‘Ferguson no es una lechona, es mi mascota’

Ferguson, con un año de edad, mide 50 centímetros de largo y 25 de alto, y pesa 14 kilos. Foto: Cortesía Alexandra Hernández

Por: Tatiana Ortiz / Redacción EL TIEMPO ZONA

A Alexandra Hernández no la despiertan los ladridos ni lengüetazos de un perro. Muy a las 7 de la mañana, los gruñidos de su mascota, un cuadrúpedo con pezuñas, la levantan para avisarle que tiene hambre y que es hora de que le pique la fruta para el desayuno.

TOMADA DE:eltiempo.com

Desde hace cinco meses, la familia Hernández decidió cambiar el prototipo habitual de los colombianos que tienen un perro en su hogar y, a cambio, acogieron a un cerdo ‘micropig’ (es decir, de unos 40 centímetros de alto), que adquirieron el año pasado en la feria de mascotas Expopet, en Corferías, y lo denominaron ‘Ferguson’.

Desde entonces, los paseos por las calles del barrio Salitre, en el occidente de Bogotá, se convirtieron en una pasarela para Alexandra, pues cuando saca a su pequeño cerdo, la gente se asombra de verlo.

‘Un cerdito no muy valiente’

En los cinco meses que Ferguson lleva viviendo con la familia Hernández, además de causar sensación entre los ciudadanos cuando sale al parque, para Alexandra siguen siendo novedosos algunos comportamientos de este cerdo de un año de edad.

“Al principio son un poco rebeldes, pero luego, cuando identifican que tú eres su familia, obedecen y entienden perfectamente los comandos. Inicialmente yo no entendía lo que me quería decir con algunos sonidos, pero ahora, estoy segura de que ya entiendo cada cosa de él. Es muy gracioso, siempre hace cosas curiosas”, relata Alexandra en medio de sonrisas.

Entre las anécdotas que Hernández tiene para contar de su cerdo, está uno de los miedos de este pequeño cuadrúpedo.

“Le tiene pavor al secador. Cuando era más chiquito, casi que recién llegado a la casa, una vez mi hermana prendió el secador para cepillarse el cabello y, en ese momento, como alma que lleva el viento, Ferguson salió corriendo a esconderse debajo de mi cama… Hace poco, prendimos el secador y emprendió la huida y se metió debajo de la cama, aún no entendemos cómo lo hizo, porque él ahora está muy grande y no cabe, pero resultó ahí metido. Para sacarlo, por poco nos toca desarmar la cama, fue muy chistoso”, contó Alexandra.

Para la familia de Alexandra, la ocurrencia de esta joven de 23 años de querer tener un cerdo en su familia ha resultado beneficioso para todos. “Es muy bonito todo, porque a pesar de que inicialmente iba a ser solo mío, toda la familia se une por él y trabajamos juntos por él. Mi mamá le hace la comida, mi papá lo consiente, mi hermana también… todos lo queremos y es de todos”.

La ‘rentica’ de tener un puerquito

A diferencia de un perro, mantener a un cerdo en la casa puede resultar algo costoso, especialmente su alimentación, pues son animales que requieren comer tres veces al día y cuya dieta está basada en frutas y vegetales.

“Entre más pequeños, más costosos. Fergurson, por ejemplo, costó $ 2’300.000. La renta de tener un cerdo depende, para el caso de mi mascota, como es blanco, tiende a ser como albino, por lo que es muy delicado de la piel, entonces si tú lo asoleas mucho se te quema. Me dijeron que le podía aplicar bloqueador. En la comida, una vez por semana come concentrado de caballo que no sale nada caro, porque tú lo compras, son 40 kilos, vale 40.000 pesos y te dura todo el año. Lo realmente caro son las frutas y verduras, porque él come tres veces al día, y esa es su dieta”, sostuvo.
Pero además de la alimentación, para Hernández, los cerdos demandan de mucho tiempo. “Son animales muy consentidos, les gusta que tú estés ahí, cogiéndolo y acariciándolo. Además, pues son animales como de granja, y por eso, yo no lo puedo tener encerrado en mi casa todo el tiempo porque no es justo, entonces yo lo saco dos veces al día, y cada paseo es de una hora o más”, indicó.

Por otro lado, Hernández también explica que otro gasto que requiere un cerdo doméstico es la tierra para los orines. “Los marranos son un poco como los gatos. Ferguson, digamos, casi todo el tiempo hace ‘chichí’ porque los riñones de él no son como los de los perros que pueden aguantar, por lo que yo le tengo una caja de arena. Entonces, compre la arena, es una especial que debido a su uso se acaba muy rápido. Eso, obviamente, genera mucho gasto”.

Hernández nunca tuvo un perro, pero con las experiencias de sus amigas que sí lo tienen, le ha dado para asegurar que “jamás se podría comparar con tener un marrano. Son animales muy limpios, inteligentes, afectuosos y no son peleoneros”.

Por ahora, mientras Ferguson recorre las calles del barrio Salitre, hozando la tierra hasta encontrar lombrices, Alexandra disfruta cada momento con este ‘micropig’ que, de acuerdo con expertos, por la calidad de vida que le ofrece la ciudad, llegaría a vivir hasta los 9 años.

Compartir: