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Vida

¿Se deberían matar a los hipopótamos de la Hacienda Nápoles?

FOTO Esteban Vanegas

HELENA CORTÉS GÓMEZ |

Varias veces se le ha escuchado decir a Brigitte LG Baptiste, una de las voces más reconocidas del país en cuanto al ambiente y la conservación, que la única solución para la creciente población de hipopótamos del Magdalena Medio es eliminarlos. La bióloga y magíster en estudios latinoamericanos fue directora del Instituto Von Humboldt y actualmente es rectora de la Universidad EAN.

Esto suena ensordecedor para algunos, especialmente los animalistas. Parece descarnado, desconsiderado, un argumento desde las entrañas y no desde la razón, solo que la evidencia científica sobre los perjuicios para la ecología de la región que producen estos grandes mamíferos comienza a crecer. Entonces, ¿qué se debe hacer?

TOMADO DE: elcolombiano.comResultado de imagen de elcolombiano.com

Puede leer: ¿Por qué hipopótamos de hacienda Nápoles afectarían aguas del país?

Lo que pasó

Traídos por Pablo Escobar en un avión Hércules desde otras latitudes, se cree que los hipopótamos, originales de África, ni siquiera vinieron desde este continente, sino de zoológicos en Estados Unidos, según cuenta Germán Jiménez Romero, profesor del departamento de biología de la Universidad Javeriana, investigador en la unidad de ecología y sistemática y quien se ha especializado en el manejo y conservación de ecosistemas tropicales.

Originalmente eran cuatro, asegura David Echeverri, funcionario de Cornare, pero otros relatos refieren que Escobar solo trajo dos junto a más animales exóticos en 1983. El caso es que ahora, de acuerdo con una estimación de varios investigadores que en compañía de Jiménez publicaron su trabajo en el journal de conservación Oryx, pasaron a convertirse en cerca de 80.

Esta situación cada vez preocupa más a las autoridades y a los académicos. No obstante no son los únicos, los habitantes de la zona reportan posibles riesgos para las comunidades de Doradal y Yondó.

Cerca a Yondó (Antioquia), margen occidental del río Magdalena, se han reportado conflictos con humanos y manatíes (Ficha 205, Reporte Estado y Tendencias de la Biodiversidad 2018 Instituto Humboldt), y en el estudio publicado en Oryx se relatan posibles amenazas a los pescadores por encuentros con ellos. Los investigadores hicieron encuestas a más de 1.000 personas en Doradal y otros lugares cercanos.

Otro ejemplo es un estudio de este año publicado en la revista Ecology, que encontró evidencia que indica que esta especie importa carbono terrestre porque come en la cuenca a las orillas del río por la noche y llevan los desechos al agua en el día, lo que promueve el crecimiento de vegetación acuática que desequilibra el sistema.

Los hipopótamos, como los rinocerontes o grandes reptiles y aves, son como ingenieros que transforman el paisaje que merodean. Les llaman bioingenieros. “Por ser tan grandes y al andar en manadas pueden incluso desviar los cauces de los ríos. De esto se tienen evidencia en África”, cuenta Echeverri López.

Lo que se escucha

A mediados de julio de 2009 cerca de 30 ecologistas se reunieron frente a la sede del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo para exigir la renuncia de quien era el ministro en ese entonces, Carlos Costa Posada, por avalar la orden de caza de los hipopótamos que huyeron de la Hacienda Nápoles.

La responsable de la Red de Protección Animal y Ambiental (Redpaa), Marcela Ramírez Cruz, fue quien convocó la protesta a través de Facebook. Esto después de que se informara de la muerte de un hipopótamo adulto a manos de cazadores y soldados.

“Hay un repudio generalizado hacia el hecho de que una autoridad gubernamental avale una orden de caza de animales inocentes como Pepe”, explicó Ramírez en aquel momento a la agencia de noticias Efe.

Estas protestas provocaron fue que el país decidiera prohibir su caza. La situación generó, agrega Jiménez, que “tuviéramos que buscar nuevas alternativas para llevar a cabo ejercicios de control sobre esta especie”.

¿Y las otras propuestas?

La pregunta es simple, aunque la respuesta no tanto: qué hacer.

No se pueden devolver al continente africano que es muy grande y tiene diversas poblaciones de hipopótamos, porque ni siquiera se sabe a qué población pertenecen, argumenta el profesor de la Javeriana. Y por su parte Baptista agrega: “Ellos representan una enfermedad ecológica gravísima y los países que tienen hipopótamos en África bajo ninguna circunstancia dejarían entrar a estos animales que tienen virus distintos, enfermedades distintas, ecología diferente. En manejo de vida silvestre no se permite reintroducir, porque es muy peligroso. La única solución es sacrificarlos”.

Ellos no son culpables, pero diversos investigadores locales e internacionales, saben que el riesgo de dejarlos en el campo es mayor.

Reubicarlos en zoológicos tampoco es la mejor opción. “Uno, porque ya ningún zoológico recibe hipopótamos, hay sobrepoblación de esta especie en cautiverio y son difíciles y costosos de mantener”, explicó Baptiste. Además, como están dispersos sería necesario ir por ellos en helicóptero y todo lo que esto implica (ubicarlos, hacerles seguimiento, cargarlos…) cuesta. La National Geographic lo calculó hace diez años: unos 500 a 600 millones de pesos por cada uno.

Jiménez, que ha estudiado el tema a profundidad y ha tenido contacto con investigadores internacionales asegura que “la medida más efectiva es la cacería de control, pero acá está prohibida”.

El legado de las excentricidades de la mafia va a quedar por varios años más si no se llega a un acuerdo conjunto sobre la solución.

Otras historias similares

Las medidas de control de las especies invasoras se han discutido desde que se firmó el Convenio de Diversidad Biológica (década del 90 del siglo pasado), porque desde aquella época se sabe que las especies invasoras representan un riesgo para la diversidad biológica de las áreas a donde llegan. Las pautas de manejo para las especies invasoras van desde la prevención y llegan el mismo manejo, cuenta Jiménez. Dependiendo de lo que se busque se adoptarán una serie de medidas.

La situación con los hipopótamos en Colombia es única en el mundo, pero es indeseablemente frecuente en otras especies. Incluso recientemente hubo un caso similar al local, pero en Australia. Allí se decidió abrir la caza de camellos que no eran nativos de esa región.

Estos son solo tres de los casos que ya han perjudicado otros lugares con especies invasoras.

Rana toro en Colombia

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FOTO Getty Images

Esta se trajo de norteamérica en la década de los setenta del siglo pasado con una intención de satisfacer unas necesidades gastronómicas. El consumo de este animal no interesó mucho así que este poco a poco se fue liberando de manera consciente como inconsciente. Jiménez dice que pasó lo que suele suceder con estas especies, ella se fue adaptando a muchos hábitats y hoy en día es una rana común en varios lugares de Colombia. Esto genera una gran cantidad de problemas para otras especies porque puede estar generando cambios en muchos de los ecosistemas nativos colombianos.

Este problema nunca se manejó. Ahora ella se come una cantidad de insectos importantes para otras especies de ranas colombianas, esto le limita recursos a las ranas nativas y al empezar a aumentar en número, incrementa la posibilidad de que se haga portadora de enfermedades en otros anfibios.

Caracol manzana introducido a Hawai

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Un caracol manzana (Pomacea canaliculata). FOTO H. Zell CC BY-SA 3.0

Se tenía la intención de que fuese una delicia gastronómica y no fue así. Pasó como con la rana toro, se perdió interés en este. La especie comenzó a aumentar en tamaño pero lo que nadie previó es que este animal era depredador de otros caracoles nativos. Esta situación contribuyó al empobrecimiento de la diversidad biológica de la región. En su caso la decisión que se tomó fue introducir otra especie para que los controlara y esta nunca lo logró, no había evidencia de que lo haría. Por eso, dice Jiménez, es tan importante que se tomen determinaciones basadas en la ciencia.

Este animalito ya había atacado los cultivos de arroz en Asia en 1980 y años más tarde, en 1989, afectó los cultivos de taro en la isla del pacífico.

Camellos en Australia

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FOTO Getty Images

Este es un caso muy parecido al de los hipopótamos. Los camellos no son originarios de Australia. Los colonos británicos los llevaron desde India, Afganistán y Oriente Medio en el siglo XIX. Al llegar en un ambiente propicio para ellos comenzaron a aumentar en número. Cuando ocurrieron los incendios de los hábitats de Australia, esta situación limitó los terrenos para las especies nativas y se encontró que se convirtieron en competidores muy fuertes por recursos particularmente necesarios para algunas de las especies nativas. Además los camellos dañan los asentamientos humanos como equipamientos agrícolas. Estas fueron algunas de las razones técnicas para tomar la decisión.

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