En IVA mantiene la tarifa general del 19%, pero a partir del 2028 desaparecerá la tarifa diferencial del 5% que regía para productos como café, azúcar, aceites, pastas, chocolate y servicios como la medicina prepagada.
Después de semanas de expectativas y anuncios, el gobierno por fin radicó en el Congreso la Ley de Rescate, que pretende poner en orden las finanzas públicas tras años de gastos desbordados y elevada deuda. A pesar de que había insistido en que no tocaría los impuestos, le tocó recurrir a esta alternativa ante el despelote fiscal que encontró, mayor al previsto.
El vicepresidente José Manuel Restrepo lo resumió en pocas palabras: “El gobierno anterior nos dejó una bomba de tiempo. Nos dejaron jodidos, en la inmunda”, y anunció que les tocó presentar esta ley para evitar la pérdida de 360.000 empleos, una recesión económica y la quiebra de Colombia. Si no se hace nada, el año entrante el descuadre entre gastos e ingresos llegará a cerca de 200 billones de pesos, es decir, el 9,4% del Producto Interno Bruto (PIB). La deuda pública seguirá en aumento y podría superar el 70% del PIB, mientras que las obligaciones internas y externas superan 1.200 billones.
Por todos son conocidas las crisis que heredamos del anterior gobierno —la de salud, la energética, la de seguridad, la fiscal—, a las que se suman millonarias contrataciones, saqueos y corrupción en entidades como la UNGRD, Ecopetrol, la Agencia Nacional de Tierras y el Fomag. De 635 billones de gastos del presupuesto para el 2027, 300 billones son recaudo de impuestos; lo demás es mayor endeudamiento.
El gobierno presentó esta Ley de Rescate con dos objetivos: recortar el gasto público innecesario y aumentar el recaudo de impuestos. La tijera es grande. El proyecto propone un recorte del 50% en los gastos de prestación de servicios para el año entrante, uno de los rubros que más crecieron porque el gobierno de Gustavo Petro, en su afán de ganar las elecciones, contrató el mayor número de personas posible en entidades públicas, lo que expertos como el exministro de Hacienda Mauricio Cárdenas denominaron el empleo militante.
Para el 2028, los gastos en salarios de todas las entidades del presupuesto, excepto los de la fuerza pública (militares y policías), deberán reducirse 20%. La nómina estatal fue uno de los rubros que más creció en el gobierno Petro, al pasar de 38 billones en 2022 a más de 65 billones para el año entrante, un aumento superior al 70%. Adicionalmente, el tamaño del Estado se reducirá alrededor del 15%. Para ello se le darán facultades extraordinarias, por seis meses, al presidente Abelardo de la Espriella para fusionar o eliminar entidades públicas.
Pero tal vez el mayor apretón lo sentirán los colombianos con el aumento de impuestos. Hay una tanda amplia de gravámenes que, según el gobierno, tendrían mayor impacto en los colombianos de mayores ingresos. En IVA mantiene la tarifa general del 19%, pero a partir del 2028 desaparecerá la tarifa diferencial del 5% que regía para productos como café, azúcar, aceites, pastas, chocolate y servicios como la medicina prepagada.
Conviene detenerse en ese punto, porque ahí el discurso oficial hace agua. Eliminar esa tarifa del 5% no es un ajuste que recaiga sobre los más ricos: toca la canasta de cualquier hogar y, con la medicina prepagada gravada al 19%, también a una clase media que ya carga con un sistema de salud en crisis. El gobierno insistió durante meses en que no tocaría los impuestos y hoy le pide al ciudadano de a pie que ayude a tapar un hueco que no abrió.
También se gravarán con la tarifa general del 19% los vehículos híbridos y eléctricos, las bicicletas eléctricas, los licores, las compras en plataformas de comercio electrónico como Temu y Shein y los juegos de suerte y azar y apuestas en línea. En compensación, el gobierno propone devolverles el pago de IVA a los colombianos de menores ingresos.
En renta plantea bajar la tarifa del 35%, una de las más altas de América Latina, al 33% en 2027 y al 31% en 2028. Crea un régimen especial con una tarifa preferencial del 20% para las empresas que inviertan entre el 2027 y el 2028, y del 26% para las que lo hagan en 2029. También propone ampliar la base gravable para que más personas naturales comiencen a declarar renta desde los 5,5 millones de ingresos brutos mensuales.
Y para los trabajadores propone subir el aporte del 4% a la salud, según sus ingresos: sigue la tarifa del 4% para salarios entre uno y dos salarios mínimos; los que ganen entre dos y cuatro pagarían 5,5%; entre cuatro y cinco, 6%; de cinco a diez, 6,5%. La tarifa sube hasta el 8% si devengan entre 20 y 25 salarios mínimos. Escalonarlo suena progresivo, pero en la práctica significa que el trabajador formal —el que ya declara, cotiza y cumple— verá reducido su salario neto justo cuando el costo de vida aprieta. Es, de nuevo, quien paga cumplidamente el que termina poniendo el hombro.
Ahora la palabra final queda en manos del Congreso, que decidirá qué acoge o no de estas propuestas. Los partidos de gobierno anuncian que lo discutirán de manera seria, mientras que la oposición, encabezada por el Pacto Histórico, anuncia su rechazo, desconociendo que muchas de estas iniciativas las propuso el propio gobierno Petro en sus reformas tributarias.
Y aquí está el reparo de fondo. Es cierto que la crisis fiscal no da espera y que alguien tiene que pagar la factura del desorden heredado. Pero no puede ser el bolsillo del colombiano el primero en sentir el apretón mientras la reducción del Estado sigue siendo apenas una promesa. Si al ciudadano se le pide un sacrificio, la tijera sobre el gasto público, la nómina inflada y el empleo militante tiene que ser igual de contundente y verificable; de lo contrario, el ajuste terminaría trasladando los errores del poder a la mesa de los hogares. El equilibrio de esta ley se jugará en que el esfuerzo sea compartido y no, una vez más, cargado sobre quienes menos tienen que ver con la crisis.
Se necesita un debate técnico, más que ideológico. El problema es que el tiempo corre en contra, porque el Congreso solo tiene mes y medio para sacar adelante esta ambiciosa iniciativa.









