Revive el Hospital San Juan de Dios, pero cambian los planes

Con una estrategia diferente a la que dejó estructurada el gobierno Petro, la administración Peñalosa abrirá la semana entrante los primeros servicios en el emblemático hospital.

Una seguidilla de 18 consultorios. Una sala de espera con 76 sillas metálicas. Farmacia. Zona de enfermería. Baños, claro está.

TOMADA DE:elespectador.com

En el edificio central, uno de los 24 que integran el antiguo Hospital San Juan de Dios, comenzará a revivir, después de 15 años de cierre, ese emblemático centro asistencial, testigo de la evolución de la medicina en Colombia. Más allá de la confrontación política entre esta y la anterior alcaldía, hay que decir que Gustavo Petro, en cuya administración se compró, allanó el camino para la reapertura, mientras que Enrique Peñalosa, que siempre se mostró reacio a seguir con en ese proyecto, terminó haciéndolo a regañadientes y será el encargado de cortar la cinta. Eso sí: actuará a su modo.

La historia es conocida: en diciembre pasado, próximo a terminar su mandato, Petro decidió la compra del Hospital a la Gobernación de Cundinamarca, por $156.000 millones, y firmó contratos por $6.700 millones para adecuar una sala de urgencias. Se posesionó Peñalosa y Luis Gonzalo Morales, secretario de Salud, consideró inviable ese objetivo. Incluso no consideró la reapertura como una prioridad. Pero Petro los había dejado amarrados. Decidieron, entonces, suspender las obras para urgencias y modificar los contratos con el fin de adecuar las inversiones a su modelo de salud. Por eso, la resurrección del San Juan comenzará con la entrada en operación de dos centros de atención prioritaria en salud (CAPS), estrategia con la que esta administración pretende descongestionar las urgencias de los hospitales públicos de Bogotá.

Un CAPS dependerá del Hospital Santa Clara, ubicado a pocas cuadras del San Juan. Además de atender urgencias no vitales (citas prioritarias) de lunes a domingo, entre 6:00 a.m. y 9:00 p.m., prestará servicios en 16 especialidades, como cardiología, neurocirugía, medicina interna y oftalmología. El otro CAPS, ubicado en el semisótano del edificio central, estará a cargo del Instituto Nacional de Cancerología, “donde se atenderán pacientes con dolencias transitorias que no requieren hospitalización”, informó la Secretaría de Salud.

Emociones

Martha Lucía González, auxiliar de enfermería graduada en 1990, que hizo sus prácticas en el San Juan de Dios, se paseó ayer por los pasillos blancos, adecuados para el retorno de los pacientes. Ataviada con su uniforme, se metió a los consultorios, subió y bajó escaleras, recordando su paso por el hospital. “Atendíamos a los heridos por peleas en La Modelo. Llegaban sin brazos, sin orejas. También nos tocaban los accidentes de tránsito, pacientes con traumas que llegaban de todos lados”.

Terminó y se fue a trabajar al frente, en el Instituto Materno Infantil (IMI), desde donde vio el declive del centro asistencial que le enseñó a lidiar con la sangre. Desde allá también contempló las dificultades que afrontaron los colegas que perdieron su trabajo tras el cierre del San Juan, en 2001, algunos de los cuales se quedaron a vivir en los edificios abandonados, como protesta y a la espera de sus indemnizaciones.

Blanca Flor Rivera fue una de ellas. Hasta el año pasado El Espectador la encontró adentro, pero ayer, al llamarla, contestó que abandonó el lugar en diciembre. “Tuve que salir porque me detectaron inicios de tifo”, contó. Ella ha desconfiado tanto de los proyectos de reapertura que anunció Petro como de los de Peñalosa. Su principal preocupación, además, es que le reconozcan derechos laborales que, según el liquidador del caso, ya son cuentas saldadas. Lo cierto es que los ocupantes han ido saliendo paulatinamente, no solo aquejados por sus dolencias, sino también esperanzados en promesas de vivienda que vienen desde el gobierno anterior.

Lo que sigue para el San Juan, una vez la Alcaldía ponga a operar los CAPS la semana entrante, son proyectos a los que aún les falta mucho para tomar forma: sacar un espacio en el medio para construir las nuevas sedes del Hospital Santa Clara y del IMI. Los edificios que queden, a los lados, se los piensan entregar a privados para que los exploten en actividades de salud a cambio de recuperarlos patrimonialmente, dice el secretario de Salud.

Está por verse cómo sorteará la administración Peñalosa, con restricciones también heredadas del anterior gobierno. La principal es el Plan Especial de Manejo y Protección para los 24 edificios y su zona de influencia. Se trata de un documento, ya avalado por el Ministerio de Cultura, estructurado por la alcaldía de Petro y la Universidad Nacional con el fin de definir qué hacer para recuperar y poner a operar de nuevo el centro asistencial.

El secretario de Salud declara que, aunque aceptan ese plan como una norma, tienen discrecionalidad para actuar en algunos sectores. Pero es claro que, como siempre lo ha dicho, no están dispuestos a invertir los $729.000 millones que cuesta la aplicación cabal de ese plan.

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