Descubren en Sierra Nevada de Santa Marta una red prehispánica más grande que Ciudad Perdida: así es Betoma

Por su tamaño, Betoma supera ampliamente a otros sitios prehispánicos como Ciudad Perdida, conocida también como Teyuna o Buritaca-200, que fue construida alrededor del año 700 d.C. y permanece como uno de los asentamientos indígenas más destacados del país. Fotos: Tomplanmytrip - Wikipedia - Parques Nacionales Naturales

Por su tamaño, Betoma supera ampliamente a otros sitios prehispánicos como Ciudad Perdida, conocida también como Teyuna o Buritaca-200, que fue construida alrededor del año 700 d.C. y permanece como uno de los asentamientos indígenas más destacados del país. Fotos: Tomplanmytrip – Wikipedia – Parques Nacionales Naturales

Una red ancestral 40 veces más grande que Ciudad Perdida desafía modelos sobre urbanismo indígena y cambia la comprensión de la Sierra Nevada de Santa Marta.

TOMADO DE: teleantioquia.coLogo Teleantioquia

Betoma, una vasta red de poblados prehispánicos ubicada en la Sierra Nevada de Santa Marta (Colombia), ha sido catalogada por expertos como el hallazgo arqueológico más importante de lo que va del siglo XXI en el país. El sitio, documentado por el investigador Daniel Rodríguez Osorio, supera en tamaño a asentamientos tan emblemáticos como la Ciudad Perdida y replantea la organización social y territorial de las antiguas poblaciones indígenas de la región.

Este megasitio arqueológico está compuesto por 8 334 estructuras líticas —incluidas terrazas ceremoniales, cimientos de viviendas y caminos interconectados— que se extienden a lo largo de aproximadamente 18 kilómetros, lo que lo convierte en una de las redes de asentamientos más extensas de la arqueología prehispánica en Colombia.

Un paisaje ancestral redescubierto en la Sierra Nevada de Santa Marta

Betoma se ubica en el norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, una región reconocida por su biodiversidad y por ser el hogar ancestral de comunidades indígenas como los Kogui, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo, descendientes de los antiguos pueblos tayrona que habitaron la zona durante siglos.

A diferencia de un sitio arqueológico centralizado como la Ciudad Perdida, también en la Sierra, Betoma no presenta un único núcleo monumental, sino una conurbación de pueblos conectados por senderos antiguos. El arqueólogo que lidera el proyecto explicó que, por su extensión y estructura, este complejo desafía las concepciones tradicionales del urbanismo indígena y sugiere una organización social distribuida.

Este descubrimiento ha surgido tras años de trabajo de campo que iniciaron en 2019 con mediciones y registro de terrazas de piedra en la cuenca alta de la quebrada La Aguja, donde se encontraron inicialmente 1 272 terrazas, a las que se sumaron otras 678 en la zona de Río Frío.

Un avance decisivo en esta investigación fue la adopción de la tecnología Lidar (Light Detection and Ranging), un sistema de escaneo que permite mapear estructuras ocultas bajo la vegetación mediante pulsos láser desde drones. Con este método, Rodríguez y su equipo documentaron las 8 334 estructuras que componen Betoma.

Foto: Daniel Rodríguez Osorio
 Foto: Daniel Rodríguez Osorio

Reescribiendo la historia prehispánica en la Sierra Nevada de Santa Marta

El número y la extensión de las estructuras descubiertas en Betoma indican que se trató de una red de asentamientos que, según los investigadores, estuvo habitada desde al menos el siglo V y alcanzó su mayor concentración entre los siglos XIV y XVI.

Este patrón de asentamiento sugiere un tipo de sociedad diferente a los modelos tradicionales con centros urbanos jerárquicos concentrados en una sola ubicación. En palabras de expertos: “Betoma no es una ciudad monumental concentrada en un solo núcleo, sino una conurbación: una extensa red de poblados interconectados, sin un centro primario aparente”.

Por su tamaño, Betoma supera ampliamente a otros sitios prehispánicos como Ciudad Perdida, conocida también como Teyuna o Buritaca-200, que fue construida alrededor del año 700 d.C. y permanece como uno de los asentamientos indígenas más destacados del país.

Este tipo de configuración territorial plantea nuevas preguntas sobre cómo vivían, se organizaban y se sostenían estas comunidades indígenas, incluyendo su manejo ambiental, económico y social. La ausencia de una autoridad central visible invita a repensar los modelos de organización sociopolítica de los pueblos antiguos que habitaron la Sierra.

Importancia científica y cultural

El hallazgo de Betoma no solo representa un avance en la arqueología colombiana, sino que también ha captado la atención internacional por su implicación en la comprensión de las civilizaciones prehispánicas en América. La investigación cuenta con el respaldo de instituciones como la Universidad de Texas, la Universidad de Harvard, la Universidad Nacional de Colombia, el Banco de la República, la Universidad del Norte y la Wenner-Gren Foundation, entre otras.

El profesor Steve Kosiba, del Departamento de Antropología de la Universidad de Texas, ha descrito a Betoma como un “megasitio poco comprendido”, cuya extensión y complejidad estructural abren nuevas líneas de investigación sobre la sostenibilidad ambiental y la organización social de los pueblos indígenas que lo habitaron.

Aunque Betoma ha sido calificado como el mayor descubrimiento arqueológico del siglo en Colombia, los investigadores coinciden en que este es solo el inicio de un proceso de exploración mucho más amplio, que busca comprender mejor la vida de las comunidades ancestrales y su legado cultural.

Betoma en contexto: una nueva era para la arqueología en Colombia

El descubrimiento de Betoma se suma a un creciente interés por los estudios arqueológicos en la Sierra Nevada de Santa Marta, un área que ya había revelado su importancia con sitios como Ciudad Perdida. Sin embargo, la magnitud y características de Betoma obligan a replantear narrativas establecidas sobre la colonización del territorio, las formas de vida prehispánicas y la complejidad de las sociedades indígenas en esta región de Colombia.

Este hallazgo representa una oportunidad para investigaciones futuras que podrían transformar la comprensión de la historia prehispánica no solo de Colombia sino de toda América, además de fomentar el reconocimiento y respeto de las culturas indígenas que aún preservan sus tradiciones en la Sierra Nevada.