Silva y Villalba, eternos contra viento y marea desde hace 50 años

En 2014, Rodrigo Silva y Álvaro Villalba se presentaron en un concierto de despedida en Bogotá. Foto: Ana María García

Rodrigo y Álvaro se convirtieron en el dueto emblema de la música colombiana en la zona andina.

Por: Francisco Celis Albán.

Esas vainas raras de la condición humana. Este par de señores, don Rodrigo Silva y don Álvaro Villalba, monumentos vivientes de la música colombiana del interior, han sobrevivido a todas las adversidades, toda clase de peripecias vitales y quebrantos de salud, como ya veremos, para seguir siendo hoy los reyes en un territorio cuyos príncipes eran también dos, Darío Garzón y Eduardo Collazos, porque llegan a los 50 años juntos sin que sepan ni siquiera ellos mismos cómo han logrado semejante proeza.

Todo por esta música interiorana: bambucos, pasillos, rajaleñas, danzas…

Por una música que ya hace más de 30 años el comercio disquero se confabuló para sacar del mercado y conseguir que fuera vista como de museo, pero que sigue viva y campante en el corazón, pero sobre todo en los oídos y en la memoria de millones de colombianos de sucesivas generaciones.

Hoy juegas la ruleta
y en sus vueltas locas
ganas oropel…

Se despidieron hace unos años de los escenarios, para un retiro discreto, oportuno por sus circunstancias de salud, pero no ha sido posible. Organizadores de festivales folclóricos y empresarios los llaman con frecuencia para rendirles homenajes o para convidarlos a actuar nuevamente.

Algunas veces pueden asistir. Por ejemplo mañana en la noche, en el teatro Jorge Eliécer Gaitán, de Bogotá, donde serán los protagonistas de un homenaje a las madres, al lado de La Gran Rondalla Colombiana, una agrupación que se empeña en darles renovado brillo a los aires del interior y a melodías de las distintas regiones del país (ver recuadro).

¿Cuál es el secreto de haber podido durar medio siglo juntos?, le pregunto a Silva.
–Viéndonos muy poco.

Y ríe. Casi no hay en una entrevista un tema que no lo convierta en risa.

Rodrigo desde 1999 conoció el lado amargo de la vida. Con el indoblegable sentido del humor que le caracteriza, él mismo subtituló un capítulo de su libro autobiográfico dedicado al tema como El hombre de la mancha.

Fue por una foto que alguien le mostró, en la que aparecía en una tarima cantando con ¡una mancha negra que se veía en su paladar!



Parecía una sombra producida por efecto de la fotografía, pero Carolina, la esposa de Rodrigo, incrédula, le pidió abrir la boca y ahí estaba.

Era cáncer. “Muchos periodistas han dicho que tengo cáncer en la garganta, eso no es verdad”, dice.

Lo que ha venido sucediendo desde entonces ha sido relatado por los medios de comunicación una y mil veces. Las intervenciones, tratamientos, cuidados, sentidos homenajes y despedidas ya van para veinte años.

–Un médico me diagnosticó que toda mi cara desaparecería a causa del cáncer.

No vuelvas a decir jamás
que has triunfado en la vida
en cosas de fortuna y cosas del amor…

***

Los responsables de que los colombianos aún podamos gozar de la voz histórica de Rodrigo Silva, y de su increíble ejemplo de vitalidad, es el doctor José Antonio Hakim y el equipo de médicos de la Fundación Santa Fe, de Bogotá.

Le extirparon la mancha en una operación de ocho horas. Estuvo hospitalizado apenas tres días. Salió en silla de ruedas, pero se repuso, volvió a cantar, retornaron los contratos, las los conciertos, la vida diaria. Ese fue el año de 1999.

En el 2000, mientras veía televisión su hija María Carolina, de cinco años, murió al caerle encima, accidentalmente, un pesado televisor.

Cuenta que la última operación, porque la mancha le reapareció en el 2004, les tomó a los médicos 23 horas de duros esfuerzos.

“No queda más que rezar”, les dijeron a sus allegados. Duró seis días dormido, en cuidados intensivos pero salió.

Y pudo volver a cantar.

***

“A ver maestro, échenos un cuento, que estamos como muy serios”, le dice el fotógrafo Luis Alejandro Zárate, en busca de su mejor ángulo. La periodista Martha Ordóñez, promotora del concierto de mañana, le pone una cascarita:

“Sí, maestro, el cuento que siempre me echa.
Rodrigo: “Me da pena aquí con ellos”.
El fotógrafo: “Tranquilo que nosotros no estamos oyendo”.
Rodrigo: “Eso queda entre nosotros dos”.

Hace gala de ese doble sentido tan típico del habla regional de Colombia.
Maestro, ¿qué recuerda usted de la Orquídea de Plata Philips?, le pregunto, en referencia al concurso musical de La Hora Philips, programa de la emisora Nuevo Mundo, básica de Caracol, en Bogotá. La televisión aún no lograba darle la pelea a la radio, y los espectáculos en vivo, en los radioteatros, cautivaban en las noches a miles de colombianos.

–Me acuerdo de la ‘tumbada’ que nos pegaron. Cuando llegamos a un hotel que queda ahí en la calle 19, en Bogotá, nos llamó el gerente de la Philips y nos dijo: “No vayan a entregar el hotel hoy porque ustedes van para la gran final. Ustedes son los ganadores. El presidente de la Philips, un holandés, y la señora, los tienen invitados a comer en su casa, con Los Caracoles de Oro, que era un cuarteto (Eduardo Cabas y otros)”. Nos dijo que nosotros íbamos a ganar y Los Caracoles quedaban de segundos. “Pero que ellos no vayan a saber de esto”, pidió. Nosotros felices. Ese día Villalba llamó a El Espinal y pidió que nos mandaran la banda. Llegaron a la una de la mañana y pusimos a los músicos a tocar calle arriba y calle abajo por la avenida 19. Al otro día en primera página: ‘Finalistas esta noche Los Caracoles de Oro y Los Brillantes de Bucaramanga’. Y empezó ese teléfono a sonar.

¿Un error?

La protesta comenzó por los propios periodistas, que daban por sentado que el dueto tolimense era el ganador. El público también, puesto que los bumangueses, incluso, habían sido ya eliminados del concurso.

Historia patria. El fallo nunca cambió. Silva y Villalba tenían ángel e inobjetable calidad musical; por eso su fracaso se convirtió en su gran lanzamiento.

Otro de los tantos ángeles que han tenido fue el compositor Jorge Villamil, quien simpatizó de inmediato con los dos jóvenes intérpretes, y comenzó a darles sus creaciones, que habitualmente les entregaba a los ya consagrados Garzón y Collazos.
Silva y Villalba eran tan discretos en su carrera musical que estuvieron a punto de no participar en la Orquídea de Plata y lo hicieron por la insistencia de Luis H. Rivas Rojas, gerente de La Voz del Centro, emisora de El Espinal.

Rodrigo, nacido en Neiva, se conoció con Álvaro Villalba, de El Espinal, por azar, mientras tocaban, cada uno por aparte, para grupos de amigos en la heladería El Dorado de esa ciudad tolimense.

Villalba le lleva 13 años a su socio. Tiene 85. Era el vástago de una familia de arroceros, que había estudiado unos semestres de veterinaria en la Universidad Nacional cuando se conoció con Rodrigo, para el San Pedro de 1966. Cuando le propusieron concursar por la Orquídea de Plata dijo que él no tenía tiempo “para eso”. Hace unos años sufrió una isquemia cerebral que lo dejó muy limitado en su movimiento.

Silva proviene de una familia de músicos. Aprendió un poco de acordeón y de guitarra primero, antes de dedicarse al tiple, su instrumento en el dueto. Él es la primera voz. Su sueño era cantar vallenatos y rancheras. En algún momento de la vida Silva escuchó a Garzón y Collazos y desde entonces quiso ser como ellos.
El día que se conocieron lo primero que cantó Rodrigo fue El aventurero, de Paco Michel, que hizo famosa Antonio Aguilar.

Yo soy el aventurero / el mundo me importa poco / cuando una mujer me gusta / me gusta a pesar de todo.

Ese era su apodo, el ‘Aventurero’.

Me gustan las altas y las chaparritas / las flacas, las gordas y las chiquititas / solteras y viudas y divorciaditas / me encantan las chatas de caras bonitas…

No en vano. Se sabe que ha tenido muchas esposas. No dice el número para no, de pronto, dejar a alguna por fuera.

–Todas son amigas mías –dice–. El domingo (antepasado) voy a Bogotá y llego a donde una señora. Pero he quedado viudo varias veces.

¿Tiene hijos con todas?

No. Tengo cinco hijos. A donde voy a llegar sí. Dos.

¿Y cuántas novias? Porque noviero sí fue, le pregunta Martha Ordóñez.
–Pero rico, conseguir novias es rico. A mí me fascinaba era gallinacear. A las fiestas llegaba solo y salía acompañado. Porque llegar acompañado y salir solo sí es muy triste. Ayayayayay, canta y no llores porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones.

Le pregunto cómo mantiene esa actitud tan erguida ante la enfermedad.
–Pues las ganas de seguir viviendo.

La noche de las mamás

El dueto Silva y Villalba se ha presentado al lado de grandes figuras de la música latinoamericana como María Dolores Pradera, Javier Solís, Carlos Julio Ramírez, Berenice Chávez, Daniel Santos, Yaco Monti, Los Visconti, Los Trovadores del Cuyo y Alicia Juárez.

Con Silva y Villalba estará:

La Gran Rondalla Colombiana, agrupación conformada por 14 músicos y vocalistas de primera línea, que cumple 6 años con un repertorio de música colombiana y boleros, bajo la dirección del maestro Jorge Zapata.

Fecha: mayo 20
Lugar: teatro Jorge Eliécer Gaitán
Hora: 8 p. m.

FRANCISCO CELIS ALBÁN
Editor EL TIEMPO

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