El caudal del río Cauca es clave para poder que Hidroituango pueda llegar a la cota 420. Foto: EL COLOMBIANO
Ana Karina Muñoz Gutierrez
Tras semanas de mínimos históricos, el caudal del Cauca se triplicó esta semana. Llevar el embalse a la cota 420 es clave para afrontar El Niño.
Aunque estas fluctuaciones coinciden con intensos aguaceros, las autoridades advierten que no garantizan la recuperación estructural de las cuencas.
Ante este panorama, EPM avanza en la maniobra para subir 12 metros el embalse de Hidroituango con el fin de almacenar una reserva estratégica de respaldo que permita mitigar los impactos más críticos del fenómeno de El Niño.
“Una lluvia no necesariamente significa que el problema terminó. Necesitamos que llueva donde corresponde, en cantidades suficientes y de manera sostenida”, explicó Humberto Iglesias, vicepresidente de Negocios de EPM.
Según los pronósticos meteorológicos, las lluvias previstas para octubre están 50% por debajo de lo esperado, mientras los modelos globales indican que noviembre seguirá la misma tendencia.
El contexto que rodea estas semanas de lluvias es inédito. “Estamos viviendo el fenómeno de El Niño más fuerte del que se tenga registro en los últimos 50 años. El último más fuerte había sido en 1997, y este ya lo superó. Y todavía no ha arrancado lo más fuerte, que será diciembre, enero, febrero y posiblemente marzo”, indicó Iglesias.
Entérese: El río Cauca está en mínimos históricos y obliga a Hidroituango a operar a media marcha
En ese escenario, EPM avanza en llevar el embalse de Hidroituango desde la cota 408, donde se encuentra actualmente, hasta la 420, considerado el nivel óptimo de operación.
El proceso podría extenderse estos dos meses, con incrementos de hasta 40 centímetros diarios, aunque la velocidad dependerá directamente de los caudales que lleguen desde el río Cauca, que desde finales de julio registró caudales por debajo de mínimos históricos.
Alcanzar la cota 420 le permitiría a Hidroituango almacenar cerca de 400 millones de metros cúbicos adicionales de agua, equivalentes a aproximadamente 187 gigavatios hora de energía, una reserva de respaldo para los meses de mayor impacto de El Niño.
La operación incluirá periodos de estabilización para evaluar el comportamiento de las laderas y verificar las condiciones ambientales, geotécnicas e hidráulicas del proyecto. Pero EPM advierte que la lluvia, por sí sola, no es suficiente.
Las acciones más efectivas están al alcance de cualquier hogar: reducir la ducha de 10 a 3 minutos puede ahorrar hasta 100 litros al día, cerrar el grifo mientras se enjabona ahorra hasta 80 litros, y reparar una canilla que gotea puede significar 58 litros menos al día.
Si las lluvias de octubre y noviembre se sostienen y el ahorro ciudadano crece, la ciudad podría llegar al pico de El Niño en mejores condiciones. No en las óptimas, pero no tan mal como para que cualquier eventualidad implique más cortes de agua o el riesgo de un apagón energético.
Pronóstico climático
El Centro de Predicción Climática de la NOAA registra una anomalía de temperatura en el Pacífico Central de 2,3 grados, según informó Julián Sepúlveda, líder del equipo de meteorología del Siata. Este valor confirma un evento de gran intensidad.
Sepúlveda apunta a lo mismo que Iglesias: lo que ha faltado son los sistemas grandes, esas lluvias que arrancan en el Magdalena Medio, cubren media Antioquia, duran 12 horas seguidas y se repiten cinco días consecutivos. “Estamos acostumbrados a ver ese tipo de eventos en un octubre o noviembre normal. En este momento no está ocurriendo”, dijo.
Los que sí han caído son eventos convectivos: localizados, intensos pero breves. Suficientes para generar emergencias puntuales —como el desbordamiento de la quebrada La Iguaná—, pero no para llenar las cuencas clave.
Cristian Arango, coordinador del Grupo de Análisis y Pronóstico del Tiempo del Ideam, explicó que El Niño propicia una cizalladura del viento que, paradójicamente, permite que se formen tormentas locales intensas, pero impide que se desarrollen los sistemas de lluvia sostenida de gran escala que la región andina necesita para sus embalses.









