“El sismo se sintió muy fuerte, pero lo más impresionante fue el pánico de la gente”

MEXICO:

Miedo, nerviosismo, incredulidad, confusión: así se vivió el temblor en México.

TOMADA DE:elpais.com

Confusión, nerviosismo, miedo, incredulidad y pánico… mucho pánico. El sismo que sacudió a México este juevesempezó a unos minutos de que cayera la medianoche y tomó por sorpresa a 50 millones de mexicanos. El temblor de magnitud 8,2 ha sido el mayor terremoto en casi un siglo en el país.

“No me asustan los temblores, llevo toda la vida viviendo aquí”, cuenta Jaime Gómez, vecino de la céntrica colonia Cuauhtémoc, en la capital. “Como había habido una falsa alarma un día antes, no pensamos que era en serio, pero después nos dimos cuenta de que esta vez era particularmente fuerte y que teníamos que tener cuidado”, agrega Gómez, de 42 años. Vivir en la Ciudad de México esacostumbrarse a vivir con los sismos.

Pero el temblor de la noche del jueves fue diferente. Hace mucho no se sentía un terremoto así.”Me despertaron los gritos de los vecinos, evidentemente, fue muy fuerte, pero lo más impresionante fue el pánico de la gente”, relata Karla, de 32 años, de la colonia Narvarte.

El epicentro se registró en Chiapas, pero Oaxaca es el epícentro de la tragedia: las autoridades han confirmado la muerte de una veintena de personas. Cuando llegaron las primeras imágenes del sur del país, la historia dio un giro radical: el derrumbe de un hotel en Matías Romero (Oaxaca), los daños en el Ayuntamiento de Juchitán de Zaragoza (Oaxaca) y la confirmación de las primeras muertes en San Cristóbal de las Casas, en Chiapas. La primera información que había llegado era de una capital ilesa y después los reportes desde el sur del país completaron un panorama trágico e inesperado.

“Sabes que estás en el mismo lugar y que pudiste haber sido tú”, cuenta Tania Navarro desde San Cristóbal. Su noche cambió de un momento a otro. Su sobrina acababa de nacer a las ocho de la noche y su cuñada seguía en el hospital tras dar a luz. Cuando se sintió el primer latigazo del sismo, los médicos pidieron a su hermano y a su esposa que abandonaran el hospital, pero se negaron. “La verdad es que no sabemos qué hacer cuando llega el momento de un terremoto así”, admite.

Se fue la luz por una hora en San Cristóbal. En la madrugada se escuchaban a la distancia el ruido de las sirenas y las alarmas sísmicas, según el testimonio de Navarro. “Para mí este fue mucho peor que el de 1985, pensé que el edificio se iba a desmoronar”, confiere. “Tengo una chamarra (chaqueta) y unos tenis (zapatillas) preparados para mí y mi hija en caso de que cualquier cosa suceda”, dice Navarro en alerta.

En Juchitán, un residente encontró una bandera de México tras el derrumbe del palacio municipal y la clavó sobre los escombros: una de las postales más difundidas tras el terremoto y un símbolo de la resistencia en el sur de México. El pequeño municipio del Istmo ha sido arrasado, no hay servicios de luz ni agua, se han registrado actos de saqueo en tiendas y cientos de personas esperan volver a sus casas. Alrededor de 100 viviendas quedaron completamente destruidas y 500 personas permanecen en albergues.

“Necesitamos que las personas que nos puedan apoyar lo hagan, hay cuatro personas atrapadas”, dice una joven juchiteca en un vídeo que se ha hecho viral en redes sociales. El único hospital popular del municipio está seriamente dañado y tuvo que ser evacuado, según las autoridades municipales. El nosocomio no está trabajando y las labores de atención a los heridos y enfermos se hacen en el patio del hospital.

“Hay una gran necesidad de insumos médicos, sobre todo después del colapso del Hospital Civil”, comenta Jaime Mendoza, un reportero de Juchitán: “Los heridos siguen llegando, hay mucha necesidad hasta de lo más mínimo”. Hay al menos 58 muertos. Todos de los Estados del sur de México.

Mientras Juchitán se desmoronaba, el resto del país, menos afectado, intentaba superar el susto. “Me di cuenta porque se estaban moviendo todas mis cosas: mi cama, las lámparas, todo…”, comenta Jordan, de 19 años, que vive en Chimalhuacán, en el norte de la zona metropolitana. Jordan muestra los vídeos que grabó con su teléfono. Había una necesidad de contarlo, de documentarlo. No había otro tema de conversación en la mañana del viernes. “¿Dónde te agarró el temblor?”. Esa era la pregunta más recurrente y prácticamente ineludible a pie de calle, al tomar el transporte público y al revisar los grupos de WhatsApp.

“Estaba a punto de meterme a bañar, ya estaba encuerado (desnudo) y me tuve que volver a vestir”, dice entre risas Juan Carlos Contreras, de 24 años. “Empezó la alarma sísmica y salí como pude”, afirma el vecino de la colonia Pensil Sur, en el poniente de la metrópoli. Contreras se dio cuenta de la magnitud cuando vio a todos los vecinos en las banquetas. Muchos se maravillaron al ver destellos en el cielo. Eran cargas de energía que se liberaron durante el terremoto, explicaron expertos en sismología.

En otros puntos de la ciudad no se escucharon las sirenas. Los avisos fueron distintos. “Escuchamos que ladraban los perros, muy feo, y que los pájaros que tengo estaban muy asustados, son los primeros en darse cuenta”, señala Julia Pérez, de 60 años, que es vecina de Ciudad Nezahualcóyotl, en la periferia de la capital.

Lo más importante era hablar con la familia y asegurarse de que todos estuvieran bien. Los habitantes relatan que las líneas telefónicas colapsaron y que tuvieron que intentarlo varias veces antes de comunicarse con sus familiares y amigos. Los cortes en el suministro de electricidad complicaron la tarea. “Llamé a mis hijos cuando vi que todo se estaba moviendo, les pedí que tuvieran cuidado”, apunta Pérez, sin ocultar su preocupación.

“Mi hija estaba muy nerviosa, le dije que no había pasado nada, que todo iba a estar bien”, cuenta Julio Mayor de Iztapalapa, también al oriente de la ciudad. Mayor dice que estaba tranquilo y a la vez desesperado por salir de su casa. Elrecuerdo de 1985 volvía a la cabeza. “Me di cuenta de que el temblor era de movimiento oscilatorio y ya no me preocupé tanto, el de aquella vez había sido trepidatorio y se sintió muy diferente”, recuerda. “Calmé a mi hija, pero con todo y todo no pude dormir tranquilo”, confiesa.

Cuando parecía que todo había quedado atrás, empezó una tensa calma. ¿Había pasado todo? ¿Era seguro volver a casa? Había que estar pendientes de las réplicas. Era momento de ver la prensa o prender el radio y la televisión. No había muertos ni heridos, al menos en la capital: “La libramos (nos salvamos)”.

Los chilangos “salieron” a las redes sociales para cerciorarse de que el daño en la ciudad había sido mínimo. Después vino el baldazo; tres muertos en Tabasco, siete en Chiapas, 26 en Oaxaca. Todo lo que había pasado en Ciudad de México tomó un tinte anecdótico a la luz de los hechos en otros puntos del país. El terremoto se había cebado con los Estados más pobres. “Da mucha tristeza ver cómo ha pegado a algunas partes, pero somos un país que ha vivido varios terremotos: ya nos levantamos de varios y tenemos que salir adelante”, concluye Mayor antes de quitar la mirada al vacío y retomar el camino al trabajo en la capital.

 

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