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A Medellín se la están robando de a poquitos

Los robos empobrecen la infraestructura de la ciudad. Foto: Julio César Herrera.

A Medellín la han ido desvalijando tan de a poco, que a veces es difícil notarlo. Pero el caminante atento notará las barandas ausentes en los puentes, las tapas arrancadas del suelo y las canecas desaparecidas.

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Son muchas las dependencias que deben responder por cada daño y, dice la gente en la calle, más se tardan en reponerlos que los ladrones en volver a robar. A nadie parece importarle.

Este es un recorrido por esa ciudad que se han ido robando poco a poco. Comenzamos en Punto Cero, el sector conocido como Coca-Cola. Sobre el puente hay una estructura amarilla, desvencijada, que llama la atención. Es el esqueleto de un techo que protegía a los peatones del sol y la lluvia. Despojado de su cubierta, la estructura ahora carece de utilidad (ver foto principal). Lo arrancaron de su lugar aprovechando que los empates se habían oxidado.

No hay que ir muy lejos para encontrar más ejemplos. Cruzando el río, muy cerca de la Minorista, hay otro caso emblemático. Es el puente peatonal que cruza la avenida Ferrocarril, en su costado norte. El peatón debe andar con precaución pues, más allá de las basuras en el suelo, debe prevenir de no arrimarse mucho al borde. El pasamanos y el barandal fueron desvalijados por completo. Entonces, quedó un “volado” de tres y cuatro metros sin ninguna talanquera. Algo que, claro, pone en riesgo a los peatones.

Ahora vamos un poco más al norte, camino al propio Centro de Medellín. En la Avenida de Greiff, cerca al Museo de Antioquia, hay una trampa en el suelo. Es un hueco de unos dos metros de profundidad. Se robaron la tapa del acueducto y el pasadizo hacia las entrañas de la tierra quedó abierto. Luz Dary, que desde hace 20 años vende agua en el semáforo del cruce con la carrera 53, comenta la situación: “La tapa se la robaron anoche, porque ayer estaba bien. A todo el alcantarillado han tenido que soldarlo, pues ya se lo han robado varias veces”.

Haciendo un alto en su labor, se asoma al hoyo y señala lo que quedó: los bordes metálicos de la tapa arrancada. Es cierto lo que dice, que ya se había hecho una soldadura para evitar que se la llevaran. En esas aparece una mujer habitante de calle que, al igual que la vendedora, se asoma al hueco y recoge una varilla que, al parecer, quedó de la operación para sacar la tapa. “Acá todo se lo roban para venderlo. Las tapas, las canecas, todo”, recalca la vendedora.

El panorama es desolador unas cuadras más arriba. Para mejorar la situación de orden público en la Plazuela Botero, la Alcaldía de Medellín instaló, en septiembre del año pasado, unas vallas para encerrar la plazuela. La idea era preservar ese espacio de la ciudad, crear conciencia sobre su importancia y evitar los robos. Pero, ironía de la vida, ¡se están robando las vallas!

Tenían unos goznes que las sujetaban a unas estructuras fijas. Están bien atornilladas, pero el ingenio de los ladrones ha superado cualquier reto. Una empleada de Emvarias cuenta que en las noches se la pasan aflojando los goznes: “Uno llega en la mañana y se da cuenta de que ya los aflojaron. Ese mismo día, en la noche, los terminan de arrancar. El primero se lo llevaron el año pasado y así han seguido”.

La Policía recibió una alerta oportuna de la primera valla robada y la lograron recuperar en una ferretería cercana, donde había sido vendida por el usurpador. Ese es el accionar de quienes se apropian de la infraestructura. La Secretaría de Seguridad monitorea estos robos a través del Sistema Integrado de Emergencias y Seguridad. Además, semanalmente se hacen “intervenciones” en chatarrerías y ferreterías, donde se pueden recuperar objetos robados. Sin embargo, el despacho no tiene un consolidado de objetos robados, pues a cada secretaría le toca hacer sus propias cuentas y hacer las reposiciones. Por ejemplo, a Emvarias le competen las canecas arrancadas de su sitio; a Infraestructura Física, las barandas y pasamanos de los puentes.

EL COLOMBIANO consultó a la Policía por estos hurtos y sobre cifras en la ciudad. Sin embargo, no hubo respuesta hasta el cierre de esta edición. Lo que sí es claro, como se vio en el recorrido, es que la cultura ciudadana es escasa y el sentido de pertenencia, nulo. Tal vez eso explique por qué han ido desmontando la ciudad de a poquitos .

CONTEXTO DE LA NOTICIA
PARÉNTESIS
NI SIQUIERA SE SABE LO QUE SE ROBAN EN LA CIUDAD

EL COLOMBIANO preguntó a varias dependencias por las cifras del robo del mobiliario. Desde Infraestructura Física respondieron que no se tiene una base de datos con cada uno de los daños, sino que se van haciendo las reparaciones según sean reportadas. La Secretaría de Seguridad, aunque está encargada de la vigilancia del espacio público, tampoco tiene una base de datos sobre los robos al mobiliario urbano. Ni siquiera la Policía Metropolitana entregó un balance concreto. En algunos casos, como en las alcantarillas robadas, los propios ciudadanos tratan de arreglarlas con piedras. Emvarias contestó que son alrededor de 600 canastillas o papeleras públicas vandalizadas o robadas entre 2019 y 2021, lo que representa una pérdida de $90 millones.

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