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Al recibir su título como médico veterinario, el primero en su familia, Luis Fernando decidió dejar de lado la toga y el birrete tradicionales.
Tras más de 10 años, Luis Fernando Díaz fue el primero de siete hermanos que logró graduarse como profesional. En honor a su padre, recibió el diploma de médico veterinario de la Universidad de Antioquia vestido de payaso para honrar un oficio subvalorado por muchos.
Una ceremonia de graduación en la Universidad de Antioquia no solo marcó el final de una carrera profesional para Luis Fernando Díaz, sino que se convirtió en el escenario de uno de los homenajes más conmovedores vistos en la historia de la alma máter.

Al recibir su título como médico veterinario, el primero en su familia, Luis Fernando decidió dejar de lado la toga y el birrete tradicionales para vestirse de payaso, rindiendo así tributo a su padre, Fernando Díaz, un hombre que ha dedicado su vida al arte circense y al rebusque en las calles de Medellín.
La historia de este reconocimiento comenzó mucho antes de obtener el título. Mientras cursaba su carrera, que inició en 2013, Luis Fernando veía en su padre un ejemplo de lucha constante.
Fernando Díaz ha dedicado su vida al arte, pasando de ser payaso de circo y mago a recorrer los buses de la ciudad como vendedor ambulante y cantante, siempre con el propósito de sacar adelante a sus siete hijos en el barrio El Rosario, de Itagüí.
Más allá del trabajo diario, Fernando se destacó también como un líder social en Medellín, defendiendo los derechos de los artistas circenses y promoviendo la formalización de los vendedores ambulantes. Luis Fernando creció viendo cómo su padre, incluso dentro del Concejo de Medellín, utilizaba su arte para visibilizar las necesidades de su gremio, enseñándole que el éxito también reside en ayudar a los demás.
“Mi papá ha estado muy involucrado en la idea de crear una asociación de usuarios de un hospital en San Antonio para defender los derechos de los usuarios y de los trabajadores informales. Él ha sido vendedor ambulante en los buses, lo que a menudo conlleva ciertos riesgos en términos de seguridad. Además, ha estado intentando ayudar a formalizar a los vendedores informales en los buses”, contó.
Tras una pausa académica obligada por la pandemia y la necesidad de trabajar, Luis Fernando retomó sus estudios en 2024 para finalizar sus prácticas en el municipio de Caicedo, occidente de Antioquia.
“Hoy, a mis 35 años, puedo afirmar que tengo un gran orgullo de ser el hombre que soy, de ser quien soy, de formar parte de la sociedad de la manera en que lo hago, y nada de esto sería posible sin el ejemplo de mi padre, sin su fuerza, sin sus sacrificios, sin esa disciplina que lo impulsó a entregar cada gota de energía por cada uno de sus hijos. Esto me llena de orgullo, y en cada momento de mi vida, estarán conmigo mi papá, mi mamá y mis hermanos. Gracias a ellos, hoy puedo decir que me siento muy contento de ser la persona que soy”, añadió.
Al alcanzar su grado, el nuevo médico veterinario cerró un círculo de gratitud. Este título no es solo un diploma; es el homenaje de un hijo que reconoce en el esfuerzo, la magia y el rebusque de su padre los cimientos indestructibles de su propia superación profesional.









