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Guatemala es el quinto país de la región donde ocurren más matrimonios y uniones forzadas con niñas y adolescentes

GUATEMALA:

Por Ana Lucía Ola

Pese a que la ley prohíbe los matrimonios con personas menores de 18 años, las uniones a temprana edad no dejan de ocurrir.

TOMADA DE:https://www.prensalibre.com/

“Los padres obligan más a las niñas a casarse siendo menores. Dicen que no hay dinero, que hay mucho gasto en la casa. Si las niñas se casan ya es menor el gasto para ellos. Las unen por un interés económico”. Esa es parte de la percepción de los niños entre 10 y 14 años de San Pedro Carchá, en Alta Verapaz, acerca de las uniones tempranas que ocurren en su comunidad.

Entre 2015 y 2017 este fue el municipio con la mayor cantidad de matrimonios en niñas y adolescentes, con un total de 95 casos de los 3 mil 436 que el Registro Nacional de las Personas reportó a nivel nacional, según el informe Niñas adolescentes en matrimonios y uniones forzadas a tempana edad en Guatemala, elaborado por Plan Internacional.

A partir del 2017 la ley guatemalteca prohíbe el casamiento de personas menores de 18 años, sin embargo, los casos no dejan de suceder. La organización Mesa a favor de las Niñas y Adolescentes identificó entre septiembre del 2017 a julio del 2019 un total de 53 matrimonios en menores de edad.

No hay un reporte actual de casos, pero Guatemala ocupa el quinto lugar de las Américas con más matrimonios y uniones infantiles tempranas y forzadas (MUITF), por detrás de Belice, Honduras, Nicaragua y República Dominicana, este último está en la primera posición junto a Surinam.

Tres de cada diez guatemaltecas se unieron a una pareja antes de cumplir la mayoría de edad, mientras que una entre cada decena lo hizo antes de cumplir los 15 años. En el caso de los hombres solo uno lo hizo antes de los 18 años, detalla el informe.

En el país persisten las uniones sin registro oficial y tienen mayor ocurrencia que los matrimonios de menores inscritos legalmente, aunque la ley lo prohíbe en la práctica hay notarios que las realizan, recién denunció la Mesa de la Niña. Mientras que siete de cada diez casos están en unión informal.

“Me casé pensando que un día se iba a morir mi mamá y mi papá y yo me iba a quedar sola”, es el testimonio de una jovencita que vio en unirse a su pareja un escape a su situación, y que se recoge junto a otras historias en el documento de Plan Internacional.

Vulnerables

Las niñas y las adolescentes en contexto de mayor exclusión y desigualdad, que residen en zonas rurales, indígenas, sin acceso a educación formal, en condiciones de pobreza, son quienes están más expuestas a esta práctica, que viene a truncar sus proyectos de vida.

Son Petén y Huehuetenango los departamentos con la menor edad promedio para la primera unión. En las Verapaces y en Jutiapa hay mayor prevalencia de embarazos en niñas y adolescentes, pues estos matrimonios y uniones forzadas traen como consecuencia la maternidad temprana.

“Las uniones casi nunca son de pares, siempre hay una persona que es mayor en edad y muchas veces hay presión familiar o comunitaria para que ocurran. También tiene relación las expectativas sociales y el carecer de alternativas para ampliar el proyecto de vida”, indica Susy Eiyadeh, oficial de participación y derechos sexuales y reproductivos de Plan Internacional.

¿Cuántas uniones con niñas y adolescentes ocurren en la actualidad? Es difícil saberlo. Los casos que como organización han documentado salen a luz durante el trabajo de campo que realizan. En ocasiones se percatan de que las menores no volvieron a la escuela, y la razón es que ahora viven con una pareja. Esto sucede más en el área rural.

Eiyadeh refiere que la situación se ha normalizado en la sociedad, como el hecho de ver a niñas convertidas en madres, cuando la ley tipifica como violación las relaciones sexuales con menores de 14 años. En el 2017, solo el 2 por ciento de los casos denunciados llegaron a juicio, pero no siempre terminan en condena.

El Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva (Osar) reporto de enero a julio de este año un total de 1 mil 268 embarazos en menores entre los 10 y 14 años.

“Se naturaliza el que una niña tenga que estar en unión con un hombre, que muchas veces le lleva cinco y hasta 10 años”, indica la oficial de Plan Internacional, esto es una vulneración a los derechos de las menores, es producto de la discriminación, de la desvalorización de las niñas, de las normas sociales de género, de la exclusión y desigualdad que pesa sobre el hecho de ser mujer.

De acuerdo con el informe, en el 2017 de los 11 mil 109 matrimonios de jóvenes de entre 15 y 19 años, el 17.9 por ciento se casó con hombres de su mismo rango de edad, pero el 82.1 por ciento los hizo con mayores de 20 años o más, y entre este grupo el 22.9 por ciento de las parejas tenía más de 25 años.

Consecuencias lamentables

Las causas detrás de las MUITF pueden ser diversas, pero las normas de género que la sociedad impone a las mujeres desde la niñez tienen un peso importante. Relegarlas a las tareas domésticas y limitar sus oportunidades de educación es una constante, como también los patrones culturales de masculinidad que influyen en que los hombres se unan a niñas y adolescentes, pues para ellos representa un estatus el estar casados.

Se estima que las uniones tempranas reducen en un 16 por ciento la cantidad de niñas que continúan la educación secundaria, como reporta Plan Internacional. Mientras que en el 2019 casi nueve de cada 10 de las niñas entre 10 y 14 años que resultaron embarazadas abandonaron la escuela.

“Hemos encontrado casos en donde las niñas se han dado en unión por intercambios, por acuerdos sociales, pero también tienen que ver con cuestiones económicas. Cuando hay una situación de desventaja y de pobreza, las niñas representan muchas veces una carga para la familia, y el que salgan de casa significa un alivio para los padres”, dice Eiyadeh.

Las consecuencias de estas uniones tempranas y forzadas no solo truncan los proyectos de vida de las niñas y adolescentes, también les crear una dependencia económica hacia sus parejas, pierden autonomía, corren el riesgo de sufrir violencia dentro del hogar, pierden contacto con sus redes de pares. En la parte psicológica puede generar frustración, temor, sentimiento de abandono.

¿Qué acciones emprender para prevenir los MUITF?

Reconocer a las niñas y adolescentes como sujetas de derechos

Incorporar el tema a los planes nacionales de desarrollo y asignar presupuestos de forma intersectorial

Generar alianzas con la sociedad civil, principalmente organizaciones lideradas por jóvenes, mujeres y personas indígenas

Dar a las niñas y adolescentes conocimientos y herramientas para ejercer sus derechos, principalmente los sexuales y reproductivos, así como fortalecer su autonomía y liderazgo.

Frenar las MUITF requiere de acciones colectivas entre gobierno, instituciones internacionales y sociedad civil, donde se promuevan políticas de salud y educación que abran la oportunidad de desarrollo para las jóvenes.

“Nadie que aspire a gobernar o trabajar en favor de la niñez y adolescencia puede ignorar el matrimonio infantil y las uniones tempranas como un reflejo de la desigualdad, violencia y falta de oportunidades que enfrentan niñas y adolescentes”, expresó Alma Burciaga González, representante para América Latina y el Caribe de Girls Not Brides, durante la Alianza Nacional para Abordar los Matrimonios Infantiles y las Uniones Tempranas y Forzadas en Guatemala, en la que participan más de 20 organizaciones de sociedad civil, y que se celebró en julio pasado.

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