“FRAGMENTOS DE AMOR”: sexo, erotismo y obsesión

José Ángel Bichir y Angélica Blandón protagonizan la cinta “Fragmentos de amor”. / Cortesía

La cinta está basada en la novela “Fragmentos de amor furtivo”, del escritor Héctor Abad Faciolince, y se acaba de estrenar en el marco del Festival de Cine de Santander.

TOMADA DE:elespectador.com

En muchas ocasiones, cuando una novela es adaptada pierde su esencia, su encanto, o no cumple con las expectativas. En el caso de Fragmentos de amor es distinto. “Tratamos de ser lo más fieles a la atmósfera, a los personajes y, en sí, a la esencia”, me dice la actriz colombiana Angélica Blandón, (reconocida por sus actuaciones en Paraíso Travel y Las muñecas de la mafia, quien protagoniza junto con el mexicano José Ángel Bichir, sobrino del nominado al Óscar Demián Bichir, una historia que a través del sexo, los celos, las obsesiones y las pasiones conduce al espectador a un viaje en el que logra sentirse identificado, debido a que la cinta refleja el amor que muchos hemos vivido, el que está lleno de celos, de obsesiones, de infidelidades, de inseguridades. Es una historia que a muchos nos ha pasado, de un amor que no podemos dejar.

Los derechos de Fragmentos de amor furtivo (1998), novela de Héctor Abad Faciolince, fueron comprados en 2007 por Laura Duque (productora) de One Film. Fragmentos de amor es la primera coproducción entre Puerto Rico y Colombia. Estuvo dirigida por el uruguayo de nacionalidad española Fernando Vallejo, un cineasta apasionado por las culturas y los idiomas. Vallejo también fue el coguionista, junto a Lina María Arboleda (Colombia), Pablo Proenza (Estados Unidos) y Laura Duque (Colombia).

En el elenco hay actores nacionales e internacionales, como Angélica Aragón (México), una de las más reconocidas artistas de cine y televisión de América Latina; Alfredo Quesada (Puerto Rico), José Robayo (Colombia), Álvaro Benet (español), Carlos Serrato (Colombia), Luis Felipe Cortés (Colombia) y Mauro Mauad (Argentina), entre otros. Asimismo cuenta con la aparición especial de Teresita Gómez (pianista), a quien en el año 2005 el gobierno colombiano le otorgó la Cruz de la Orden de Boyacá por su aporte a la cultura musical y la representación honorable de Colombia en el exterior, y Fernando Montaño, primer bailarín colombiano de la Royal Opera House de Londres.

La cinta es una historia de amor en la que Rodrigo Borrero (Bichir) es un afinador de pianos que en el pasado fue un gran compositor pero que ha perdido su motivación. Es un hombre desconfiado, inseguro, preocupado y con miedo a sentirse traicionado. Se enamora de Susana Mejía (Angélica Blandón), una mujer que siente y vive la libertad, es profesora de natación y escultora, atractiva y sensual, aunque guarda un oscuro secreto.

Son personajes terrenales, de carne y hueso, que reflejan los sentimientos, las pasiones, los deseos, los miedos, las venganzas y las angustias propias de los humanos. Con letras, música, erotismo y comida, Susana Mejía le cuenta a Rodrigo Borrero una anécdota de sus múltiples amantes. La adaptación da pie para que, al igual que Borrero, el público realice sus propias interpretaciones de la historia y las anécdotas que giran alrededor.

“Yo quería ser Susana con todo mi corazón. Me parece que es una mujer valiente, empoderada de su feminidad, que le gusta su feminidad. Creo que la disfruté mucho”, cuenta Blandón. Por otro lado está Bichir, un actor versátil que logra expresar los sentimientos y pasar por los distintos estados de ánimo de un músico bastante sensorial, un hombre sin motivaciones que, a causa de la desesperanza, vuelve a componer y termina autodestruyéndose.

Rodrigo Borrero sabe que escuchar las historias de Susana Mejía no le hacen bien, porque lo llevan al borde de la paranoia, a sentir celos obsesivos y desasosiego al creer que puede convertirse en un amante más de esas historias. A diferencia de él, ella adora contarle las historias, tanto así que en un momento llega a sentir que ha encontrado el amor definitivo, hasta que por las inseguridades de su amado empieza a dudar y confirma su teoría de que todo se termina. Con la adaptación se puede ver el inicio, el clímax y el fatal desenlace de un romance que acaba debido a la desesperanza, la venganza y la traición.

En cuanto a lo político, la película remarca, a grandes rasgos y desde la mirada de una pareja que sabe del conflicto pero no lo vive, los hechos violentos que ocurrieron en la década de los 90 en Colombia. Como dice Blandón, “el cine retrata mucho de lo que somos”, y la película permite ver cómo vivía una pareja de clase media que mediante su intimidad se alejaba del desorden público en las calles.

La película, ambientada en Bogotá, juega con los planos panorámicos para mostrar la ciudad y el día, la noche, el tedio y el atardecer; planos generales, para mostrar el desorden y el caos público; primeros planos que reflejan los sentimientos y expresiones de sus personajes, y planos de detalle, que mediante lo visual muestran el placer que sienten. El color es fundamental, debido a que permite que cada anécdota tenga su textura y su atmósfera. Sus escenas de exteriores fueron grabadas en Bogotá y las de interiores en Puerto Rico.

La narración es continua, muy descriptiva, por momentos vertiginosa, y está matizada por numerosos flashbacks, necesarios para comprender la historia, que mantiene al espectador durante 100 minutos conectado y concentrado con una historia de amor de la que se siente cómplice.

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