Murió Borletti, el último gran mago de Macondo

Su nombre real era Máximo Alfredo Hernández Durán, pero tomó su nombre artístico de una marca de máquinas de coser. Foto: Carlos Capella / EL TIEMPO

Borletti fue uno de los personajes reales que García Márquez plasmó en ‘Cien años de soledad’.

 Por: Leonardo Herrera Delghams

El mago Borletti, una de las últimas leyendas vivientes de la magia del Caribe colombiano, a quien Gabriel García Márquez le reconoció su talento cuando afirmó: “Borletti es el mejor mago del mundo, lástima que nació en Riofrío”, murió este domingo a los 84 años de edad en una clínica de Montería.

Su nombre real era Máximo Alfredo Hernández Durán, pero era conocido como el ‘mago Borletti’, y también lo llamaban el ‘mago de Macondo’, justamente por provenir de una tierra llena de magia y encanto. Él y el legendario Rafael Escalona son los dos personajes reales que el nobel de Literatura incluyó en su obra ‘Cien años de soledad’.

“Es un mago de la estirpe de Melquíades”, sostuvo un periodista al relacionarlo con uno de los personajes de la máxima novela de Gabo. “Ante Borletti tiene uno el presentimiento de que lo sobrenatural existe”, contó el periodista Juan Gossaín en una crónica de 1980 en ‘El Heraldo’, cuyo recorte guardaba el mago en un álbum.

El mago Borletti era un hombre flaco, vivaz y divertido, que hablaba rápido y con una voz ronca.

Sus trucos fueron presentados en los más exclusivos hoteles, cruceros, casinos, clubes y fiestas sociales ante presidentes, políticos, empresarios, artistas y periodistas. Pero al igual que los mitos de Gabo o los cantos legendarios de un vallenato, también deslumbró a humildes campesinos en las fincas más apartadas y en los pueblos inhóspitos del Caribe colombiano.

Nació en Riofrío (Magdalena), a pocos kilómetros de Aracataca, la tierra de Gabo. No quiso ser capataz de una finca bananera, como lo fueron su padre, su abuelo y su tatarabuelo. Supo que lo suyo era la magia el día que por las calles de su pueblo vio a un mago llamado Foulert manejando un carro con los ojos vendados. Ese episodio fue como una revelación y de inmediato sintió que sus manos no estaban para trabajar con un machete, sino para encantar y maravillar al mundo con magia.

Un día, caminando por las calles de su pueblo, vio en una vitrina las máquinas de coser Borletti, le pareció sonoro y esa misma noche se presentó en un acto con el nombre de ‘Mago Borletti’.

Sobre él se tejieron historias como que inventó el agua de ‘maranguango’, brebaje que le enseñaron los nativos de la Sierra Nevada de Santa Marta para llamar el amor y volver a la gente idiota o loca. También dicen que por arte de su magia, con sus perfumes compuestos, casaba a las mujeres con el hombre que ellas quisieran, siempre y cuando pagaran bien.

Fue coronado como rey de magos en concursos de Colombia y Venezuela, recibió distinciones de mandatarios, fue declarado ciudadano ilustre en varias ciudades del país y se hizo amigo de personalidades de la política y el mundo del espectáculo.

Se acabó la magia

Los últimos años de Borletti no fueron fáciles, pese a que siempre fue un agradecido con la vida por haberle permitido ser mago y por premiarlo con cuatro hijos magos.

A los problemas de salud que arrastraba, sobre todo de tipo intestinal, como consecuencia de la edad, se sumó la trágica muerte violenta de uno de sus hijos en Cartagena, hace tres años. Desde ese día, quienes conocen a Borletti dicen que no fue el mismo. Tenía episodios de depresión y nervios alterados.

Una de sus hijas, Rocío Hernández, le dijo a EL TIEMPO que los restos de su padre serán trasladados a Ciénaga (Magdalena), donde este lunes recibirá cristiana sepultura en horas de la tarde, en medio de la gente que lo quiso y se maravilló con sus trucos.

LEONARDO HERRERA DELGHAMS
Redactor de EL TIEMPO

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