Instantes antes de los disparos y el angustioso momento en que la comunidad auxilia a la niña herida.
En medio del silencio ceremonial que rodea los rituales funerarios del pueblo Wayuu, los disparos al aire siguen siendo una práctica que mezcla tradición, simbolismo y, en ocasiones, peligro.
Lo que para algunos representa honra y despedida, para otros se ha convertido en un factor de riesgo que pone en evidencia las tensiones entre costumbres ancestrales y la necesidad de preservar la vida.
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El hecho más reciente ocurrió en la tarde del domingo 15 de febrero, cuando una niña perdió la vida y otra menor de ocho años resultó herida por arma de fuego durante una exhumación realizada en una comunidad indígena ubicada en el kilómetro 60 de la vía que comunica a Riohacha con Maicao. Las circunstancias del caso continúan siendo materia de verificación por parte de las autoridades.
La menor fallecida fue trasladada por sus familiares de la línea materna a su comunidad para darle sepultura inmediata, en cumplimiento de las prácticas ancestrales que, ante muertes violentas, priorizan el entierro sin demoras. Entre tanto, la niña herida fue remitida a la clínica Asocabildos, donde recibió atención médica por una lesión en el maxilar inferior y permanece estable bajo observación.
De acuerdo con testimonios recogidos en la zona, los disparos se habrían registrado en medio de un acto tradicional vinculado a la exhumación de restos, una práctica cultural que forma parte del ciclo espiritual Wayuu. Sin embargo, la presencia de armas de fuego y el consumo de alcohol durante estos encuentros vuelve vulnerable cualquier ceremonia, especialmente cuando hay presencia de niños y familias enteras acompañando el ritual.
Entre la honra ancestral y las disputas familiares
Dentro de la cosmovisión Wayuu, la muerte no representa un final absoluto, es un tránsito espiritual que se honra a través de ceremonias complejas, donde el respeto hacia el difunto y el clan cobra gran importancia. En algunos casos, los disparos al aire simbolizan despedida, valentía o reconocimiento, aunque su uso ha sido cuestionado por líderes comunitarios que buscan evitar tragedias.
Las diferencias interclaniles, conocidas históricamente por marcar relaciones entre familias, también influyen en estos contextos. Las tensiones acumuladas pueden aflorar durante velorios o exhumaciones, escenarios donde convergen emociones intensas y viejas disputas. Aunque tradicionalmente existen mecanismos de mediación y compensación, la presencia de armas incrementa el riesgo de que cualquier incidente escale.
En la dinámica social Wayuu, cuando ocurre un hecho de sangre, las familias suelen activar mecanismos de diálogo y reparación para evitar ciclos prolongados de violencia. La palabra enviada entre clanes, acompañada de acuerdos económicos o simbólicos, busca restablecer el equilibrio social. No obstante, expertos locales advierten que estos procesos no siempre logran contener el dolor inmediato que dejan hechos como el ocurrido.
El llamado a la reflexión dentro y fuera del territorio
Autoridades tradicionales y miembros de la comunidad han reiterado la necesidad de revisar ciertas prácticas que, aunque arraigadas culturalmente, hoy representan un riesgo evidente. El debate no se centra en eliminar las tradiciones, sino en adaptarlas a contextos actuales donde la protección de la niñez y la convivencia pacífica se vuelven prioridades inaplazables.
En regiones de La Guajira, donde las ceremonias funerarias cumplen un papel fundamental en la identidad colectiva, la reflexión también alcanza a los llamados ‘alijunas’, quienes en distintos contextos sociales replican el uso de disparos durante despedidas o celebraciones. La tragedia reciente reabre la discusión sobre el límite entre la costumbre y la responsabilidad comunitaria.
El caso de la menor herida deja una huella profunda en la comunidad y recuerda que las tradiciones evolucionan cuando la sociedad reconoce nuevos desafíos. Mientras las familias buscan respuestas y justicia desde sus propios códigos culturales, crece el llamado a construir escenarios de respeto donde la memoria de los ancestros no se vea empañada por hechos que enlutan nuevamente a una familia de La Guajira.









