FOTO: CORTESÍA
Por: Santiago Olivares Tobón
Laura María Rave relató lo que pasó antes y después del asesinato de Alexis Ospina Piedrahita, de 27 años, el pasado 31 de enero. Relató que la relación siempre fue conflictiva.
Laura María Rave Sánchez, la mujer condenada a 17 años y 9 meses de prisión por incendiar su casa para asesinar a su esposo el pasado 31 de enero en el barrio La Milagrosa, de Medellín, habló sobre lo que había sucedido durante la relación y aseguró que no se arrepentía del crimen. Incluso dijo que se gastó 20.000 pesos de gasolina para provocar la fatal conflagración.

Esta mujer relató lo ocurrido en la madrugada del último sábado de enero al podcast Testimonios Colombia, en una entrevista que entregó desde la Cárcel La Picaleña, de Ibagué, donde está recluida tras ser condenada por el asesinato de su esposo Alexis Ospina Piedrahita, en medio de una relación caracterizada por la violencia y los constantes regresos tras una serie de rupturas.
Lo primero que manifestó esta mujer es que el trago fue un factor determinante en el daño de una relación que comenzó durante la pandemia del 2020 y que, después del periodo de conquista, se comenzó a caracterizar por las reacciones violentas de parte y parte.
“Nosotros desde el comienzo empezamos con violencia. Cada vez que salíamos a rumbear, a tomarnos algo con los amigos, siempre llegábamos a la casa a destruir toda la casa. Desde que inició la relación, empezábamos con los insultos, con los malos tratos, con las humillaciones”, contó Laura desde este centro reclusorio.
Incluso relató una serie de episodios en los que se alcanzaron a amenazar de muerte, en la mayoría de las veces, luego de compartir con amigos. En algunas ocasiones se presentaban los altercados por celos y en otras simplemente por reclamos pasados.
“A él le daban como impulsos, como iras. Tiraba todo al piso o yo me tenía que encerrar en una habitación porque me decía que me iba a matar y que si no era a mí, era a mi niño. Y eso fue apenas iniciando la relación, cuando aún no nacía la niña”, comentó esta madre de un niño de 13 años y una niña de cuatro, la segunda producto de la relación con Alexis.
Si bien destacó que el vínculo tuvo sus buenos momentos, en la mayoría de las oportunidades reinaba el conflicto, en unas situaciones de violencia que iban incrementando su intensidad: “primero fueron los insultos, luego destrozaba la casa y después llegaron los golpes hasta que pasó lo que tenía que pasar”, contó.
Una de las agresiones más fuertes, según relató, ocurrió tras una fiesta con unos amigos, en la que la comenzó a insultar y luego empezaron los ataques. “Yo me acuerdo que tenía una botella en la mano y yo se la quebré y le hice un rasguño. Luego me tiró a la cama y empezó como a tratarme de ahogar”.
Y así Laura cuenta una serie de anécdotas que dejan en evidencia una relación de cinco años caracterizada por la violencia física y psicológica que terminó en la madrugada de ese sábado, en un hecho que, según su versión, se le salió de las manos.
Después de haber salido a trabajar ese día, llegó a las 11:30 de la noche a su casa y se encontró con que su esposo no le quería abrir, lanzándole una serie de improperios, que lo único que hizo fue caldear los ánimos.
“Llegué a la casa en un taxi. Empecé a tocar la puerta y él estaba viendo televisión. Seguí tocando y él me empezó a gritar: ‘Váyase de acá, váyase a putear’. Las palabras eran muy ofensivas y empezamos una pelea por la ventana. Él me trataba mal y yo lo trataba mal”, contó esta mujer.
Después de varios minutos de discusión, en el que Laura María le clamaba a su pareja que la dejara entrar a su casa, la mujer tomó una decisión radical: ir a una estación de gasolina y comprar el combustible.
“Yo bajé a la bomba y compré 20 000 pesos en gasolina. Compré una mechera y cuando yo llegué a la casa, él abrió la ventana apenas sintió que yo pisé la acera. Se asomó y sonriendo dijo: ‘¿vas a quemar el carro?’”, agregó Laura.
Pero al final la mujer decidió que no le iba a prender fuego al carro de ambos, sino a la casa, con Alexis adentro. Después de rociarle el combustible, tanto por dentro como por fuera, usó la mechera y la vivienda comenzó a arder, mientras que este hombre no tuvo cómo salir de la misma.
“Tú escuchabas los gritos de petición de ayuda. Él solo gritaba ‘ay, ay’ y ya. Cuando yo corría para subirme en un taxi, escuchaba la ambulancia y los bomberos, pero yo me preguntaba si era por lo que había hecho o solo estaban pasando”.
Cuando se disponía a escapar hacia Pereira, se dio cuenta que el tema se le había salido de control. Si bien en un comienzo pensaba que solo le metió un susto a su esposo, un familiar le mandó una foto con él vendado completamente en el Hospital San Vicente Fundación. “Nunca me imaginé prender el celular y recibir una imagen del todo vendado”, aseguró.
Mientras su compañero sentimental agonizaba, ella solo se cuestionaba si era mejor que falleciera el hombre que había prometido amar en febrero de 2025, cuando se casaron. “Si él se muere, yo me voy a sentir un poquito libre, me voy a sentir diferente”, dijo.
Cuando se confirmó la muerte de Alexis, ella se puso a disposición de la justicia en Pereira, a donde había escapado para refugiarse en casa de familiares y amigos mientras pasaba el susto por esta discusión que fue la cúspide de una relación violenta.
Si bien aseguró que se siente tranquila por lo que hizo, sí le duele estar lejos de sus padres y sus hijos mientras está detenida a 349 kilómetros de distancia de ellos, en una cárcel donde se aventuró a contar la historia de una relación de la cual sus parientes auguraron que iba a terminar mal, como ocurrió.









