Ecuador: fin del idilio

La división entre Moreno y Correa podría crear una grave inestabilidad institucional en ese país.

TOMADA DE:eltiempo.com

Duró poco el idilio entre el expresidente ecuatoriano Rafael Correa y su ungido sucesor, Lenín Moreno, quienes vienen protagonizando hace días, en las redes sociales, encarnizados choques sobre la conducción y el futuro de la denominada ‘Revolución ciudadana’.

 Para amplios círculos de analistas no era un secreto que, ante la imposibilidad de sumar un mandato consecutivo más, Correa pretendía gobernar a Ecuador en cuerpo ajeno. Analizando los posibles liderazgos dentro de su movimiento, Alianza País (AP), sobresalían dos figuras: Moreno y Jorge Glas. El segundo se percibía más incondicional hacia Correa, más sujeto a sus designios, mientras que Moreno se veía más independiente y autónomo, pero con una ventaja: las encuestas lo favorecían. Ante ese panorama, la decisión de AP fue apoyar la candidatura presidencial de Moreno, pero colgándole a Glas como vicepresidente. Y así fue: en las elecciones de mayo, el binomio Moreno-Glas se impuso al banquero Guillermo Lasso. Y todos felices.

Correa anunciaba que seguía con su idea de irse a vivir a Bélgica, patria de su esposa, y probablemente tenía en mente su regreso triunfal años después; pero el mismo día de la posesión empezaron a brotar las divergencias. En su discurso, Moreno lanzó un mensaje de diálogo y conciliación, en especial hacia los sectores políticos que más sufrieron las embestidas de Correa en su decenio. Eso no le gustó.

De ahí en adelante todo han sido desencuentros, en especial por el supuesto arreglo entre el Gobierno y el movimiento del expresidente Abdalá Bucaram, quien para Correa representa la peor corruptela política, y por las sospechas de corrupción que agobian a Glas, que, como vicepresidente de Correa, habría recibido 14,1 millones de dólares de Odebrecht y, además, está respondiendo por un caso de irregularidades en el campo petrolero Singue.

Tales señalamientos han facilitado las cosas a Moreno, quien, ante ello y las críticas directas de Glas, lo despojó de sus funciones vicepresidenciales en un episodio en el cual Correa volvió a incendiar Twitter, como cuando el Presidente criticó su política económica y lo acusó de haberle dejado un país endeudado al extremo y de tomar medidas económicas que “no fueron debidamente mesuradas”.

A mayo de este año, la deuda de Ecuador supera los 42.000 millones de dólares, y Moreno anunció que necesitará unos 8.000 millones anuales para cubrir pagos de amortización, por lo que, dijo, se vio en la necesidad de poner a la venta uno de los aviones presidenciales y automóviles de lujo y reducir un 10 por ciento los sueldos de los altos funcionarios.

Ya hay en el hemisferio, incluida Colombia, varias guerras desatadas por Twitter entre mandatarios y exmandatarios, en un escenario que pone el debate político en los terrenos de la más lastimosa guerra sucia. Pero en Ecuador esto tiene un peligro adicional: la historia de inestabilidad que llevó al país al borde del precipicio, con siete presidentes en 10 años, y solo llegó a su fin precisamente con Correa. Que el expresidente no olvide esos días oscuros de la democracia ecuatoriana. Por ahora, la gobernabilidad ya está en riesgo.

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