Murieron los hermanos siameses José Luis y José Armando Cevallos a los 27 años: su historia, qué pasó y cómo desafiaron los pronósticos médicos

José Luis y José Armando, los siameses de Ecuador. Foto: @siamesesdelecuador

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Mateo Chacón Orduz

 

Un problema cardíaco de uno de ellos provocó el fallecimiento de ambos. Habían visitado un programa de televisión hace apenas un mes.

José Luis y José Armando Cevallos, los hermanos siameses ecuatorianos, murieron de manera repentina a los 27 años. Según informó el espacio televisivo, un problema cardíaco de uno de ellos terminó causando la muerte de los dos.
De acuerdo con el relato conocido, José Luis comenzó a sentirse mal y a tener vómitos, por lo que fue llevado a un hospital. Poco después, José Armando empezó a sentir un dolor agudo en la pierna, justo antes de que su hermano sufriera un paro cardíaco. Los médicos lograron estabilizar a José Luis, mientras José Armando le pedía una y otra vez que no lo dejara solo. Minutos más tarde, José Armando sufrió un infarto que acabó con la vida de ambos.
La noticia causó conmoción por lo inesperada. Días antes, los hermanos habían visto un video en TikTok que anunciaba su muerte, algo que, según se supo, los afectó profundamente. Tenían previsto grabar una respuesta para desmentirlo.

El entorno de los hermanos

Fernando Carrillo, la persona que nunca se separó de ellos y a quien consideraban un padre, habló del fallecimiento con evidente emoción en una entrevista con la presentadora Pepa Romero. Describió a los jóvenes como dos hijos y dos amigos. Romero, por su parte, le dijo que se había convertido en su padre y agradeció el cariño que los hermanos mostraron durante su paso por el programa.
La presentadora aseguró que no se ha quitado la pulsera de la “eterna felicidad” que los dos le regalaron en esa visita.
Los hermanos siempre defendieron su decisión de permanecer unidos. En el estudio del programa lo resumieron así: “No queremos separarnos, nacimos juntos y moriremos juntos”.

Una vida unida desde el nacimiento

José Luis y José Armando nacieron unidos por la pelvis. Compartían el hígado y el intestino, tenían dos piernas y cuatro brazos, y cada uno contaba con su propio corazón. Sus padres esperaban un solo bebé y solo descubrieron que eran dos cuando las complicaciones del parto obligaron a hacer una cesárea.
Los médicos estudiaron desde el comienzo la posibilidad de separarlos, pero el riesgo era demasiado alto: la mayor parte del hígado pertenecía a José Luis, por lo que la operación ponía en peligro la vida de ambos. Finalmente, ellos mismos descartaron la cirugía. Al nacer, el pronóstico fue de apenas unos meses de vida, y sin embargo superaron las expectativas y llegaron a los 27 años.
José Armando explicaba una particularidad de su convivencia: cuando José Luis se enfermaba, él también, pero no ocurría lo mismo a la inversa.
Como eran los únicos siameses de Ecuador, en la infancia fueron blanco de miradas, críticas y acoso escolar. Con el tiempo aprendieron a ver el lado positivo de su situación: siempre tendrían al otro a su lado y se volvieron imprescindibles el uno para el otro. Su día a día exigía una coordinación constante para comer, moverse, vestirse o hacer cualquier tarea.
Aun así, hablaban de sus planes a futuro, entre ellos casarse y formar una familia con la pareja que ambos compartían y a quien conocían desde hacía dos años y medio.
A través de sus redes sociales mostraban su rutina, su sentido del humor y la complicidad que los unía, con un mensaje de optimismo. En sus perfiles de Instagram se presentaban con un lema: querer es poder y la discapacidad no impide ser feliz.