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¿Qué pasó con la eterna primavera de Medellín?

Temperaturas mayores en las ciudades no solo contribuyen al calentamiento global, sino que afectan seriamente la salud de sus residentes. FOTO JULIO CÉSAR HERRERA

POR HELENA CORTÉS GÓMEZ

Tal vez estos días ha tenido que sacar el ventilador y buscar las prendas más frescas, porque qué calor.

TOMADA DE:https://www.elcolombiano.com/

El Colombiano

El pasado 18 de febrero la temperatura en el Valle de Aburrá subió a 33,2°C superando las temperaturas de 2019, que ya estaban entre las más altas de la historia. Para saber por qué, hay que devolverse en el tiempo.

De los viajes a pie o encima de un animal, muchos habitantes de Medellín y sus encomiendas saltaron a movilizarse en buses, camiones, automóviles y aviones en la segunda mitad del siglo XX. Inevitablemente aumentó el consumo de energía. Se prolongó el día, con bombillas ya no había que dormir temprano. El tranvía eléctrico desapareció como medio de transporte de Medellín en 1951 y fue reemplazado por los buses con combustible que comenzaron a usarse once años antes (1940). Desde aquella época la población de Medellín se incrementó un promedio de 28.000 habitantes por año. Pasaron de ser 772.887 en 1964 a 2.343.049 en 2010.

Varios cambios sociales confluyeron en la segunda mitad del siglo pasado. No solo se multiplicaron las personas sino las actividades humanas.

Por el lado de la ruralidad se tomaron decisiones que cambiaron el uso de la tierra al deforestar sus bosques y al desconocer buenas prácticas en el manejo de suelos. Cada uno de estos factores tiene su cuota en el incremento de lo que los científicos llaman la concentración de gases de efecto invernadero (ver Para saber más) en la atmósfera del planeta, que altera el clima y afecta la temperatura atmosférica. Son dos cosas que vale la pena diferenciar (ver Textualmente).

Aunque coloquialmente se le llame clima (ver Glosario) a la mañana soleada o a esa tarde lluviosa, este es más bien un promedio de sumas de esos pequeños tiempos que usted percibe como un día bochornoso o una mañana de diciembre sin vientos. Los científicos lo conocen como temperatura media atmosférica o tiempo atmosférico.

“El clima está definido por la interacción de elementos meteorológicos como la temperatura, la precipitación, la humedad relativa, la presión, la velocidad del viento y la nubosidad”, relatan tres investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias de la U. de A. y de la U. Católica de Manizales en el artículo académico Cambio de clima en la ciudad de Medellín en los últimos 50 años (1969-2010), publicado en la revista Dyna, de abril-junio de 2019.

En este artículo académico se relata que cifras del Carbon Dioxide Information Analysis Center (CDIAC), de producción y consumo de carbón, crudo y petróleo en 278 regiones del mundo desde 1781 hasta 2010, se evidencia el incremento de los niveles de emisiones de dióxido de carbono en Colombia. Estos compuestos (dióxido de carbono, metano) tienen unas propiedades ópticas y de absorción de radiación de onda larga. Ellos dejan pasar la radiación solar que es de onda corta y atrapan la radiación que la tierra emite que es de onda larga y el resultado neto es que calientan la tierra. En el país se inclinan hacia arriba desde 1950.

Así que el calor de Medellín se debe al cambio climático global, también a su urbanización, erigida en cemento y a la época de calor típica de finales y principio de año. En otras épocas incluso el Fenómeno del Niño puede ser un causante adicional de calentamiento. Mery Fernández, meteoróloga de la Universidad Nacional de Colombia, explica que “en este inicio de 2020, que presenta condiciones neutrales (sin fenómenos del Niño o la Niña), ha predominado el tiempo seco, por lo que los habitantes de varias ciudades han experimentado días muy calurosos y despejados; en cambio en zonas de montaña, se han dado noches y madrugadas muy frías, salvo en el sureste de Colombia donde es normal tener lluvias en enero y en febrero”.

Sofoco o heladas
La suma de factores que tienen a los antioqueños sofocados incluye que Medellín, al igual que Bogotá, es una isla de calor.

“En la medida en que los centros urbanos van creciendo, se van cambiando las superficies de las ciudades, reemplazando las zonas verdes por concreto. La malla vial va aumentando, los drenajes van cambiando, y esto produce un efecto como si la ciudad tuviese su propia calefacción. A este le llamamos isla de calor”, explica Óscar Mesa Sánchez, del Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional en Medellín. Para el experto esta es la razón que explica la mitad del calentamiento que se percibe en la ciudad.

“A esto se le suma la emisión de gases que se forman como invernaderos localizados. Así que ya no solo es el efecto invernadero global, de toda la atmósfera terrestre, sino que se forman unos puntos específicos de mayor calentamiento por ese efecto humano”, afirma Mesa.

Si hay tanto calor, se preguntará, ¿por qué entonces algunas ciudades presentan heladas? Aunque lugares tradicionalmente fríos como Bogotá suelen presentar estos calores, tienen heladas en las madrugadas y esto no es contradictorio. “La helada del amanecer normalmente se presenta en épocas de verano en las zonas altas de Colombia y no es inusual que luego, por las tardes, haya calores muy altos”. Mesa relata que la atmósfera seca y la falta de nubes hace que por las noches el calor que se absorbió en el día se escape a la atmósfera. Sin esa cobija que las nubes y la humedad le representan se dan más heladas.

Pero en el día, las tejas, el pavimento y el concreto absorben más calor, lo que produce más radiación solar.

Medellín se ha calentado medio grado centígrado en los últimos 50 años, dice Catalina González, profesora Asociada del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de los Andes.

“Lo que muestran los datos es que en efecto Medellín y las grandes urbes se han venido calentando en las últimas décadas. E incluso algunos lugares de la ciudad, según mediciones del Olaya Herrera, se ha calentado hasta 2 grados por encima de lo que se daba en Medellín en 1950”. Esa cifra es altísima y la investigadora aclara que aunque los promedios amortiguan la gravedad, “es probable que Medellín ya haya entrado a un mundo más caliente que el que conocían los abuelos. Yo diría que la denominación de eterna primavera podría mantenerse siendo laxo o que será mejor llamarla la ciudad del eterno verano”.

El investigador de la Universidad Nacional, por su parte, sentencia que la clave para que Medellín pueda tener un clima más saludable es el árbol urbano. Si la capital antioqueña tiene buena arborización entonces el árbol contrarrestará el efecto del concreto. Dice que en la ciudad no se está tan mal pero que sí se podría tener una mejor arborización, no solo para paliar el calor sino para mejorar la calidad del aire. Lo que pasa en Medellín no es un tema aislado, responde a una problemática global.

La Tierra cambia
Las pistas que ha dejado la historia geológica del planeta indican que este ha cambiado bastante en el transcurso de la historia, pero el experimento por el que está pasando el mundo actualmente (el calentamiento producto de la actividad humana), está bien delimitado a partir de la Revolución Industrial (entre 1820 y 1840). No hay registros de antes de ese punto de la historia, porque no existían los termómetros ni medidas directas de precipitación, pero la información sobre el clima del pasado se ha conocido a partir de indicadores indirectos como los anillos de árboles, las concentraciones de gases en los casquetes polares y el estado de los corales cuenta Mesa.

El hielo, los corales, los sedimentos marinos, los diarios de navegación han sido algunos de los testigos de información climática. En el caso de los árboles, sus marcas son las que ofrecen información. Ellos crecen ensanchando su tronco creando un anillo cada año. Esto les ha permitido a los científicos calcular fácilmente la edad que tienen. El círculo que está más cerca de la corteza es el último, y el del centro el primero del árbol. De este modo, sabiendo en qué año se toma la muestra –porque no se talan para ello–, se puede contar hacia atrás los anillos y asignar a cada uno un año del calendario.

Como la anchura de los anillos depende de varios factores como su edad: crecen más cuando es joven y los anillos son más delgados cuando el árbol es más viejo. Acá viene la clave meteorológica: el crecimiento de los anillos será mayor cuando las condiciones climáticas sean más favorables. Lo contrario va a ocurrir cuando las condiciones sean adversas. Así, por ejemplo, si la temperatura es demasiado baja o el árbol recibe muy poca agua en un año, crecerá muy poco y el aro que se formará será más delgado de lo que le correspondería, según la edad que tiene.

También los casquetes polares han revelado datos sobre el clima del pasado. En 1997, investigadores de varios países escalaron la ladera de la décimo cuarta montaña más alta del mundo, Shisha Pangma, con 8.013 metros de altura. Llegaron a la cabecera del Dasuopu, uno de los glaciares más elevados que existen. De allí extrajeron tres núcleos de hielo de alrededor de 150 metros de profundidad hoy alojados en los congeladores de diversas universidades.

Dos décadas después, como ha pasado con las muestras de regolito lunar de hace 50 años, el avance de la tecnología ha permitido sacar mucha información al Dasuopu C3, el fragmento de hielo más largo. Las sucesivas capas anuales de nieve, como si fueran anillos de los árboles, les permitieron a los investigadores viajar al pasado hasta 1499.

Sus huellas demuestran que los seres humanos alteraron uno de los picos más altos del Himalaya, cientos de años antes de que una persona pusiera un pie allí. El estudio que el equipo internacional de científicos publicó con esta información en Proceedings of the National Academy of Sciences el 10 de febrero de 2020 indica que los subproductos de la quema de carbón en Europa a finales del siglo XVIII viajaron desde Londres, el lugar de nacimiento de la Revolución Industrial, 8.000 kilómetros hasta el Himalaya.

“La lentitud del cambio climático es un cuento de hadas”, advierte David Wallace-Wells en su libro El planeta inhóspito (Debate, 2019). Además de que el martes hizo mucho calor, hay que sumar a esto el incremento de los incendios forestales, el deterioro de la calidad del aire y desabastecimiento del agua en forma crítica en zonas de Urabá, Oriente y el mismo Aburrá, que fueron argumentos más que suficientes para que el gobernador Aníbal Gaviria tomara la decisión de declarar un estado de emergencia climática. Es el primer ente territorial que lo hace en el país. La viabilidad de la especie está siendo amenazada. Hay que tomar acciones. Y el calor se lo está diciendo.

CONTEXTO DE LA NOTICIA EN FACEBOOK

PERCEPCIONES METEOROLÓGICAS
Filanderson castro

@filanderson.castrobedoya

Recuerdo que cuando era niño jugábamos fútbol bajo un sol brillante y cielos despejados y aunque hacia calor, se disfrutaba mucho, se sudaba pero no se quemaba tan fácil la piel, incluso se podía jugar sin camiseta. Ahora eso es imposible, el sol te agota rápidamente, te deshidratas, es casi imposible, se nota el cambio de temperatura.

Alberto Suarez
El clima sí ha cambiado y mucho. Hace 40 años, si estábamos en invierno y así lloviera mucho, el frío nunca fue tan intenso. Si era verano, era un calor agradable que no martirizaba. Hoy en día si es en invierno es un frío como en Tunja o Bogotá. Si es verano, es un calor desesperante y en la noche se siente con rigor.

Alba Fernández
Antes había meses de lluvia y meses de verano que uno podía predecir. Febrero del año pasado fue lluvioso y este enero tuvimos más sol que lluvia.

Olga Duque
@olga.duque.547

Cuando era pequeña usaba saco y ahora ni pensarlo, y el clima es muy extremo si hace calor es demasiado y si llueve es como el día final.

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