Carga larga y romántica: el hombre que vende flores gigantes de papel

Mauricio Lozano va en bicicleta repartiendo rosas y girasoles de casi dos metros por Bogotá.

Usted es una deudora amorosa y vengo a cobrar abrazos, besos y citas”, dice Mauricio Lozano con tono serio e impávido, y entonces, extiende una sonrisa mientras entrega una flor de papel de casi dos metros de altura.

TOMADA DE:eltiempo.com

Por estos días, la agenda profesional de este bogotano de 41 años está casi colapsada. Y no es para menos. Amor y amistad representa la mejor fecha del año para Lozano, un verdadero ‘cupido’ que inició el proyecto de ‘Flores Gigantes’ hace 19 años cuando quiso conquistar a la mujer de sus sueños.“Yo quise hacerle un regalo a alguien y quería que fuera especial. Al principio compré una flor natural pero no estuve conforme y me dije ¿por qué no una flor gigante? entonces hice una imitación de la que tenía con un palo de escoba y un montón de papel”, relata.

Hoy, la empresa está conformada por diez personas que se reparten las labores operativas, administrativas y comerciales. El medio de transporte para las emotivas entregas: una bicicleta. “Es un guerrero”, reconoce Francisco Sánchez, uno de sus compañeros, al referirse al jefe del colorido negocio.

El cliente es el que manda

Lirios, cartuchos, rosas, girasoles, orquídeas, en fin. Usted solo debe indicar cuál es la flor que más le gusta. O la que le gusta a su pareja. De varios tamaños y colores, estos particulares regalos se elaboran en una auténtica línea de ensamblaje. Las fases de producción incluyen, por ejemplo, la preparación del papel, la elaboración del tallo, el arreglo del capullo y la ‘armada’ final.

Por ejemplo, la flor más grande, que mide aproximadamente 190 cm de altura y cuya elaboración tarda hasta medio día, cuesta alrededor de 120.000 pesos puesta en las manos del destinatario. Pero tranquilo, también pueden pedirse más pequeñas desde 65.000 pesos.

Ahora bien, si lo que usted quiere es una experiencia aún más innovadora,puede solicitar servicios adicionales que van desde serenatas con el ‘Bon Jovi’ colombiano hasta actuaciones con disfraces de personajes del siglo XVII. También puede irse por lo más tradicional y anexar un par de cupcakes, chocolates o desayunos para la romántica entrega.

Con un negocio singular, vienen solicitudes singulares. Y Mauricio lo tiene claro, por eso recuerda muy bien los casos, algunos de hace más de 15 años, en los que llevó a cabo pedidos ‘hechos a la medida’.

“Una vez participé en una pedida de mano, y luego el mismo muchacho me pidió que decorara su boda. En otra ocasión decoramos un apartamento con el tema de Andrés Carne de Res, también para una pedida de mano, pues la pareja se había conocido en el restaurante. Participamos también en reconquistas, nos subimos a los buses, hacemos de todo”, revela Lozano, quien está a punto de terminar sus estudios en Publicidad.

Larga vida para el romanticismo

No es un secreto que los hombres cada vez regalan menos flores, pero en el caso de las hechas de papel, Mauricio está convencido de que su negocio definitivamente “va para largo”. Según el bogotano, quien trabaja hasta 12 horas al día, la innovación mantiene la llama viva.

“Que el servicio se haga en bicicleta y con estilo bohemio ayuda mucho”, relata convencido el veterano florista, quien sigue prometiendo nuevos proyectos novedosos. Mientras tanto, él y su equipo seguirán pedaleando contra trancones y lluvias en las aturdidas calles bogotanas. Eso sí, con más de cuatro kilos de amor a bordo.

ANDREA MORANTE
ELTIEMPO.COM

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