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La comunidad indígena que sobrevive bajo un puente en Barranquilla

El campamento de los Yukpas está debajo, y en parte de una de las orejas, del puente de la calle Murillo con avenida Circunvalar, en el sur de Barranquilla. Foto: Carlos Capella / EL TIEMPO

Por: Leonardo Herrera Delgans

Son 250 yukpas desplazados de Venezuela, que en este diciembre desean retornar a sus montañas.

TOMADA DE:eltiempo.com

Vivir de las artesanías que fabrican y de la caridad de los barranquilleros, es lo que les queda a los 250 miembros de la etnia Yukpa, migrantes de Venezuela, quienes desde hace varios meses tratan de sobrevivir bajo un puente en Barranquilla y mantienen viva la esperanza de retornar a sus montañas para las fiestas de fin de año.

Debajo de la estructura ubicada en la calle Murillo con avenida Circunvalar, en el sur de esta capital, se ven durante todo el día a niños, casi desnudos, correteando; y a hombres, mujeres y ancianos luchando contra la sed, el calor, el sereno de la noche, las enfermedades que los golpean y el mismo hambre.

En la oreja del puente han instalado carpas y tirado colchonetas al aire libre, además de los fogones a leña, donde pese a las adversidades del día a día, luchan por su supervivencia.

Los yukpas son uno de los pueblos indígenas de la Serranía de Perijá, a ambos lados de la frontera entre Colombia (La Guajira y Cesar) y Venezuela (Zulia). Mantienen su lengua y trabajan en la fabricación de artesanías a partir de la palma de iraca y los calabazos. Producen carteras, bolsos, canastos, sombreros, esteras, y recipientes para almacenar líquidos, que salen a vender a las calles.

El grupo que está asentado bajo el puente viene de la zona rural del municipio de Machiques, en el estado de Zulia, cuyo asentamiento se encuentra a tres horas subiendo a pie las montañas del Perijá.

Aníbal Romero llegó hace 9 meses con su esposa y cuatro hijos, y cuenta que se le hizo fácil llegar al puente de la Murillo, porque es el lugar donde los buses hacen la parada.

Es el líder de 26 familias yukpas, que también llegaron, y asegura que en su pueblo escasea la comida, los niños y ancianos se enferman y tampoco hay medicamentos.

Allá no hay nada que hacer, aquí por lo menos podemos trabajar con las artesanías y conseguir algo para comer

Denuncian que son un pueblo desterrado de su país por la falta de alimentos y medicamentos, y por un Estado que no los quiere.

“Allá no hay nada que hacer, aquí por lo menos podemos trabajar con las artesanías y conseguir algo para comer”, dice el hombre, quien sostiene que no vinieron a mendigar: “No estamos aquí para pedir ni exigir, pero necesitamos ayudas que le salga del corazón a la gente”.

Dionicio Romero, otro de los voceros de la comunidad, tiene claro que en el lugar en el que se encuentran no es apto para vivir, pero es lo único que tienen.

Cuenta que tres de sus hijos están enfermos, les ha dado pastillas pero no mejoran y teme llevarlos algún centro asistencial por que el ICBF se los puede quitar.

“Un sobrino está en manos del bienestar, gracias a Dios el ‘carajito’ está bien, pero tenemos miedo que nos quiten a los niños”, dice el hombre, que les pide a médicos y trabajadores de la salud que lleguen al campamento a realizar brigadas y traigan medicamentos.

Pelea por el territorio
El pasado 5 de febrero, este campamento fue desalojado por las autoridades migratorias y del Distrito de Barranquilla. En esa ocasión unas 110 familias de venezolanos fueron desalojadas del mismo sector del puente de Murillo. Los que decidieron retornar recibieron un auxilio de transporte.

Ahora que se volvieron a tomar esta zona, los yukpas enfrentan una pelea diaria por el territorio, con otros inmigrantes venezolanos que también han armado sus ‘cambuches’ en la zona.

No hacen nada, y cuando alguien nos trae ayuda quieren aparecer a quitárnosla, allí comienza la pelea”, sostiene Dionisio Romero, uno de los cuatro líderes yukpas, que trata de mantener el orden en el campamento.

Las ayudas
Desde la fundación Papá Trovador, Pedro Giraldo y Héctor García tratan de llevarles mercados, ropa y algo de medicamentos, pero este trabajo social no es suficiente. “Hay muchos enfermos, en especial niños y ancianos que requieren atención médica”, dice Giraldo, quien trata de organizar esta comunidad para entregarle asistencia.

De parte del Distrito, el Secretario de Gestión Social, Santiago Vásquez, aseguró que se realizan mesas de trabajo y están al tanto de lo que ocurre, pero no ha sido fácil convencer a esta etnia que regrese a su territorio, ya que encontraron la forma de subsistir en Barranquilla, gracia a la ayuda que reciben en la calle.

“Este es un tema complejo, de voluntades de esta comunidad, por ser indígenas tienen un tratamiento especial, así lo establece la ley”, dijo el funcionario, quien asegura que se les ha tratado de ayudar que retornen.

Mientras que la Secretaría Distrital de Salud reporta que han aplicado de 124 dosis de todas las vacunas a niños y adultos. Y que han trasladado a hospitales a ocho mujeres gestantes y le hacen seguimiento a los casos de personas con fiebre y erupciones en la piel.

Los yukpas del puente de la Murillo se resisten a ser un pueblo condenado al abandono, el exilio y olvido en el que permanecen sumidos, y por eso siguen trabajando en sus artesanías, luchando contra las enfermedades, y con las esperanza de regresar a sus montañas en este fin de año.

LEONARDO HERRERA DELGANS
Corresponsal de EL TIEMPO Barranquilla

 

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