidas económicas de por lo menos $2.000 millones diarios por unidad del proyecto que no entre en operación. ¿Quién responderá por esta pérdida?

“Sin duda, toda esta improvisación por parte de EPM y el alcalde Quintero traerá graves consecuencias para la seguridad energética del país, y por ende, representa un inminente riesgo de apagón a nivel nacional”, afirmó la agremiación.

3. ¿Cuánto durará riesgo con obra sin concluir?

El informe final de las condiciones de estabilidad de Hidroituango, realizado por la firma Pöyry hace un año, dio una conclusión definitiva: la única manera de reducir los peligros que persisten en el proyecto es ponerlo a funcionar lo más pronto posible.

Visto desde el otro lado: un nuevo retraso en la construcción alargaría los riesgos, que se concentran en un eventual aumento del nivel del embalse y en la operación continua del vertedero, con riesgo de agrietamientos en la losa y los muros. También está bajo la lupa el cuenco amortiguador del agua que sale del vertedero, porque presenta avance de una erosión descontrolada.

Sin certezas sobre el proceso para licitar la segunda fase, los peligros seguirán hasta que no se ponga en operación la octava unidad y gran parte del caudal salga por los túneles de descarga una vez se produzca la energía.

Solo en ese momento se dejará de depender en exclusiva del vertedero y habrá control ante un inusitado incremento del nivel de la represa. Además, tampoco se tiene certeza sobre en quién se apoyaría EPM si ocurre algún imprevisto en la megaobra. Antes echaba mano del contratista de las obras principales, pero ahora no tiene a quién apelar.

“¿Por qué el alcalde insistió en sacar a los únicos contratistas que sí cumplieron?” se preguntó la CCCI. Y añadió: “expertos han concluido que es imperativo terminar los trabajos cuanto antes, sin embargo y a pesar de las recomendaciones de técnicos, va un año de retraso de la obra, esperando una oferta que resultó inaceptable, a pesar de haber modificado requisitos para beneficiar a algunos”,

 

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