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¡Tan tesa!, Daniela, de 19 años, se le midió a manejar bus de la ruta 284 en Medellín

Para muchas personas subirse al autobús y ver que quien conduce es una jovencita es toda una novedad, otros no muestran sorpresa. Todos disfrutan el viaje con Daniela. FOTO JULIO CÉSAR HERRERA

Nacida en Anserma (Caldas), esta joven que llegó a la ciudad a los dos años, soñaba con conducir un carro grande y lo logró más pronto de lo que pensaba. Acá la historia.

TOMADO DE: elcolombiano.com

Con 48 kilos de peso y 1,50 metros de estatura, Daniela Giraldo se le midió a manejar un bus de pasajeros, que pesa más de seis toneladas y puede medir más de seis metros de largo. No lo lleva al hombro, pero esa labor es tan compleja, que en Medellín muchos buseros hombres están abandonando el oficio porque les parece cada día más difícil y estresante.

Pero si fueran solo su peso y estatura, vaya y venga. Daniela tiene otro plus: hace tres meses cumplió 19 años y esto la convierte en la conductora de bus más joven de Medellín y a lo mejor del país. Ella lo hace con tal tranquilidad y soltura, que parece no ser consciente de todo lo que significa semejante reto. Dice que disfruta el trabajo a pesar de los disgustos en la ruta, de las discusiones que a veces le toca con algunos pasajeros y de los malabares que sortea en la vía. Se le ve feliz y tranquila.

“Es que si yo no quisiera lo que hago sería un sufrimiento, y para mí esto es un hobbie”, dice envuelta en una sonrisa, amabilidad y serenidad plenas que la acompañan mientras va conduciendo.

Hace un año ella estuvo de conductora de un bus integrado del Metro, pero al final del año renunció y se quedó seis meses esperando una oportunidad. Esta le llegó hace dos meses, cuando de Transportes Medellín – Castilla (o Masnorte) le ofrecieron conducir un bus de la ruta 284, que cubre el recorrido desde Barrio Nuevo, en Bello, hasta el Centro de Medellín, una ruta que abarca casi todos los barrios de la comuna 5 (Castilla). Cuenta que no dudó en aceptar, pues está en el intento por ingresar a la universidad y mientras lo logra no quiere quedarse quieta.

“Yo renuncié al integrado y acepté este bus porque también quería más adrenalina, más emociones y retos, ja, ja”.

Los malabares

Y si quería emociones vaya que las tiene: la jornada laboral es de 15 horas (“me levanto a las 5 y llego a mi casa a las 10”); a veces hay que discutir con pasajeros (“muchos se enojan porque no les paro donde timbran, pero es que no se puede, hay paraderos autorizados y no puedo hacerlo en cualquier parte”); las infaltables congestiones y las horas pico (“los lunes son muy difíciles, el tráfico es muy pesado, pero los sábados y domingos son más tranquilos”).

Daniela afirma que heredó la pasión por su padre: “él manejaba bus en Anserma (Caldas) y yo me veía haciendo lo mismo, lo estoy cumpliendo”.

La ruta que cubre arranca en Barrio Nuevo, cruza por Santander, Florencia, El Pedregal y baja por la loma de la calle 104. Luego toma la carrera 65, pasa el puente del Mico (Moravia) y sigue por Carabobo hasta el paradero en Tenerife con Colombia. Hay pasajeros que ya la conocen.

“Yo ya la he visto dos veces y me emociona que una mujer tan joven esté haciendo un oficio que se considera de hombres, eso demuestra que somos capaces de todo”, dice Luz María Espinosa, una señora 50 años. Diego Uribe, camionero, tomó el bus en la 65: “es la primera vez que la veo y me parece normal, en Cartagena vi una de 21 años manejando una tractomula, pero me gusta porque son más pilosas, más atentas, no se confían”.

Daniela hizo la capacitación para elevar su categoría de licencia. Se preparó para conducir y no sintió miedo de arrancar. La cabrilla la cubre toda. La necesidad de tomar la palanca le hace mostrar todo el tiempo sus manos juveniles, las uñas perfectamente arregladas y decoradas: “me han salido callos, pero yo misma me los quito y de nuevo se ven mis manos lindas, ja, ja”.

Lavar el carro antes de emprender el viaje, tomar el dinero y entregar devueltas, saludar a los pasajeros y sonreír con la frescura de una niña son las escenas que se disfrutan en un viaje con ella.

Un gran apoyo han sido sus compañeros, todos hombres, que se convirtieron en sus mejores amigos, y si antes los criticaba, ahora los entiende. “Me parecían bruscos, acelerados, malgeniados”.

Ayer eran las 10 y 30 y ni siquiera había desayunado. Daniela no se quejó. Dice que los dos meses que lleva manejando el bus han sido los más inesperados de su vida. Verse en el Centro, sorteando los tacos, la moto que de repente le aparece y la hace frenar el taxista que se atraviesa son experiencias que le están dando enseñanzas para su vida, algo mucho más difícil de conducir que los diez kilómetros que recorre en cada viaje entre Barrio Nuevo y el Centro. En ambos casos hay un plan, pero el azar, a veces, también decide n

CONTEXTO DE LA NOTICIA

Aunque esta joven caldense, que está en Medellín desde que tenía dos años y dice que conoce la ciudad a la “perfección”, disfruta su labor, afirma que su sueño mayor es poder ingresar a la universidad a estudiar Nutrición y Dietética o Medicina. Afirma que aparte de conducir, le gustan la lectura y la natación. No es rumbera y disfruta compartir con sus padres, que le han dado la confianza para lo que hace. “Puede que les dé sustico, pero no me lo demuestran”, asegura. Por ahora no piensa en tener novio o comprometerse. Solo disfruta su momento.

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