El currículum que exigían las Farc para ingresar a sus filas

Este es el formato de hojas de vida que utilizaban las Farc. Se determinaba una serie de campos que las personas interesadas en entrar a sus filas debían llenar. / Fiscalía

Al margen del reclutamiento forzado, suficientemente documentado ya por la justicia en medio siglo de guerra, el nivel de organización que tenían las Farc llegó a tal punto que quienes aspiraban a ingresar a sus filas debían someterse a exámenes médicos y mentales, llenar un extenso formato de hoja de vida.

TOMADA DE:elespectador.com

—¡como si fueran a aplicar al trabajo de sus vidas!—, describir qué los motivaba a levantarse en armas y hasta tener quién los recomendara. El Espectador conoció un extenso reporte de la Dirección de Análisis y Contexto de la Fiscalía, en donde se reseñan las normas de reclutamiento, las instrucciones para la admisión y el diligenciamiento de la hoja de vida para aplicar al mundo subversivo.

El reporte, que será el soporte de las investigaciones que adelante el Tribunal Especial para la Paz, señala que la dirección de la columna Jacobo Arenas, por ejemplo, hace 23 recomendaciones para el reclutamiento de hombres, mujeres y menores en su área de influencia. Entre estas figuran quién recomienda al futuro insurgente, su nombre y documento de identidad, que sean solteros y sin hijos, con un “estado físico, mental y moral sanos”, consignar a qué partido político pertenece, los nombres de sus padres y hermanos y hasta abuelos, describir qué regiones de Colombia conoce, si ha estado detenido y por qué, si padece enfermedades hereditarias o mentales y si tiene familiares en la Fuerza Pública, los paramilitares o la guerrilla.

Con una salvedad expresa: “No reclutar ladrones, viciosos, violadores, pandilleros, enfermos ni lesbianas, prostitutas o gais”. Los tatuajes, según este manual y formato de hoja de vida, tampoco están bien vistos y los aspirantes, además, deben resolver preguntas sobre su pasado para evitar infiltrados en la guerrilla. “Para reafirmar las condiciones sobre la importancia que tiene el diligenciamiento de las hojas de vida, vale la pena indicar que este proceso se convierte en un mecanismo para el control del personal”, dice el informe de la Fiscalía y explica, además, que las Farc definieron en el año 2000 que cada bloque guerrillero debía conformar “un equipo de camaradas”, bajo la dirección del jefe de personal, “para la elaboración y sistematización de las hojas de vida”.

Tal como puede verse en los documentos obtenidos por este diario, el formato de hoja de vida tenía ítems muy precisos que debían ser llenados. Por ejemplo, un código de seis cifras “para citar al combatiente de ahí en adelante”. Un código único e intransferible. También se debía registrar a qué bloque iba a pertenecer, a qué frente o unidad guerrillera y cuál sería su seudónimo o alias asignado por la organización. Seguidamente, el comité de ingreso debía consignar los nombres completos del “nuevo” insurgente, su fecha de nacimiento y su “posición política frente a la guerrilla”. Asimismo, precisar en detalle si tenía familiares en las Fuerzas Armadas o en la guerrilla y, en caso afirmativo, especificar en qué región vivían, su cercanía y con quién convivían.

No es todo. Las perlas de la hoja de vida siguen a continuación. Por ejemplo, quien resultaba aceptado debía “declarar” sus bienes al ingresar —dinero, propiedades y orígenes de los mismos—; también si tenía hijos, sus nombres, dirección de residencia y bajo el cuidado de quién quedarían. Asimismo, el “nuevo” guerrillero reportaba en su hoja de vida si había visitado otros países, por qué motivos, en qué regiones de Colombia “ha desarrollado su vida civil”, si ha tenido antecedentes de enfermedades que puedan afectar su “estadía en la organización”, si ha militado en otros grupos ilegales, si tiene antecedentes penales y cuáles han sido sus vicios —describiéndolos, ¡claro!, y confesando si estuvo en rehabilitación—.

En esa primera descripción del recién llegado a la insurgencia también tenían que escribir quién había elaborado la hoja de vida y el nombre del reclutador, y especificar el día, mes, año y lugar de la “iniciación” —detallando la vereda o el municipio—. Por lo que puede leerse, la hoja de vida iba actualizándose en la medida en que los guerrilleros reportaban sus acciones. Entonces se relataba lo que había hecho, si fue en calidad de combatiente o miliciano y el valor para las Farc. Además, si había resultado preso, si fue condenado, si recibió el tratamiento jurídico adecuado, en qué sitio de reclusión estuvo, si sufrió heridas graves en combates –en tal caso se incluía el nombre de su enfermero y una especie de historia clínica–.

Los comandantes guerrilleros consignaban allí su evaluación sobre el desempeño “laboral” del insurgente, sus aspectos positivos y negativos, las sanciones impuestas, los llamados de atención o los eventuales consejos de guerra a los que hubiere sido citado por graves faltas al reglamento de las Farc. El nivel de precisión llegaba a extremos tales que en esas hojas de vida se escribía si el subversivo tenía hijos en la guerrilla y con quién, cuáles cursos político-militares había tenido en su vida, cuál había sido su especialidad en la guerra —explosivista, radista, enfermero—, su nivel académico, cargos desempeñados desde que ingresó y todas las misiones que cumplió como guerrillero. Un compendio preciso —qué duda queda— de cada hombre en armas.

A los investigadores de la Fiscalía les ha llamado poderosamente la atención la organización de las Farc. Todo tenía un manual, todo estaba escrito, todo se hacía cumpliendo órdenes precisas. De hecho, tenían instrucciones para el ingreso: los “nuevos” debían leer todos sus estatutos, régimen disciplinario y normas internas, aprender “la rancha”, es decir, normas de aseo y preparación de alimentos, manejar armas de fuego de corto y largo alcance, leer todo cuanto pudieran de marxismo y leninismo, memorizar los planes estratégicos de la organización y el programa agrario de los insurgentes. Uno de los guerrilleros consultados por la Fiscalía contó que en la charla de ingreso de los reclutados debían hacerles creer que en la guerrilla no se sufría y garantizar que tuvieran como mínimo dos años de presencia en la región.

Queda claro que en las Farc poco se dejaba al azar. Al contrario, todo se escribía y sistematizaba. Este formato de hoja de vida, hallado en varios computadores de jefes insurgentes, revela en últimas el nivel de organización de este grupo ilegal. “Sin ésta habría sido imposible que durara 50 años en armas”, le dijo a El Espectador una persona que ha estudiado a las Farc desde hace décadas. La Fiscalía deberá enviar al Tribunal para la Paz estos hallazgos, para que sus magistrados valoren las verdades y reparaciones que entregarán los casi 6.000 guerrilleros que según Timochenko están en armas. Claro, cuando empiece la implementación de los acuerdos.

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