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¿Quién vigila las cirugías estéticas?

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 Renata Jiménez, administradora de Quiruestetic, afirma que "es de conocimiento que ellos captan", en referencia a los médicos generales que dicen ayudar en los procedimientos quirúrgicos a los cirujanos plásticos.

 
La industria de la belleza tiene su lado horripilante
LA MUERTE DE cuatro mujeres en dos meses evidenció el problema que representa la falta de controles a quienes realizan intervenciones estéticas. En sondeo de EL COLOMBIANO, la ciudadanía rajó a las autoridades de salud.
Juan David Montoya | Medellín | Publicado el 2 de octubre de 2011
 
El control a los centros que realizan procedimientos estéticos le está quedando grande a las autoridades de salud. Esta es la percepción de la ciudadanía, según un sondeo de opinión realizado por EL COLOMBIANO. Una mirada más cercana al tema parece comprobar que esta idea es también una realidad.
 
Hasta 1.464 días pueden pasar desde que un centro estético que ofrezca intervenciones "mínimamente invasivas" abra sus puertas hasta que reciba la primera visita de inspección de la Dirección Seccional de Salud de Antioquia (DSSA).
 
Cada tanto, en medio de un negocio multimillonario del cual se lucran médicos que han olvidado el juramento hipocrático, se suceden las muertes.
 
Para el 88 por ciento de los encuestados, las tres muertes conocidas por la opinión pública recientemente pudieron evitarse.
 
¿Dónde está el cirujano?
Una de estas muertes es la de Tatiana Andrea Posada. Su caso reveló una práctica que va contra los más elementales principios éticos de la medicina.
 
Carlos Alberto Ramos Corena es médico y, según su pagina web, también cirujano estético.
 
Esta especialidad no es reconocida en Colombia. La sorpresa de la familia de Tatiana Andrea fue encontrar en su historia médica la firma de un profesional diferente a Ramos Corena, éste sí registrado ante la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica.
 
Dos testimonios concedidos a este diario por clientes de Ramos (ver recuadros) corroboran la denuncia que en los últimos días emitió el concejal Bernardo Alejandro Guerra Hoyos: Carlos Ramos Corena jamás le confesaba a sus pacientes que él no era la persona tras el bisturí.
 
Después de desmontar una valla que promocionaba sus servicios en plena vía Las Palmas, esta semana el integrante de la Asociación Colombiana de Cirugía Cosmética clausuró su página web y cerró su consultorio, ubicado en el Edificio Forum.
 
EL COLOMBIANO buscó su opinión y la de la asociación a la cual pertenece pero no obtuvo respuesta alguna.
 
Para el concejal Guerra, lo más grave es que este no es un caso asilado. En su despacho reposan otros testimonios que involucran más profesionales, los cuales estarían haciéndose pasar por cirujanos plásticos cuando en realidad no lo son.
 
El buen nombre y la facilidad con la que Ramos Corena ofrecía sus servicios comprueba también que estas prácticas están lejos de ser clandestinas en Medellín. La pregunta que se hace Guerra Hoyos es por qué las autoridades de salud no han tomado cartas en el asunto.
 
"A mí me preocupa que la Secretaría de Salud se encargue solamente de ver si en una peluquería o en un gimnasio hay las toallas indicadas, si están sirviendo un tinto o un almuerzo", asegura.
 
Habilitación exprés
Verónica Jaramillo Vargas* trabajó en una de las tantas instituciones de la ciudad que ofrecen servicios estéticos para lo cual no están habilitadas.
 
A pesar de ser instrumentadora quirúrgica, el médico esteticista que la contrató le impuso la tarea de habilitar el centro ante la DSSA, un trabajo para un auditor en salud. Con temor de que el ente regulador descubriera las incontables y graves irregularidades practicadas en esta clínica, Jaramillo Vargas adelantó el proceso burocrático.
 
Muchos meses después Verónica no sale de su asombro: la DSSA jamás visitó la sede de este centro pero sí entregó la calcomanía que la habilita para prestar servicios estéticos.
 
El producto estrella de esta clínica se llama lipólisis láser, una intervención que allí ofrecían como "mínimamente invasiva". Todo lo contrario. Tras aplicar anestesia local -con lo cual estas clínicas deben tener anestesiólogo-, una cánula ingresa al cuerpo del paciente para extraer la grasa del cuerpo. Este procedimiento es, en realidad, una liposucción a todas luces ilegal.
 
"A la gente le dicen que no se preocupe porque la punta de la cánula es roma. Por más roma que sea la punta, una fuerza mal hecha puede perforar el peritoneo y todas las vísceras", revela.
 
El engaño también estaba listo si llegaba la DSSA. Esconder cánulas, usted dice esto y usted aquello. El guión estaba preparado. Otra mentira que le decían a los pacientes es que cuentan con convenios hospitalarios y de traslado de emergencia.
 
Si bien durante los meses que trabajó en esta clínica -que aún funciona- nunca ocurrió un evento adverso que pusiera en riesgo la vida de sus clientes, Jaramillo Vargas enumera las posibles complicaciones que no hubieran tenido una respuesta oportuna. Un embolismo pulmonar, una trombosis coronaria o un severo accidente cerebrovascular seguro hubieran terminado con la muerte del paciente.
 
"En un centro de estética no hay nadie que sepa de reanimación. No tienen carros de paro ni anestesiólogos", asegura.
 
¿Y las autoridades qué?
De las personas consultadas por EL COLOMBIANO, apenas el 16,4 por ciento considera que las autoridades de salud entregan la información necesaria para distinguir los aptos para las intervenciones estéticas.
 
Según el sondeo de opinión, la ciudadanía también raja a los responsables de vigilar este negocio en materia de controles. El 73,2 por ciento opina que éstos no se están adelantando, con lo cual se pone en riesgo la vida de los pacientes.
 
Esta percepción, anuncia el concejal Guerra Hoyos, afectará el negocio de las incontables instituciones que hacen las cosas bien: "Lo que se afecta es el cluster de la salud, la imagen de la ciudad. Realmente no hay una autoridad que ejerza de manera importante el control y la vigilancia. Llevamos seis años denunciando. Yo quisiera ver el primer médico en la cárcel... no lo veo".
 
La Secretaría de Salud de la Alcaldía de Medellín sostiene que la vigilancia de los procedimientos invasivos corresponde a la DSSA.
 
"No existen procedimientos mínimamente invasivos", advierte Pilar Pastor, secretaria de salud de Medellín. "Si están realizando procedimientos invasivos, no corresponde a los centros de estética. En esos casos se toma la medida necesaria que es la clausura temporal", complementa.
 
De lado de la DSSA, ente adscrito a la Gobernación departamental, se reconoce la necesidad de una normativa "mucho más estricta".
 
Paola Andrea Salazar Gallego, directora de la Dirección de Calidad y Red de Servicios, considera infortunado el proceso de habilitación que legalmente entrega avales antes de que su despacho visite los centros estéticos.
 
Además del plazo de cuatro años con el que se cuenta para esta verificación, este proceso tiene que ser anunciado por lo menos con un día de anticipación.
 
"El único servicio que se verifica antes de entrar en operación es urgencias", señala. Además, la funcionaria reconoce que su equipo de nueve personas es insuficiente para hacerle un seguimiento adecuado a los más de 10.000 centros del departamento que tienen que controlar.
 
Así las cosas, evitar más muertes por procedimientos estéticos queda prácticamente en manos de cada quien.
 
Las recomendaciones son las de siempre: verificar que el centro médico esté, más que habilitado, certificado por la DSSA -son dos documentos diferentes-; que el médico haga parte de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva (ver recuadro) -puede consultarse en la página web www.cirugiaplastica.org.co-; exigir la presencia de un anestesiólogo antes y durante la intervención; consultar la idoneidad de los especialistas y centros estéticos en el teléfono 3839941, así como no escatimar en gastos.
 
En intervenciones estéticas, lo comprueban algunas de las tragedias recientes, lo barato sale muy caro. 
 
*Nombre cambiado.
 
» Contexto
 
Plásticos contra estéticos
Para la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica y Reconstructiva (SCCPR), es claro que sus miembros son los únicos que pueden realizar procedimientos estéticos invasivos. 
 
Las directivas de esta asociación han subrayado una y otra vez que la medicina estética no es siquiera reconocida como una especialidad en Colombia. 
 
En efecto, no lo es. Gladys Arroyave, presidenta de la Asociación Científica Colombiana de Medicina Estética (ACCME), asegura que el gremio que ella representa está adelantando procesos de acreditación para que los estudios en el exterior sean reconocidos en el país. Sin embargo, la normatividad colombiana, reconoce que hasta el momento son médicos generales. 
 
La presidenta de la ACCME advierte que los médicos estéticos son un apoyo para el cirujano plástico y que, de ninguna manera, pueden realizar procesos quirúrgicos. "Nosotros tenemos un ámbito diferente. Manejamos la parte de patología y otros métodos que son relativamente invasivos, : la hidrodermoterapia, la toxina botulímica, los implantes a nivel de piel con ácido hialurónico de cara".
 
» Contexto
 
Las víctimas del doctor Ramos Corena
Una infección puso en riesgo su vida 
"En los momentos en que volvía de mi sedación, observaba lo que sucedía y escuchaba los vallenatos que sonaban en plena cirugía". Su primera sorpresa se la llevó al percatarse de que no le habían hecho la liposucción en los brazos y las piernas, como habían acordado. 
 
A los pocos días de salir de su abdominoplastia con cambio de senos, intervenciones estéticas que le costaron diez millones de pesos, Catalina* se empezó a sentir muy mal. La razón: una infección a la altura de la vagina que empezó a supurar. "Yo chorreaba una cosa amarilla que olía maluco. Se me empezó a abrir mi cortada. Toda esa infección que yo tenía me empezó a salir por todas partes".  
 
Catalina busco en reiteradas ocasiones al doctor Carlos Alberto Ramos pero él mismo y sus empleados le respondían con evasivas. La recomendación del "cirujano estético" fue que se internara en un hospital, para lo cual debía esperar su llamada y autorización. Ésta nunca llegó. 
 
Buscando su historia  médica se llevó una sorpresa mayor. "Pregunto que si Carlos Ramos era socio de la Clínica La Aguacatala, y me dijeron que era falso y que a mí nunca me había operado Carlos Ramos. Que me había operado una tal (Lisbeth) Vincent, nombre que jamás había escuchado". El médico le ofreció dinero a cambio de la firma de algunos papeles que lo exoneraran de su responsabilidad pero Catalina no accedió.
*Nombre cambiado. 
 
Falsificaron el consentimiento informado 
Desde hace ocho años María Antonia Vélez Zuluaga* tiene implantes mamarios. Este era el año de cambiarlos. En el consultorio, le pidió al doctor Ramos Corena que le mostrara sus trabajos previos. Éste llamó a una de sus asistentes para que le mostrara sus senos. "Pélale las tetas", dijo. 
 
Luego vino un diagnóstico aterrador: "Esa prótesis está rota, se está comportando como un cáncer, se te está comiendo el músculo, vas a perder el seno". Carlos Alberto Ramos quiso hacer un favor: rebajar su tarifa, pero puso una condición. María Antonia se tenía que operar al día siguiente. 
 
En el quirófano le insistió mucho en ponerle una prótesis de 700 gramos, a lo cual ella se negó. Eran mucho más grandes de lo que deseaba pero jamás le dieron las muestras para que eligiera la que más le acomodaran. Hoy no sabe qué tipo de prótesis lleva en sus pecho y  en unos meses planea volver al quirófano solo para salir de dudas. 
 
Una "marcación" abdominal que tuvo que pagar minutos antes de entrar al quirófano mientras Ramos Corena monitoreaba la consignación desde su teléfono, la dejó inconforme. "Quedó torcida", dice. Al reclamarle el médico, éste adujo que solucionaría el problema luego de que le desembolsara una alta suma de dinero. Lo más grave de todo, asegura María Antonieta, es que hasta la firma de su esposo en el documento que certifica el consentimiento informado fue falsificada. 
*Nombre cambiado.

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