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La comuna 13 no es solo Grafitour: hay otras 4 rutas para turistas

Ahora la oferta tiene su sitio propio en la web, en el cual se pueden incluso hacer reservas y pagar. En diciembre más de 300.000 turistas se dejaron atraer por esta parte de la ciudad.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

Archivo:ElColombiano.svg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Seis esculturas de gran formato en solo tres cuadras. Un circuito en el que se cuenta la historia de las víctimas del conflicto urbano en el país. Las huellas de la herencia afro en los barrios encumbrados del occidente de Medellín. Una pasarela en la que la mirada se desvía constantemente en el colorido de un número inimaginable de grafitis. Y un mirador silencioso con un vista tan privilegiada que permite captar una panorámica panóptica de la ciudad con infinidad de detalles, menos su ruido.

Todos esos son como universos distintos que convergen en un mismo territorio, el territorio de la comuna 13. Sin embargo, en su gran mayoría permanecen inéditos, pues desde que se construyeron las escaleras eléctricas a cielo abierto —toda una novedad en el contexto nacional— la atención ha estado puesta en el sendero de dibujos hechos en aerosol que se exhiben alrededor de ellas, es decir, en lo que se ha llamado el Grafitour.

Ahora, un conjunto de organizaciones comunitarias se unieron para decirle al mundo que la comuna 13 no se limita solo al Grafitour, sino que adicional a esto, si ya la visitaron una vez, hay que ir otra vez y otra vez, porque en esta zona urbana de casas colgadas en la montaña siempre habrá nuevas cosas por descubrir.

El esfuerzo tomó forma en una plataforma digital que se construyó con un incentivo de la Alcaldía dirigido a proyectos de innovación. En este caso, les dieron $21,5 millones. El sitio busca promocionar los recorridos desarrollados hasta ahora. Se encuentra en el dominio www.comuna13.online desde el 24 de diciembre y contiene, además de los recorridos, la posibilidad de reservar y pagar en línea. Fuera de eso, cuenta con agenda de eventos y una tienda virtual para promocionar los productos y artistas locales.

Según Fernando Avendaño, director del colectivo Full Producciones y coordinador de esta nueva iniciativa comunitaria de mercadeo, los toures pretenden darle a conocer al mundo la riqueza cultural de la comuna 13, un pedazo de ciudad que se volvió un “imperdible” para los turistas que han hecho de Medellín el segundo destino turístico de Colombia, incluso por encima de Cartagena (el primero es Bogotá).

Solo en diciembre hubo 30.599 turistas que pisaron las calles de la comuna 13, según la Secretaría de Desarrollo Económico del Distrito. Para enero esperan un número similar, algo que no será difícil de alcanzar a juzgar por los ríos de gente que se veían ayer y que escasamente permitían caminar.

La ruta de la Memoria

En un pequeño cuarto del convento de las “Lauritas comienza la ruta de la memoria de la comuna 13. El sitio se llama Salón Tejiendo Memoria. Allí fue donde un día una madre decidió llevar la foto de su hijo desaparecido en las previas de la operación Orión (2002); frente al retrato desató un llanto diluvial mientras conversaba con él y eso, a juzgar por la expresión con la que salió, le produjo alivio, según relata la hermana Rosa Cadavid. Desde entonces muchas más hacen lo mismo con las imágenes de los seres queridos que perdieron. En otras ocasiones se reúnen a tejer su historia común a la par que fabrican prendas de hilo y lana. Ahí quedan las fotos, los objetos que recuerdan a los ausentes que la violencia ha alejado, y ello es una forma para que los visitantes se acerquen a la historia de una forma vivencial.

“Si uno no recuerda, eso hace que se muera lo que uno ha tenido vivo; esta es una forma de mantener viva la memoria, recordar el pasado, pero que no genere tanto dolor y angustia, porque la gente al llegar a este espacio minimiza su dolor, porque es el encuentro con esos seres queridos que perdieron en la violencia”, expresa la hermana Rosa.

La Ruta de la Memoria continúa yendo al Plan del Ché, una cumbre que en el pasado fue tomada por los armados de distinto pelambre como base de operaciones. Luego sigue con la visita a alguna de las organizaciones comunitarias a través de las cuales se ve la resiliencia de la comunidad. Posteriormente, a través de la Asociación de Mujeres de las Independencias (AMI) los visitantes se enteran de lo que fue la operación Orión y la lucha posterior para reivindicar a las víctimas de ella al igual que se evidencia el esfuerzo por mantener a las familias, por criar a sus niños, y como son ellas las que poseen la mayor capacidad de lucha y unión para salir adelante. Con frecuencia la ruta de la memoria culmina en la biblioteca de la zona centro occidental, que hace poco recibió un premio internacional por su labor en pro del restablecimiento de la memoria sobre el conflicto.

Una inmersión en la cultura afro

Si Pazzearte permite conocer la 13 a través del arte, en el Afrotour la gente puede conocer el aporte que la comunidad afro le ha hecho a la configuración de la identidad de esa comuna. Y es que en esta zona de la ciudad se nota la cadencia de los negros, su talento natural para el baile, el canto y el deporte.

De allí es por ejemplo el artista urbano Bomby (el de la canción “Estamos melos”) y por lo menos una veintena de futbolistas profesionales.

“La población afro le ha aportado a la construcción del territorio desde el arte, la cultura, las ideologías y las costumbres”, resalta orgulloso Jeison Sánchez, guía del Afrotour y miembro también del colectivo Son Batá.

No en vano es que aproximadamente el 30% de la población acá es de esta etnia, como producto de las olas migratorias que se han dado desde zonas del Pacífico y Urabá, unas veces para huir de la violencia y en otras ocasiones buscando poder estudiar o mejorar su economía.

En ese recorrido, los turistas aprecian la música, el baile y la gastronomía ancestrales de las negritudes, en vivo y en directo.

Igualmente, hacen un repaso a los proyectos sociales de Son Batá con niños y jóvenes.

“Queremos mostrar otros lugares de la comuna, que esta no es solo la zona de las escaleras, sino que el turista puede vivir otras experiencias de la transformación de la zona, entender sus problemáticas y la manera de vivir de su gente”, recalca Jeison Sánchez, guía e integrante de los colectivos Son Batá y Terrazas Verdes.

El afrotour comienza en el barrio Belencito Corazón, baja por los sectores de Nuevos Conquistadores donde están el centro cultural de Son Batá y el proyecto Terrazas Verdes.

Acá la gente hace una inmersión experiencial aprendiendo lo básico del baile, la música y los grafitis asociados al hip hop, además de que pueden disfrutar de un patacón con queso, un guandolo, un jugo de borojó o una bebida más fuerte y embriagante como el biche del Pacífico. Adicionalmente les enseñan a sembrar en las terrazas verdes.

Antes allí quedaba la escuela donde se educaron varias generaciones de lugareños y posteriormente la convirtieron temporalmente una base militar.

El Afrotour se hace mínimo con cinco personas y cada una paga $60.000.

El mirador natural de la comuna

La comuna 13, caracterizada por las casas apiñadas que parecen desafiar la gravedad cuando se cuelgan de las montañas que le dan sostén a su parte más poblada, también tiene su lado verde.

Bastan 10 minutos en carro desde la estación San Javier del metro y uno se topa con un cerro que hace las veces de balcón natural, permitiendo tomar una panorámica privilegiada, pero sin que el ruido y la contaminación lo hagan salir a uno de una suerte de trance.

Lo llaman Loma Hermosa y sus habitantes viven como campesinos de ciudad.

Desde hace unos tres años a varios vecinos ambientalistas se les ocurrió que esas características podrían ser tan atractivas como las estructuras metálicas que suben y bajan gente con el fin de atraer turistas. Una forma adicional de generar empleo y algunos recursos para la gente.

Aracelly Gómez, la coordinadora de los guías, explica que si esta parte no ha sido invadida como sí lo ha sido cada centímetro en el resto de la comuna 13 es porque los lugareños pertenecen a una misma familia extendida y cuidan su tierra como un tesoro. “Si alguien viene a invadir, se reporta ante las instancias competentes”, dice.

Además, existe la posibilidad de avistar aves de una amplia gama, porque son frecuentes los petiamarillos, azulejos, gallinetas, barranqueros, canarios, carpinteros, aguapaneleros, colibríes, guacamayas, guacharacas y cacatúas. Pero también hay zarigüeyas, abejas, conejos, culebras, lagartijas y comunidades de hormigas. Todo eso gracias a la abundancia vegetal que tienen por hábitat.

Capítulo aparte en el recorrido por Loma Hermosa merecen más de 80 huertas, una explosión de olores, colores y sabores a malva, lechuga, tomates, ajíes, cebolla, rábanos, acelgas, pepinos… y plantas medicinales.

“La idea es que la gente camine, conozca, sienta el olor de la naturaleza, pero más que todo, que aprendan a cuidarla, ver para qué sirven los árboles”. De hecho, abundan las plantas medicinales y árboles frutales.

La idea, según expresa Aracelly, es conservar este pulmón verde, y por eso han sembrado 2.600 árboles, dejando libre solo una especie de meseta donde desde hace 17 años tiene lugar un festival de cometas. Si se quiere, puede haber un recorrido solo de huertas, hacer senderismo o un buen pícnic.

Grafitis: arte callejero que cuenta

El dibujo de un pájaro artillado concita la atención de un puñado de visitantes que ya habían experimentado con extrañeza cómo en estas colinas de Medellín, a falta de calles pavimentadas, la gente sube hacia sus casas por escaleras eléctricas.

Estas -según dicen unos y desmienten otros- han sido el motor de la transformación de un sector antes caracterizado por la violencia y hoy conocido a nivel mundial por el colorido de los dibujos callejeros y el hip hop que pulula impregnado en el aire.

Cientos de personas llegan todos los días a la comuna 13, atraídas, en buena medida, por el Grafitour, un recorrido por la historia de las últimas décadas de este territorio, con el relato de la resiliencia y las múltiples resistencias que les ha tocado gestar para superar la violencia de las armas y el estigma de la mala fama acumulada.

El pájaro artillado, por ejemplo, es la disculpa para que un guía cuente los primeros días de la Operación Orión (octubre de 2002) desde que empezó con sobrevuelos de helicópteros desde los cuales disparaban balas inmensas, capaces de atravesar un cuerpo con la misma facilidad que un cuchillo caliente atraviesa la mantequilla.

El relato es hecho desde las vivencias directas de los guías, algunos de los cuales son bilingües.

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