La tragedia enluta al vallenato


CLAUDIA ARANGO HOLGUÍN

Martín Elías era grande cuando apenas podía sostenerse en pie. Ese fue el destino que su padre, Diomedes Díaz, decidió. Tenía tres años cuando el ídolo del pueblo lo mencionó en Mi primera cana: “Me diste a una mujer que ha sido como la madre mía, de Luis Ángel, de Santos Rafael, de Diomedes y el gran Martín Elías”. Así creció el menor de la familia Díaz Acosta.

TOMADA DE:elcolombiano.com

“Le dejó una carga que él asumió, no tenía otro destino, ya el papá se lo había fijado”, así lo interpreta Marina Quintero, conocedora de la cultura vallenata y profesora de la Universidad de Antioquia. A lo que Abel Medina, investigador cultural añade, “fue algo profético por la manera en que Diomedes decía cno

on tanta seguridad ‘el gran Martín Elías’, daba a entender que estaba para cosas grandes”.

La carrera de esta joven promesa del vallenato se vio truncada ayer en la mañana cuando la camioneta en la que viajaba en la transversal del Caribe se accidentó. Fueron varias horas de angustia en las que amigos y familiares alcanzaron a pedir donaciones de sangre O positivo en la Clínica Santa María de Sincelejo. No alcanzó el tiempo.

Dos meses antes de cumplir los 27 años murió. Se fue otro artista vallenato, el muchacho que había asumido de la mejor manera el legado de su padre y quien intentaba hacer carrera por cuenta propia. “Le tocaba asumir su identidad. No existe quien pueda reemplazar a Diomedes, por eso tenía un trabajo difícil pero se podía lograr, así como lo hicieron Vicente Fernández y su hijo Alejandro, cada uno con su estilo, con sus seguidores”, señala Quintero.

Las tragedias

La carretera, esa que ha visto morir a otras figuras del género como Kaleth Morales, Patricia Teherán y Jesús Manuel Estrada de Los Diablitos, también fue protagonista del deceso de otro hijo del vallenato. “¿Es acaso un sino? Son muchas muertes trágicas de gente joven que ha vivido el género. De cada pérdida hay una historia que contar, accidentes, asesinatos -anota Quintero- como si ya la vida no fuera suficiente para dar cuenta de la grandeza, llegamos hasta los límites de la muerte. Son temas para reflexionar”.

Medina explica que Elías tenía muchas solicitudes de conciertos. Estaba en un muy buen momento y acababa de grabar el que califica, “su mejor disco”, Homenaje a Los Grandes Vol. 2.

Tenía varias presentaciones en un día, “ese tipo de cosas son las que traen la desgracia a nuestros intérpretes. Igual pasó con Kaleth, nuestros músicos tienen dos y tres shows en una noche. Terminan en uno y se van para el otro. Martín Elías ya iba para Santa Marta. Así es la vida de nuestros músicos, viajando por carretera, por no rechazar compromisos, ese es el desdichado destino”.

Aunque debía construir su legado sin pensar en sustituir a su padre, tenía mucho de él. Cuenta Medina que su energía en la tarima era admirable y que su vitalidad y puesta en escena lo empezaba a catapultar como una figura juvenil de este ritmo colombiano, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. “Es un golpe muy duro para el público joven vallenato”.

Al buen momento se sumaba la maravillosa relación con su acordeonero Rolando Ochoa. “Era un conjunto muy solido, ambos con mucho éxito”, según Medina.

Valledupar se paraliza y llora hoy la muerte de otro representante del género. “Murió el hijo de la persona más idolatrada en la historia del municipio, imagínese como está eso”, anota Medina quien está seguro de que allí se lamentarán.

Seguro escucharán su música, una y otra vez, brindarán en su memoria y recordarán a otros grandes que se han ido de manera fatal: Freddy Molina, Juancho Rois y Rafael Orozco. Y para rematar sonará todo el día la canción que cantó en el último trabajo de Diomedes, Ni amigos ni novios. Será un duelo colectivo.

 

 

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