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100 años del “Primer humorista de América”: Montecristo

Jaime Horacio Arango Duque

Este 10 de febrero se celebra el centenario del nacimiento de Guillermo Zuluaga, que hizo historia en el humor y la radio de Colombia.

 

El chillido de una vieja puerta abriéndose y una poderosa voz de un locutor en la radio que decía: “Se abren las puertas de la alegría y el buen humor…” eran las señales inequívocas de que era la hora para sentarse a escuchar Las Aventuras de Montecristo.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

Archivo:ElColombiano.svg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Durante más de 40 años este programa reunió a las familias, de lunes a viernes, a la 1:30 p.m., alrededor de un radio para escuchar las ocurrencias del que fue llamado el Primer humorista de América.

Era un ritual casi que sagrado después del almuerzo, era la mejor forma de hacer digestión, con risas.

Guillermo Zuluaga, “Montecristo”, llegó al humor queriendo ser cantante, luego de un paso discreto como arquero de fútbol en el Deportivo Cali.

Cuenta su hijo Félix David, también humorista, que tras una frustrada presentación como cantante en un programa radial en Cali, su papá terminó echando cuentos.

Ese día le fue tan mal cantando que le pidió al locutor de turno que lo dejara contar un chiste, en lo que fue el inicio de una exitosa carrera en la comedia de más de 40 años.

Justo este 10 de febrero se celebran 100 años del natalicio de “Monte”, como lo llamaban sus amigos.

No era de El Santuario

Aunque todos creen que nació en El Santuario, su pueblo amado, en realidad lo hizo en Medellín en el barrio Buenos Aires, para mayores señas en la casa marcada con el número 40- 31.

Su amor por la localidad del Oriente antioqueño, donde su papá Baudilio Zuluaga Gómez era un respetado médico, era tal que él mismo, a su seudónimo de Montecristo, le agregó el de “Santuario Zuluaga”.

Tras su pésimo desempeño como estudiante su padre, que fue columnista de EL COLOMBIANO, lo llevó personalmente al Ejército, a un batallón en Rionegro, para prestar el servicio militar.

Tras ese paso y una vez recibió “la baja” fue garitero en unos billares y un fracasado detective, tal y como él mismo lo reconoció en una entrevista con el periódico El Santuariano, donde afirmó: “No me cogía ni yo mismo y eso sabiendo dónde vivía y por qué calles transitaba…no servía para eso”.

Ahí fue cuando se fue a probar suerte en Cali como empleado de la Compañía Colombiana de Tabaco, donde trabajó en varias áreas hasta ese día que decidió asistir a la convocatoria de Radio Cultura, donde buscaban cantantes y cambió su vida para siempre.

Montecristo

Su nombre artístico, “Montecristo”, reseña un perfil publicado en EL COLOMBIANO el 18 de octubre de 1997, se lo puso el barranquillero Miguel Ruiz, quien al verlo con un saco amarillo con verde “el más feo del mundo” —que le prestaron en la Compañía de Tabaco para contar chistes— dijo en tono irónico: “aquí entra el conde Montecristo”.

Ese famoso saco que solo usaba para contar chistes se lo comió una vaca, mientras pasaba un guayabo en una tienda, contó en su momento el popular humorista.

Su hijo Félix David dice que ese saco era como los que hoy luce Suso, el paspi, y que ese apodo fue el mejor impulso que tuvo su carrera.

En el humor

Félix David Zuluaga cuenta que tras su experiencia radial comenzó a contar chistes en bares, cantinas y de pueblo en pueblo haciendo pequeños shows, imitando a borrachos y costeños.

El gran paso en su carrera lo dio cuando llegó a la radio.

Estuvo en La Voz de Antioquia desde 1948 hasta 1966. Lo llevó William Gil Sánchez (uno de los fundadores del actual Caracol), quien lo conoció en una fiesta del bambuco en Cali. En la emisora se inició alternando en vivo con cantantes y orquestas.

En 1957 salió al aire un programa llamado El Café de Montecristo por la Voz de Antioquia (hoy Caracol-Medellín). Se transmitía en vivo a la 1:30 p. m. y tenía como personajes a Serapio (Jaime Trespalacios), Salmoyedo (Otto Trespalacios) y Tingüaro (Octavio Tobón).

El éxito inicial fue tal que se repetía hasta cuatro veces al día.

En la década del 60 su programa pasó por diferentes emisoras y cadenas radiales. Monte ya era una estrella.

En esos años tuvo los nombres de Montecristo quiere casarse, Hotel Bochinche, Montecristo detective en bicicleta. Agente 007 (aquí nació el personaje Justiniano, que lo acompañó por más de 30 años) y luego se consolidó como Las Aventuras de Montecristo.

A partir de 1984 se institucionalizó la grabación del espacio en el Teatro América, en el Occidente de Medellín, entre las 12:30 y las 2:00 p. m ., todos los martes siempre con todas las butacas copadas. En un solo día grababa todos los programas de la semana.

Los personajes

En la entrevista del año 1997 con este diario explicó que personajes como Montoño, Montecristina, Montecristico, Montecristote y Montecristeso, Montecrispucho o Montecrisñato, eran gente que realmente conoció en su trajinar por el país.

Más allá de estas caracterizaciones, Félix David dice que el mejor de todos era cuando hacía de borracho.

Fue precisamente así que se ganó el rótulo de “Primer humorista de América”, que se lo puso el mismo Mario Moreno, “Cantinflas”.

“Papá estaba en un show en México y el público era muy duro y áspero, él estaba muy preocupado porque la gente comenzó a murmurar en su contra, fue cuando haciendo el borracho se cayó de frente y eso generó las risas y de ahí para adelante todo fluyó”, cuenta Félix David, que apunta que entre el público ese día estaba Cantinflas que al final se le acercó, lo felicitó por la manera en qué había manejado el público y le dijo: “Usted es el primer humorista de América”.

Familia

Guillermo Zuluaga se casó dos veces y tuvo 20 hijos, de los cuáles solo Félix David siguió sus pasos en el mundo de la comedia.

“Era estricto, como todos los papás de la época, el cucho era muy introvertido, serio y callado, no decía palabras ni vulgaridades”, dice Félix, que recalca que su papá siempre fue muy elegante y en los shows salía de esmoquin.

“Él decía que no se iba a poner ropa tan cara para salir a decir palabrotas. Eso sí, jugaba mucho con el doble sentido”.

“Levantar una familia a punta de chistes. Ese fue mi mayor logro”, afirmó en otra amplia entrevista que dio para este periódico el 25 de febrero de 1994.

Decía que como padre era serio y anticuado. Se hacía querer en su hogar, pero le exigía mucho a su familia. La ambición era un sentimiento ajeno a él y afirmaba que el dinero conseguido había sido para educar a sus 20 hijos.

Félix desde que tenía 15 años comenzó a acompañar a Montecristo en las grabaciones y en sus correrías por el país. “Ya no le gustaba viajar solo, en especial después de una serie de problemas médicos que lo tuvieron mucho tiempo en una silla de ruedas”.

Siempre quiso ser médico, como su padre, pero le pudo más el humor.

Dentro de sus aficiones se encontraban la lectura de libros de aventuras, literatura colombiana y costumbrista. También ver telenovelas y programas de humor, como Romeo y Buseta y La Posada, en su momento. Atlético Nacional era el equipo de su corazón y como ídolos en la cancha tenía a Óscar Córdoba y René Higuita, arqueros, tal y como él quiso ser.

Vivió mucho tiempo en San Cristóbal, por la carretera a Boquerón, en una antigua casa en compañía de sus hijos y perros, bajo el nombre “Aquí no es…”, porque la gente se equivocaba buscando alguno de los moteles que rodean el sector.

Montecristo murió el 17 de octubre de 1997, víctima de un cáncer, y los últimos programas los grabó con el elenco integrado por Pochochita (Celina Cardona), Doña Queta (Maruja de Serna), Don Celioarruga (Román Cardona) y Justiniano (Aníbal Calderón).

Bajo su espejo se formó todo una generación de comediantes paisas. Los primeros en seguir sus pasos fueron Crisanto Vargas, “Vargasvil” (también de El Santuario) y John Jairo Pérez (don Ebrio), que incursionaron en la radio en espacios como El Manicomio de Vargasvil o La Quinta Porra.

Pese a que se van a cumplir 27 años de su muerte, su legado sigue vivo, es el gran referente de los actuales exponentes de la comedia.

Tal y como lo dice Dany Hoyos, creador e interprete de Suso, el paspi, Montecristo, en la época actual y el alcance de las redes sociales, sería una estrella de Hollywood.

Los que siguieron su legado

“Lo más teso que más parece de Montecristo es que logró ser viral sin internet, saber que un señor hace 50 o 40 años entraba a todas las casas a través de la radio, es una cosa increíble, de hecho todo queremos ser Montecristo, todos los que hacemos comedia queremos tener el alcance que él tuvo a punta de chistes. Este man llevó la comedia a un sitial que nosotros los nuevos no hemos podido, ni un poquito, llevar. El valor de este man era hacer comedia, no solo con chistes, sino con sketch. Lo de eso señor fue una genialidad”.

Andrés Mauricio “Chicho” Arias

Comediante de Monógos sin propina

“Don Guillermo es una leyenda, de él tengo dos recuerdos, mi abuelita hacía la digestión con Montecristo, se carcajeaba escuchándolo en la radio, y lo segundo es que fue el primero que llegó a nivel internacional con la creación de muchos chistes. Él logró meterse en el hablar cotidiano de la gente, que es lo que buscamos todos los comediantes. Montecristo estaría hoy en Hollywood, es el gran referente”.

Dany Hoyos

Creador e interprete de Suso, el paspi

“Fue el papá de los pollitos, el que abrió esa puerta y nos dejó ese legado a todos nosotros. Mis recuerdos de Montecristo están ligados a mi abuelito, que siempre que yo llegaba del colegio estaba al frente de la radio, a todo volumen, escuchando y riendo con Las Aventuras de Montecristo. Nos dejó un linea de humor blanco para todo el público”.

Óscar Monsalve

“Risaloca”

 

Montecristo también fue pionero en la creación de personajes. FOTO Archivo EL COLOMBIANO

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